Cómo acceder a la deep web de la forma más sencilla (y salir sin un rasguño)

Deep Web

La Deep Web siempre ha sido asociada a temas peliagudos y, sobre todo, ilegales. Pero en primer lugar hay que marcar una pauta: una cosa es Deep Web y otra bien distinta Dark Web.

La cacareada frase «aquí se esconde el 90% de Internet» invita a literatura de ficción.

Y sí, hay montones de webs dedicadas a aliens, conspiraciones y enconado debate político, pero son meras ágoras como podría ser un grupo de WhatsApp.

En ese 90% se encuentran todos los backups de sites, los accesos ocultos que las arañas de los buscadores no indexan: bases de datos, pasarelas de pago, o webs donde se pide una exclusión de robots.

La Deep Web está llena de material inútil, de páginas de carácter temporal que se generan automáticamente o que sólo puedes acceder conociendo el enlace.

La Dark Web, en cambio, sí que cifra, rediseña y oculta su rastro porque, en la mayoría de los casos, acceder es tan difícil como ilegal. Pero antes de desviarnos de la cuestión principal, de hablar de nodos y capas de profundidad, veamos primero cómo acceder a la Deep Web de manera sencilla.

Utilizar una red algo más segura no tiene por qué comprender estrictamente actividades delictivas. El anonimato también protege del uso violento e indiscriminado de las redes —no mucho, en cualquier caso, si accedes a tu perfil personal de Facebook da igual la cantidad de enrutadores de IP que utilices, al final es fácil asociar esos datos para rastrearte; fortalecer la seguridad y el anonimato deben ser un ejercicio consciente—.

Captura de Proxy

Paso 1: buscando el software adecuado para la Deep Web

Quien más y quien menos ha oído hablar de TOR.

Tor es un proyecto que ha ido automatizando y enriqueciéndose para convertirse en algo prácticamente cerrado: no necesitas configurar nada. Se basa en el enrutamiento de cebolla: una red de comunicaciones de baja latencia donde cada usuario mantiene su integridad y su información en secreto, gracias a la encriptación y el borrado de rastreo. Capas y más capas para despistar.

Olvídate de cookies, de historial de navegación, de datos por uso y el registro de la operadora. En la Deep Web se recomienda no abrir la pestaña del navegador a pantalla completa, tapar la webcam del monitor o apagar el audio del micro —elementos hackeables de los que se puede sustraer información personal—.

Así que, dicho esto, el primer paso es comenzar descargando la app de Tor. Como puedes ver, Tor defiende el anonimato y la integridad de cada internauta. Su funcionamiento es sencillo: se integra dentro del navegador y la primera vez que se ejecuta nos pedirá el tipo de acceso que queremos hacer.

Captura de Tor

Paso 2: tocando botones

Ahora podemos tomar dos caminos: o nos limitamos a “apagar” el firewall de nuestro ordenador y accedemos de manera preconfigurada —como hace todo el mundo—, o abrimos puertos desde el Proxy para aumentar el ancho de banda con el que Tor operará. O, y esto es lo más interesante, creamos nuestro propio Proxy y enrutamos el acceso a Internet desde él, saltándonos cualquier tipo de bloqueo. El tercer método es algo más complicado, pero tampoco implica un gran esfuerzo.

Para ayudarnos recomiendo un software adicional: CC Proxy. Instalamos, desactivamos todos los servicios que no necesitemos —todo menos HTTP y Secure— y después, desde la pestaña principal “Account” creamos un usuario y contraseña, para cifrar nuestro Proxy recién creado. Después pulsamos Start y ya estará abierto.

Por un lado seguimos la siguiente ruta del PC: Herramientas > Opciones > Conexiones > Configuración de LAN. Por el camino debemos aprendernos estos datos: nuestra IP pública —la del PC—, el puerto en el que está configurado el proxy y el usuario y contraseña que hemos puesto. Estos datos los introduciremos en los campos correspondientes cuando Tor nos los pida.

Circuito Tor

Paso 3: ya casi estamos dentro

Tor se configurará de manera automática —algo que hace apenas 2 años era utopía— y ya podremos entrar en la llamada Deep Web. Vale y, ¿dónde está? Pues delante de las narices. El paso común para novatos es entrar en la Hidden Wiki, un simple repositorio de links con accesos a las webs más visitadas o llamativas.

Sí, hay foros, hay un montón de tiendas de drogas, violencia, sexo y rock and roll. Bueno, de esto último menos: se opta más por estilos de música como lolicore o pop japonés.

¿Y por qué desde Google no puedo entrar y desde Tor sí? La mayoría de webs operan con un sistema distinto a las URL que conocemos normalmente. Su descripción está cifrada. Lo usual es encontrarse con un s6cco2jylmxqcdeh.onion, o extensiones como .kyla, depende del servidor. En cambio, algunas webs como https://ahmia.fi/ pueden visitarse, al menos la página de acceso. Onion es el servidor más grande y popular, pero existen decenas más, algunos creados para webs muy concretas. Sí, la dark web.

Captura de Onion

Paso 4: disfruta, pero no mucho

En este nuevo Internet todo es de sustitución. Un montón de foros creados en SMF —un gestor de contenidos bastante inestable—, un clon de Twitter que no llega a 20.000 usuarios y donde se comparte públicamente cualquier basura, o distintas imitaciones de Facebook creadas y alojadas en servidores rusos. TorBook fue tirado y BlackBook está en permanente mantenimiento. Y Galaxy 2 es una castaña. Se pueden ver perfiles, pero con un diseño antediluviano.

Es un Internet lento —acelerarlo requiere esfuerzo extra—, feo, que no promete grandes secretos. Todo está cerrado, encriptado, acceder a casi cualquier web sólo se puede de dos maneras: robando las llaves del administrador o mediante la invitación desde la que crearemos una cuenta de usuario y clave. Mucho más parco y prosaico de lo que parece.

Pero, eso sí, tenemos cierta libertad, aunque nunca el cacareado anonimato. Muchos hackers automatizan un seguimiento de nuevos logins (cuentas creadas para nuevos usuarios). Se crean cebos para detectar pedófilos y traficantes y las webs nacen y mueren en semanas, algunas incluso creadas para una transacción específica.

El tiempo todo lo borra y la clave es no dejar rastro. De ahí que uno de los consejos clave en la Deep Web sea: «pasa dentro sólo el tiempo necesario».

Pero la Deep Web también es un patio de recreo para quien aprenda a conocerla. En vez de Google o Yahoo usaremos un navegador llamado DuckDuckGo; en vez de buscar libros en Amazon buscaremos enciclopedias escaneadas, pero hasta que no dediquemos un tiempo a conocer usuarios internos y nos faciliten enlaces, que nos inviten a ir un paso adelante, enseñándonos de paso cómo mejorar nuestra seguridad, no habremos conocido la Deep Web, sino esa salita de estar para invitados dispuesta cuando llega un familiar que casi ni conoces.

El Google de los patos

Y ahora, ¿cómo salgo de aquí?

Pues simple y llanamente cerrando la aplicación. Si has desactivado el Firewall, vuélvelo a activar. Además, se recomienda desinstalar y borrar todo rastro: aplicación, datos del proxy y, en el caso de querer volver a entrar, repetir todo el proceso desde el primer paso. Un peaje a pagar por mantener los ojos tan abiertos que veas Matrix en su código fuente —quizá esto sea una licencia poética demasiado evidente—.

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