Los aviones fabrican lluvia (y no es una leyenda urbana)

Desde los fiordos noruegos al desierto de Atacama, nunca llueve a gusto de todos. Las nubes van y vienen, empujadas por el viento y alimentadas por la evaporación, y van dejando sus precipitaciones donde les viene en gana, más o menos. Abajo, sobre la corteza terrestre, los pequeños humanos llevamos milenios volviéndonos locos, intentando comprender y controlar las lluvias.

Así, a la par del desarrollo de disciplinas científicas como la geografía, la climatología y la meteorología, han surgido gran cantidad de mitos y leyendas sobre las nubes y la lluvia. Algunos hunden sus raíces en la prehistoria, pero otros son de reciente creación. ¿Y si los fabricantes de mitos, bulos y conspiranoias varias no estuviesen equivocados?

desierto

La teoría del chemtrail

Aviones secretos, estratosfera, nubes que cambian de color y la NASA, cuatro ingredientes perfectos para una buena teoría de la conspiración. Aunque el término chemtrail (estelas químicas en inglés) quizá no te suene demasiado, seguro que has oído hablar de esta teoría. Sus defensores aseguran que algunas de las estelas de condensación dejadas por los aviones en el cielo no son tales, sino que están compuestas por agentes químicos con distintos objetivos.

A lo largo de los años, esta teoría, que es solo un poco más antigua que Internet, ha contemplado diferentes hipótesis sobre el objetivo real de estas estelas químicas, muchas relacionadas con el clima, pero no solo:

  • Control del tiempo atmosférico. Según algunos defensores de la teoría del chemtrail, estas estelas son el principal causante del cambio climático. Otros dicen que, en realidad, buscan combatirlo. En las zonas más secas del planeta los teóricos las señalan como causantes de la ausencia de lluvias, mientras que en otros lugares se las acusa de provocar lluvias torrenciales.
  • Control de la población. También hay quien asegura que los agentes químicos de estas estelas tienen efectos esterilizantes para revertir la supuesta sobrepoblación humana o que propagan enfermedades raras con el mismo objetivo.
  • Cuestión de geoestrategia. Otras de las teorías señalan que las estelas químicas son guerras biológicas encubiertas, nuevas formas de comunicación secreta o, incluso, una especie de pantallas contra los radares.

Tras este pequeño repaso a una de las teorías conspiranoicas más extendidas por la red, toca dejar el escepticismo de lado y hablar de ciencia. ¿Y si la NASA estuviera realmente detrás de las estelas que surcan nuestros cielos?

misiones dynamo de la nasa

Un cohete Black Brant se lanza desde Wallops Islands, en Virgina, Estados Unidos / NASA

Los marcadores de vapor

“La NASA admite que está rociando a los americanos con químicos venenosos”. Los blogs y webs que alimentan la teoría del chemtrail se frotaban las manos el pasado verano, cuando la NASA decidía explicar públicamente un proyecto de cohetes sonda que soltaba agentes químicos en la atmósfera. Así que sí, la agencia espacial estadounidense está detrás de todo, aunque las consecuencias de su proyecto son menos dañinas de lo que se pueda imaginar.

“Los marcadores de vapor se utilizan para medir vientos atmosféricos y desviaciones de iones en la zona superior de la atmósfera y en la ionosfera”, explica la NASA en la web del proyecto. “Llevan pequeñas cantidades de gas al espacio en un recipiente que luego liberan a lo largo de la trayectoria del cohete”. Este gas, visible desde el suelo, permite observar directamente los movimientos de las capas más altas de nuestra atmósfera y estudiar su comportamiento.

Los marcadores químicos, que se liberan a entre nueve y 13 kilómetros por encima del nivel del mar, son bario, litio y un compuesto de aluminio, tres de los elementos más usados para dar color a los fuegos artificiales. Así que, o no son tóxicos, o llevamos mucho tiempo envenenándonos sin saberlo.

Aun así, ¿por qué soltar estos compuestos, por qué no dejar la ionosfera tranquila? “Los marcadores nos descubren los movimientos de los vientos de la atmósfera superior y la ionosfera. Estos movimientos representan un conocimiento fundamental sobre cómo funciona el espacio cercano a la Tierra, los comportamientos de los gases, la masa y la energía, y cómo los cambios en la actividad solar afectan a la Tierra”, señala la agencia espacial.

marcadores quimicos en la atmosfera

De izquierda a derecha, marcadores de aluminio, litio y bario en la atmósfera / NASA

Aunque la NASA explicase públicamente el proyecto hace poco, lo cierto es que nunca fue algo secreto. Y, además, lleva en marcha desde el año 1950. Pero todavía hay más argumentos para la teoría de la conspiración, y es que la National Science Foundation (NSF) trabaja en otro proyecto, del que acaba de desvelar los primeros datos, que sí que busca cambiar el clima.

El proyecto SNOWIE

La “siembra” de nubes para generar lluvias o su dispersión para que haga más sol son técnicas controvertidas. Sin embargo, algunas zonas agrícolas las han probado a pequeña escala y, durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín, el gobierno chino reconoció haber modificado el clima para evitar lluvias.

El proyecto SNOWIE, llevado a cabo el pasado invierno en algunas zonas de Idaho, en Estados Unidos, busca convertirse ahora en el primer estudio exhaustivo de los pros y los contras de generar precipitaciones de forma artificial, una herramienta que podría ayudar a mitigar algunos de los efectos más severos del cambio climático.

La siembra de nubes se produce mediante la dispersión de yoduro de plata en la atmósfera (lanzándolo desde el suelo o a través de aviones). Durante tres meses, el grupo de científicos de SNOWIE midió la formación natural de nubes y las precipitaciones naturales en forma de nieve y las que ellos mismos habían generado mediante estas técnicas. Ahora tienen que comparar los datos e intentar pulir la técnica del sembrado de nubes.

avioneta del proyecto snowie

La avioneta King Air se prepara para el vuelo / Jeff French, NFS

“SNOWIE es un paso muy importante para mejorar nuestra comprensión de la siembra de nubes y las precipitaciones en general”, explica Nick Anderson, director del programa en la división de ciencias atmosféricas y geoespaciales de la NSF, que financia el proyecto.

A continuación, los investigadores llevarán a cabo un modelado informático de las nubes y los procesos de precipitación usando el superordenador Cheyenne situado en el NCAR-Wyoming Supercomputing Center. Solo nos queda esperar a los resultados y rebajar el tono de conspiración, las noticias son mucho más aburridas de lo que nos habría gustado.

Casualidad o no, las teorías del chemtrail han encontrado un ligero sustento en la realidad científica, aunque sus objetivos sean menos catastrofistas de lo anunciado. Y quién sabe, quizá algún día, cuando el clima del planeta se haya vuelto completamente loco, podamos bombardear la atmósfera para que llueva a gusto de todos.