Me cansé de la ingeniería y volví a la carnicería familiar del pueblo. Ahora soy feliz

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Formarte. Estudiar una carrera. Invertir tiempo y esfuerzo. Lograr trabajar en lo que has estudiado. ¿El sueño de todos los universitarios?

Tendemos a creer, especialmente en aquellas titulaciones que exigen unas notas de corte más altas, que todo aquel que las cursa (y finaliza) es porque quiere desarrollar ahí su vida laboral.

Pero, como se suele decir, la vida da muchas vueltas y a veces tiene giros, buscados o sobrevenidos, que pueden resultar muy inesperados. Y de esto los ingenieros no se salvan. Sobre todo si una carnicería familiar pasa por su vida.

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¿Cuántos ingenieros hay?

En 2007, los ingenieros suponían el 2,14 por ciento (media europea) de todos los trabajadores. En España, ese dato era del 1,58%, pese a que éramos uno de los países con más cantidad de ingenieros, según el European Engineering Report.

Este mismo informe asegura que, aunque generalmente los ingenieros suelen ocupar puestos de trabajo relacionados con la ingeniería, algunos lo hacen en otras profesiones, como consultores de negocio o de TI, por ejemplo.

La media europea asegura que al menos el 28 por ciento de los ingenieros no trabajan en su campo (casi el 36% en España).

La Asociación de Ingenieros Alemanes (autora del estudio), asegura que estos datos ponen de manifiesto que los ingenieros son “empleados versátiles capaces de adaptarse a otros entornos de trabajo”.

¿Qué lleva a un ingeniero a no trabajar como tal?

Es cierto que en España, debido a los índices de desempleo, habrá ingenieros que no encuentren trabajo de su profesión por la situación económica. Pero todos los indicadores y análisis estadísticos concluyen que, tanto en Europa como en España, faltan ingenieros.

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¿Qué lleva entonces a una persona con alguna de estas titulaciones tan demandadas a cambiar su rumbo profesional por otro que no tiene nada que ver con esta formación? Algunos, simplemente, encuentran su modo de vida en algo totalmente distinto a lo que estudiaron.

Quizá uno de los casos más mediáticos es el de Paula Butragueño, una ingeniera que es muy reconocida en España por ser la única Nike Master Trainer en España y por ser considerada como una de las gurús del fitness en nuestro país.

Pero el de Paula no es el único caso. También los hay que abandonan todo, incluido su puesto de trabajo en una de las grandes empresas, para volver al negocio familiar en un pequeño pueblo de la montaña.

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La llamada de la tierra

Es el caso de Modesto Bielsa, que cursó los estudios de Ingeniería Química y que estuvo 4 años trabajando en una gran consultora en Madrid y Barcelona, pero que decidió volver a Sobrarbe, un pequeño municipio del Pirineo Aragonés, para continuar con el negocio familiar: una carnicería.

¿Por qué lo dejó todo? “Si no miras tú por tu tierra, nadie lo va a hacer”, explica Bielsa, quien reconoce aquello de que como en casa no se está en ningún lado y es de los que hace suyo aquello de que la tierra natal de uno siempre tira mucho.

Nueva formación, trabajo doble

Modesto Bielsa trabaja, pues, en Carnicería Modesto, una tienda de productos cárnicos y de alimentación que abrió su bisabuelo en 1920 y que ha ido pasando de generación en generación.

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La familia cuenta también con su propia ganadería, cuya carne es la que venden en su tienda.

Para poder seguir con el negocio familiar, Modesto Bielsa aprovechó su paso por el INEM para hacer un curso de formación y poder ser carnicero. Algo que combina con su formación y experiencia profesional previa, ya que Bielsa fue el promotor de la apertura de la página web del negocio familiar. “Abrir la web del negocio familiar era algo que el cuerpo me pedía”, reconoce este joven. “Como había trabajado y conocía el mundo on-line, decidimos dar el salto y probar”, explica.

Además, este ingeniero reconoce que era algo que incluso les demandaban sus propios clientes. “Vivimos en un pueblo de 80 habitantes, pero abrimos domingos y festivos porque viene mucha gente los fines de semana. Incluso se llevan la carne para sus casas”.

Bielsa reconoce que, gracias a estos pedidos que incluso les hacen desde otros municipios, pueden seguir trabajando bastante. “Nuestro pueblo no nos daría para subsistir”, sentencia.

Abiertos siempre en Internet

Lo que comenzó con alguna tímida sugerencia por parte de algún cliente acabó convirtiéndose casi en un clamor por parte de todos aquellos que conocían y repetían el género servido por el negocio familiar. Y fue así como finalmente la carnicería abrió su página web como medio de seguir en contacto con su clientela y facilitar la tramitación de pedidos.

No sin ciertos temores (¿podremos controlarlo todo? ¿perderemos en calidad de producto? ¿daremos un buen servicio?), la web montada por este ingeniero repatriado les permite cumplir con su objetivo (mejorar la relación con sus clientes) y abrir un mercado potencial mucho más amplio. Además, es la solución perfecta para un ingeniero que puede (en parte) seguir ejerciendo como tal y ser feliz al vivir en el pueblo que le vió crecer.

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