¿Cómo educar a una generación de huérfanos digitales?

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Quizá los universitarios no sean tan nativos digitales como aquellos niños que están ahora en primaria, pero lo cierto es que el manejo de las nuevas tecnologías es más hábil cuanto más joven sea la persona que se enfrenta a los dispositivos tecnológicos. Los padres siempre están ahí para ayudar a sus hijos, incluso con las tareas y deberes que tienen los estudiantes. El problema es que muchas veces estos nuevos estudiantes ahora tienen unas metodologías de trabajo que los profesores y padres desconocen.

Se debate mucho sobre la necesidad o no de introducir nuevas herramientas tecnológicas en las aulas y como sistema de estudio, pero se habla poco de cómo formar a una generación de nativos digitales pero, al mismo tiempo, “huérfanos” digitales ya que, quienes les enseñan, no son nativos digitales.

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Los alumnos necesitan un adulto que les enseñe el uso útil y responsable de toda la tecnología que tienen a su alcance. No es solo tener ordenadores, redes, libros digitales y formar el profesorado, sino que estamos ante un reto, un proceso que exige evaluación, aunque a veces se tenga que hacer experimentos para ver qué funciona mejor.

¿Temor infundado?


El verdadero peligro de los huérfanos digitales no es que los profesores y padres tengan o no más o menos conocimientos de estas nuevas tecnologías, sino que no se quieran acercar a ellas porque es entonces cuando no tendrán esa orientación sobre qué y cómo utilizarlas.

Por eso incluso desde organismos oficiales como la Junta de Andalucía se emiten guías para ayudar a los progenitores en este camino. Se encomia, además, a adquirir competencia digital para ser ciudadanos completos en un mundo digital. Más que nunca, el acceso inteligente a la información y a la tecnología dará igualdad de oportunidades a todas las personas.

En opinión de Francesc Pedró, jefe de la División de Políticas Sectoriales, TIC y Educación de la UNESCO, los jóvenes son nativos digitales “que aprenden en función de la ley del mínimo esfuerzo. Si nadie les explica que hay otras formas de utilizar bien la tecnología además de buscar en Google y copiar la primera entrada que encuentren para hacer un trabajo, nunca lo aprenderán”.

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Por eso, y aunque algunos padres parece que sienten temor a la hora de aproximarse a las nuevas tecnologías, desde organismos como Pantallas Amigas elaboran un decálogo para desterrar estos miedos y acompañar a los nativos digitales para que no se sientan huérfanos.

1. Aumentar la seguridad y privacidad de los equipos familiares.
2. Asegurarnos de que los niños no usan su nombre completo.
3. Prevenir a los niños de no revelar sus contraseñas.
4. Tener cuidado con los detalles que aparecen en las fotografías.
5. Hablar a los niños del ciberacoso.
6. Enseñar a los niños que nunca deben encontrarse con personas que sólo conozcan por Internet.
7. Dialogar con los hijos de las propias experiencias online.
8. Supervisar los sitios web que visitan nuestros hijos.
9. Asegurarnos de que respetan los límites de edad de los sitios que visitan.
10. Limitar el horario y el tipo de uso que los niños le dan a los dispositivos tecnológicos.

Un acceso cada vez más temprano


Un estudio de la Universidad Abierta de Cataluña confirma que los jóvenes entran en contacto con las nuevas tecnologías a edades cada vez más tempranas y que el acceso a las TIC es generalizado.

Según datos de dicho informe, el 98% de los estudiantes de ESO tienen ordenador y el 90% posee un teléfono móvil. Además, el uso del ordenador aumenta con la edad y, por el contrario, el control paterno disminuye. De esta manera, se asocia el uso de ordenador durante más de tres horas al día con un bajo rendimiento escolar (28,8%) y, paradójicamente, resulta que los jóvenes que no hacen uso del mismo (15,6%) presentan también malos resultados académicos.

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Por esto mismo, una de las conclusiones a las que llega el estudio es que “los chicos/as con mayor control paterno del uso de videojuegos u ordenador tienen mejor rendimiento escolar”. Por tanto, parece ser que no es tan relevante el número de horas que los adolescentes dedican a hacer uso de las tecnologías, sino el tipo de uso que realizan y el seguimiento que reciben, lo que podría convertirse en un posible factor de riesgo.

Los jóvenes viven en un mundo de constante conexión, algo que se ha visto incrementado, además, por la adopción de redes sociales y el aumento de los contenidos que se consumen en dispositivos móviles. Según un informe de McAfee, muchos padres admiten que se sienten abrumados por la tecnología y por sentir que sus hijos son más listo en su manejo. Y, además, señalan que no tienen tiempo para mantenerse al día con los avances on-line.

Diferencias de edades


Infographic: The Great Divide | Statista

El problema reside, además, en que los jóvenes, según este estudio, utilizan perspicazmente la limitación tecnológica de sus padres (y las limitaciones de tiempo) a su favor, buscando maneras de ocultar su participación en actividades de riesgo y, a veces, ilegales. Es decir, que los padres desconocen las actividades on-line de sus hijos.

La solución, según ellos, no pasa tanto por el control parental que permiten algunas tecnologías, la supervisión y el establecimiento de controles por parte delos padres, sino, sobre todo, por entablar diálogos con los menores sobre cuestiones tales como estar seguros on-line y las implicaciones y resultados potenciales que puede conllevar tener actividades “peligrosas”.

Además, estas conversaciones deben darse a una edad temprana y con frecuencia (antes de los diez años que es cuando, según el informe empiezan a experimentar con conductas engañosas y arriesgadas), y en repetidas ocasiones a lo largo de sus años de adolescencia, ya que es cuando están en mayor riesgo.

Los jóvenes han crecido envueltos en las TIC, por lo que las utilizan diariamente; pero es importante educarles para que sean capaces de hacer un buen uso de ellas, tanto en el ámbito educativo como en cualquier otro.

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La educación lo es todo


La educación es uno de los derechos más elementales que existen, puesto que sirve como base para poder ejercer el resto. Por eso, es uno de los temas que más preocupan a la sociedad en general y en los que más se debate continuamente.

Pero, ¿cómo mejorar esta educación con herramientas tecnológicas cuando tanto profesores como padres quizá no se encuentran cómodos con las tecnologías?

En lo que parece que muchos se ponen de acuerdo es en que no vale simplemente con introducir las nuevas tecnologías en las aulas, sino que hay que replantearse a cómo introducirlas, si es necesario abordar un nuevo camino o nuevas metodologías. Lo que está claro es que las nuevas tecnologías tienen la capacidad de personalizar la enseñanza, siendo de mayor calidad, adaptándose a las necesidades de cada alumno. José Luis Blanco, director general de Evaluación y Cooperación Territorial en el Ministerio de Educación, recordaba recientemente que algunos estudios aseguran que las nuevas tecnologías no mejoran el aprendizaje de lengua y matemáticas. “Quizá la lengua y las mates no se mejoran con las TIC, pero estos informes nos indican que hay una nueva competencia que enseñar. Tenemos que plantearnos qué se enseña en las aulas. Hay una serie de competencias que son básicas, instrumentales: lingüística, matemática y, desde ahora, la digital. Tenemos que conseguir alumnos competentes digitalmente”.

La visión de este experto es que si afrontamos este reto y abordamos cambios organizativos en los propios centros educativos, en el profesorado (formación, capacitación y materias) y en el alumnado (añadiendo una nueva competencia), así como en el ámbito familiar, podremos estar sentando las bases de la educación del futuro.

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Base empírica


Por eso, el Ministerio de Educación ha elaborado una Guía Práctica de la Educación Digital, basada en la experiencia empírica de muchos profesores a lo largo de estos años. Según Cristóbal Suárez, de la Universidad de Valencia y uno de los encargados de hacer un estudio previo a la guía, “hay que aprender a pensar con la herramienta tecnológica, hay que aplicar un filtro pedagógico. El objetivo de la guía es generar, desde la evidencia empírica, una guía práctica para que se pueda aplicar en los centros educativos experiencias positivas”.

En su opinión, las dificultades que se observan son, sobre todo, de contexto, en el sentido de que hay una resistencia familiar a estas nuevas tecnologías y a que la innovación produce, en muchas ocasiones, soledad. Sin embargo, este experto también valoraba la ilusión de los profesores, muchos de los cuales se han dado cuenta de que la tecnología por sí sola no conduce a nada, por lo que han vivido con ilusión el proyecto de introducir estas nuevas herramientas en las aulas, adaptando su sistema de enseñanza. “Para revolucionar la clase hacen falta respuestas tecnológicas, pero también pedagógicas en estos nuevos retos educativos”, concluye Suárez.

Gonzalo Lozano, profesor en Logroño, se preguntaba en la presentación de esta guía que si continuamos haciendo lo mismo que hasta ahora, obtendremos los mismos resultados. “La escuela lleva muchos años funcionado igual, y es un error. ¿Qué debemos cambiar? Tanto la tecnología como los enfoques, que deben ser diferentes”.

Tras reconocer que los ordenadores y tablets son el presente de muchos alumnos, ya que casi todas utilizan tecnologías móviles, Lozano considera que como profesores “es nuestra educación formarles en el uso de estas tecnologías. Es un camino para el que hay que tener paciencia, no funciona todo, ni a la vez, hay problemas… pero también soluciones”.

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