Cómo la tecnología ha dado de comer en el desierto

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En la película ‘Marte (The Martian)’ uno de sus momentos más celebrados llega cuando el astronauta Mark Watney describe en su videoblog el método con el que va a conseguir cultivar patatas en un lugar con una tierra muy ácida, en la que es imposible que crezca nada, como Marte, y teniendo que “fabricar” agua. Watney acaba teniendo éxito, aunque sea temporalmente, y su problema no se queda sólo en algo que muestra una película en otro planeta.

El reto de cultivar comida en lugares donde no llueve y donde la tierra no es especialmente fértil es el día a día de los países del Golfo Pérsico, por ejemplo. Dar de comer en el desierto es uno de los grandes desafíos tecnológicos de la actualidad, uno que puede ser de gran ayuda en regiones pobres de África y Asia, y en el que la tecnología está dando ya pasos importantes.

Cultivos sin tierra

La distribución de alimento es uno de los grandes retos a los que se enfrenta el mundo. En las regiones más pobres, donde ni siquiera se puede depender de la agricultura para sobrevivir, cualquier “capricho” del clima puede representar la pérdida de las escasas fuentes de alimento de las que dispone la población. Si se vive en lugares como el Golfo Pérsico, con temperaturas de unos 38º, medias de lluvias en verano de unos 2,5 cm. y un terreno arenoso y pobre en nutrientes, y no se tiene dinero, conseguir comida puede ser una odisea.

Si el terreno no es favorable a los cultivos, y hay muy poca agua para hacerlos crecer, tal vez la solución sea no depender de la tierra. Ahí entra en juego el trabajo del profesor Yuichi Mori, de la universidad de Waseda, en Japón, consistente en unas “granjas con película”. No, no es que haya cámaras grabándolas a todas horas, sino que las plantas se cultivan en unas películas de hidrogel.

Ese hidrogel es, en realidad, un polímero superabsorbente, hasta el punto de poder retener agua hasta el equivalente a mil veces el peso del film. El profesor Mori asegura que, con esos cultivos, se necesita un 90% menos de agua y un 80% menos de fertilizante para hacerlos crecer, pero que la productividad aumenta un 50%.

Tomates en hidrogel

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En los Emiratos Árabes Unidos, donde se fundó la empresa Agricel justo para desarrollar este tipo de tecnologías, se importa el 90% de la comida que se consume, así que estas iniciativas resultan cruciales para la economía del país. El profesor Mori, que participa en Agricel, apunta también que las plantas que crecen en la película de hidrogel extienden sus raíces por toda la película, y que ésta puede colocarse sobre cualquier superficie.

En Japón, los investigadores de la Universidad de Waseda han experimentado con unas 180 granjas que utilizan este método, y han descubierto que es óptimo para frutas y vegetales. Cada membrana de hidrogel, donde se “plantan” las semillas, se ubica encima de un cultivo de nutrientes que se transmiten, junto con el agua, a las raíces de los vegetales sin necesidad de tierra.

Hay otra tecnología que no necesita de tierra para cultivar plantas, la hidropónica, que está bastante estudiada y empleada. Es, por ejemplo, el método que se sigue en la Estación Espacial Internacional para investigar el crecimiento de plantas en entornos de microgravedad. En este caso, la semilla se sitúa en una solución de nutrientes, y aunque puede añadirse algo de tierra para dar apoyo a las raíces, no es lo habitual.

Agricultura en el desierto

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Hasta ahora, el método principal para establecer granjas y campos de cultivo en el desierto ha sido el de llevar agua hasta ellas. Esas peculiares fotos tomadas desde el aire de círculos verdes en medio de una enorme extensión desértica corresponden a zonas de irrigación controladas. Pero esas prácticas suelen acarrear grandes costes, y no sólo por lo que implica llevar enormes “regaderas” al desierto.

En ocasiones, se drenan acuíferos subterráneos y se sobreexplotan recursos naturales, con lo que esas técnicas acaban siendo contraproducentes. El Instituto Tecnológico de Massachusetts publicó un 2014 un estudio que abogaba por adaptar estas nuevas tecnologías y técnicas agrícolas al lugar donde se ponían en práctica.

En el caso de la agricultura del desierto, el MIT proponía cultivar cereales, por ejemplo, que fueran más adecuados a las condiciones climáticas y del sueldo determinadas regiones. El maíz, por ejemplo, no es lo más apropiado para cultivar en África porque requiere demasiada agua y no favorece una agricultura sostenible. En ese caso, el sorgo puede ser un cereal más adecuado.

Además, el estudio del MIT apostaba también por establecer estos campos de cultivo cerca de árboles, para aprovechar el fertilizante natural de sus hojas caídas. En su caso, más que aplicar la tecnología, lo que se busca es aprovechar los recursos ya disponibles en esas regiones áridas y desérticas.

Imagen | Edward Musiak, hamza82, nevil zaveri, Richard Allaway

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