Cómo puedes romper la barrera del sonido en tu casa. Pista: vas a necesitar esta herramienta

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Si buscas «Romper la barrera del sonido» leerás que un tal Charles Elwood Yeager fue el primero en romper esta barrera con el avión experimental Bell X-1. Incluso hay un magnífico vídeo en el que se ve cómo lo consigue el 14 de octubre de 1947:

También encontramos a Felix Baumgartner en el descenso que realizó en 2012 desde la estratosfera otro 14 de octubre, y en el que rompió la barrera del sonido sin ayuda mecánica.

Pero lejos de banalizar estas grandes hazañas de la humanidad, hoy queremos rendir tributo a una herramienta de la que pocos sospechan fue el primer objeto creado por el ser humano en romper la barrera del sonido: el látigo.

El látigo como herramienta tecnológica

Si preguntas por ahí «¿Qué es un látigo?» encontrarás respuestas de todos los colores. Desde «Es eso para hacer así» (respuesta acompañada por un gesto raro con el brazo) a «Lo que usaba Indiana Jones». Incluso habrá quien sin motivo aparente agregue ese sonido tan característico «sqshh…» para dar peso a su explicación.

Y si bien esas respuestas no van desencaminadas, lo cierto es que un látigo es una herramienta de precisión y alta tecnología, incluso para nuestros días, que tiene como objeto la generación de ese sonido (o el de control en la dirección del ganado).

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Los primeros látigos consistían en meras ramas flexibles con las que guiar a las bestias, pero con el tiempo y la especialización se convirtieron en sofisticadas herramientas de cuero, caña y tejidos trenzados. Ni siquiera hoy día resulta sencillo estandarizar su fabricación, mucho menos lo fue en la antigua Mesopotamia.

Y, sin embargo, ya entonces ese sqshh! rompía la barrera del sonido.

¿Cómo rompe el látigo la barrera del sonido?

La rompe exactamente igual que cualquier otro objeto: atravesando el espacio más rápido que la velocidad a la que se desplaza el sonido por ese espacio. Esto es más fácil de ver con un ejemplo. Imagina que corremos con un teléfono móvil sonando.

Por muy rápido que queramos ir nunca podremos correr a 340 metros por segundo (velocidad del sonido) y estaremos en el caso (1) del dibujo, en el que las líneas circulares simbolizan las ondas que produce el sonido en la atmósfera mientras avanzan.

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En el segundo (2) caso el mismo teléfono ha sido puesto sobre el capó de un coche puntero capaz de mantener su velocidad a 340 metros por segundo, y en el tercero (3) en un avión supersónico. En este último es realmente improbable que oigamos la música.

El chasquido que provoca el látigo es precisamente la onda de choque (4) al llegar a nuestros oídos después de que la punta del látigo haya superado los 340 m/s, algo que hace con cada golpe bien dado.

El futuro de romper la barrera del sonido

Lo de dar sustos a la familia usando el sonido de un látigo siempre será algo efectivo y relativamente económico, aunque no se puede decir lo mismo de la aviación comercial supersónica.

Desplazar miles de toneladas de aire durante el vuelo tiene un coste prohibitivo en combustible, de ahí que el Concorde dejase de ser usado y el vehículo supersónico olvidado con la entrada del nuevo milenio.

Sin embargo, sigue habiendo visionarios que tratan de rescatar de una manera o de otra esta velocidad para el uso corriente. Al menos para los que pueden pagarlo. Por ejemplo, la empresa Boom hace no demasiado que anunció que por el módico precio de 5.000 dólares por asiento se podía viajar 2,6 veces más rápido. No es un coste apto para todos los bolsillos.

Algo bastante más asequible es el tren supersónico de tierra de Elon Musk, el Hyperloop. Aunque su primera demostración no llegará a superar la barrera de 500 km/h, se estima que la velocidad de este vehículo una vez implantado podría llegar a los 1.300 km/h (360 m/s, ligeramente por encima de la velocidad del sonido). Aunque realmente el Hyperloop supera los 340 m/s no rompería la barrera del sonido por no circular por aire, sino por un cilindro a baja presión.

Lo que parece seguro es que a los humanos nos ha entrado la prisa por ir rápido de un lugar a otro, quizá pensando en salir incluso a dar una vuelta por Marte antes de final de siglo. De momento tendremos que conformarnos, si queremos oír el sonido característico de cómo se rompe la barrera del sonido, con usar un látigo.
Imágenes | iStock/Thomas Sztanek, iStock/Uros Petrovic, Wikipedia

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