La conquista de otros sistemas solares acaba de empezar. Y será lo más grande que hayamos visto

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Cuando se habla de la exploración espacial, y no digamos ya de la colonización, tendemos a pensar: «Otra historia de ciencia ficción más». Y, sin embargo, en los últimos años hemos visto iniciativas que han acercado la visión de lo que antes era puramente fantasía a la realidad. ¿Vamos a poder conquistar otro sistema solar?

Pues, aunque la idea parezca extraída de una historia de Arthur C. Clarke, en realidad necesitamos conquistar otro sistema solar si queremos que la humanidad sobreviva un tiempo por ahí. Es, por así decirlo, un imperativo biológico. Salir del planeta es obligatorio, conquistar nuestro sistema solar es más que necesario, y salir del sistema solar resulta aconsejable.

La necesidad de salir de la Tierra

Pero antes de siquiera pensar en llegar a un sistema solar diferente, lo que tenemos que hacer es conseguir salir del planeta Tierra. Algo nada fácil.

La Tierra, ese planeta cómodo y acogedor que muchos vemos desde nuestra ventana, es una despiadada masa de roca a la que extinguir especies a millares le apasiona. La historia nos ha enseñado que erradicar especies es terriblemente sencillo, y este es uno de los motivos por los que buscarse una residencia alternativa es necesario.

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Trilobites, por Adolfo Beato

Hace unos 444 millones de años, una supernova, seguida de bruscos cambios oceánicos, eliminó al 85% de las especies vivas. Unos 84 millones de años después, un fenómeno llamado pluma mantélica mató al 82% de lo que quedaba por ahí. 109 millones de vueltas al Sol más tarde, un meteorito mató al 96% de la vida superviviente, y 40 millones de años después, el continente de Pangea, en su división, generó erupciones masivas que erradicaron el 76% de la vida que quedaba. De esa, otro 76% murió tras la llegada de un meteorito hace unos 66 millones de años.

Aunque la vida es resiliente, no podemos dejar de lado lo sencillo que es eliminar de un plumazo una especie entera, o a varias. Y estas son solo las Grandes Extinciones. Hay que sumar las extinciones minoritarias por meteoritos más pequeños, cambio de salinidad en las aguas, erupciones, terremotos, polución atmosférica, radiación del espacio penetrando en la atmósfera, virus y otras causas.

En otras palabras: en algún momento pasará algo que elimine un gran porcentaje de la vida sobre la Tierra. Y mejor si para ese momento estamos en otra parte del Sistema Solar, además de en nuestro planeta.

Cómo salir de la Tierra

Para la desgracia de aquellos a los que nos gustaría hacer turismo espacial, salir de la Tierra requiere demasiada energía como para que sea (de momento) un hecho para los no astronautas.

A día de hoy, conceptos como el ascensor espacial –un cable tenso que una la superficie con un punto más allá de la órbita de Clarke– o el edificio de cinco veces el radio de la Tierra que hace las veces de autopista hacia el cielo son conceptos puramente teóricos. Es posible que en un futuro podamos permitírnoslos, pero no en la actualidad.

El plan de Mars One: conquistar Marte

Mars One es una iniciativa privada nacida de la presión social por llevar al hombre a la superficie de otros planetas. Ya que los gobiernos parecen no demasiado interesados en la labor, ha sido falta un movimiento social sin precedentes.

Es el caso de la iniciativa Mars ONE, que pretende tener al primer equipo de humanos en la superficie de Marte para 2026. Para ello ha recurrido a financiación privada, donaciones, y merchandising del proyecto. La idea es usar los sistemas de propulsión actuales para llevar allí equipo tras equipo, y vender la emisión de un reallity show, más las patentes por lo descubierto.

Hasta ahora, este proyecto cuenta con financiación acorde al calendario, y este se mantiene vigente.

El plan de la NASA: conquistar la Luna

La agencia espacial estadounidense, junto con otras agencias y empresas, ha trazado muchos planes para salir de la órbita terrestre a largo plazo. Una de las últimas ideas (cancelada como todos los proyectos anteriores por la administración) era la del Proyecto Constellation para llegar a la Luna.

A día de hoy la postura de la NASA es que antes de alcanzar Marte hay que llegar a la Luna. Pero ni existe un proyecto sólido ni calendario por problemas de recortes presupuestarios. Hubo menciones al reaprovechamiento de la lanzadera SLS el año pasado, pero todo ha quedado a la espera de que la NASA realice «varios estudios de viabilidad de otros proyectos».

Es muy probable que la NASA no reciba financiación hasta que el cohete chino CZ-9 esté operativo, algo que podría retrasarse hasta 2025.

Crear una atmósfera habitable: el proyecto Biosfera 2

Llegar y pisar un nuevo entorno es fácil. Llegar a la Luna o Marte y pisar no es suficiente. Lo ideal sería que nuestros astronautas pudiesen volver, o quedarse a vivir en algo parecido a una base en tierra.

Photograph by John de Dios

Proyecto Biosfera 2, Fuente: Biosfera 2

Precisamente para esto último nació el proyecto Biosfera 2, un experimento en el que se creaba un ecosistema cerrado dentro de un mega-edificio de 1,27 hecáreas. Dentro hubo una selva de 1900 m2, un océano de 850 m2, un manglar de 450 m2, 1300 m2 de sabana, un desierto de 1400 m2 y 2500 m2 cultivable. Además, por supuesto, de varios edificios destinados a la habitabilidad.

El objetivo era descubrir si resultaba factible crear un ecosistema habitable y cerrado en otros planetas a fin de extender la civilización. Los resultados de los experimentos de aislamiento que se dieron entre 1991 y 1994 demostraron que el mayor conflicto no era crear un entorno cerrado o de reciclado de alimentos, sino los choques que surgen entre personas en un entorno limitado.

Y, como con todo, también dependerá del coste.

La reducción del coste en los viajes interplanetarios

Supongamos que tanto Marte (con el proyecto Mars One) y la Luna (en una iniciativa de la NASA) han sido colonizados por un pequeño equipo de personas. Es cierto, es un enorme salto hacia delante, quizá para 2030 o 2050. Lo cierto es que es cuestión de tiempo que se avance tecnológicamente como para pisar el suelo de ambas rocas, empezar a construir, y usar el flujo de capital de un turismo adinerado para reducir costes futuros.

El mayor problema del programa espacial no es la tecnología en sí, sino el dinero que cuesta. De hecho, ya en 1971 podríamos haber llegado a Marte, como se ha mencionado antes. Eso sí, a un costo prohibitivo dependiente de la economía mundial al completo, y abandonando a los astronautas a una suerte de viaje sin retorno.

El proyecto Apolo, con un coste cercano a los 23 900 millones de dólares, hoy día tendría un costo significativamente inferior gracias al desarrollo de la tecnología. El avance en computación, materiales, sistemas de reciclado, o combustibles, entre otros, ha hecho que por el mismo coste podamos hacer más que entonces. Quizá incluso enviar el doble de vehículos espaciales con una tecnología sensiblemente superior.

Pongamos como ejemplo un viaje turístico Tierra-Marte dentro de 50 años, para el 2066. Su coste seguirá siendo probablemente excesivo para todos los mortales salvo unos pocos, pero serán esos pocos quienes financiarán las primeras idas y venidas al igual que ocurrió con otros sistemas de transporte como los trenes o aviones.

Usando el gancho del turismo espacial para adinerados, aprenderemos con cada trayecto realizado. Y gracias a ese aprendizaje podremos reducir de manera significativa los costes de los siguientes viajes.

Si en 1966, hace 50 años, nos hubiesen anunciado que todos podríamos viajar a cualquier parte del mundo en avión, o que dispondríamos de cientos de veces la capacidad de computación del programa Apolo (por entonces aún en desarrollo) nadie se lo hubiese creído porque, en aquél momento, no era factible.

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Pluto’s ‘Twilight Zone’, imagen tomada por la sonda New Horizons

Ya sea gracias a la NASA, al Mars ONE, o a otras iniciativas públicas y privadas, como la inversión china en el cohete CZ-9 o el avance de la empresa SpaceX, resulta obvio que con cada viaje hemos llegado más lejos que en el anterior.

El año pasado recibíamos las primeras imágenes de la sonda New Horizons sobre la superficie de Plutón (a 2 956 760 000 km del Sol), y hace poco veíamos una imagen impactante: la corona de Plutón iluminada con el Sol tras el planeta enano. Hace cincuenta años, un sueño imposible.

Imagen de portada: Planeta Marte. Fuente: Sonda Viking.

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