Cuando no sepamos qué es la tecnología: el día que está más cerca de lo que creemos

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La tecnología, al menos la tecnología moderna, es fácil de distinguir frente a aquello que no es tecnología. Son grupos de objetos relativamente aislados y fácilmente identificables. La tecnología tiene características tales como conectividad, leds, consumo de energía, interfaz, etc.

Véase un árbol frente a un auricular Bluetooth. Distinguirlos es sencillo. Sin embargo, a medida que la integramos en nuestra vida, la tecnología se está volviendo invisible.

El ejemplo de la electricidad

La electricidad tiene ganados los dones de ubicuidad e invisibilidad. Vayas a donde vayas hay un enchufe esperando para darte energía con una toma de corriente estándar. Solo tienes que enchufar tu dispositivo en una interfaz realmente sencilla para que cargue.

El usuario (tú) no tiene por qué saber cómo llega la electricidad o los complejos procesos que la hacen posible. Le basta con saber que funciona. Hubo un tiempo en que no era así, en que la electricidad era visible.

A finales del siglo XIX, cuando la electricidad empezó a sustituir al gas natural para iluminación, esta era tosca. Eran frecuentes los cables de cobre vistos, con la proliferación de incendios y accidentes asociados.

Además, la falta de estandarización de enchufes hacía que cualquier nuevo invento tuviese una clavija casi artesanal, y usar la red eléctrica requería de intervención humana directa.

El estado moderno de la tecnología

La tecnología moderna, evidentemente mucho menos peligrosa para el usuario, se encuentra en ese punto. Todavía es visible, requiere de elementos físicos y ocupa un espacio limitado.

Puesto de trabajo de control del metro berlinés. La tecnología es evidente y palpable. Fuente: Bukk.

Las interfaces aún son físicas y a pesar de la gran versatilidad de muchos de los equipos estos siguen siendo fácilmente identificables. Por poner un ejemplo,  es lo que ocurre hoy día con el acceso a los puestos de trabajo. Requieren un espacio físico concreto y ser encendidos.

En resumidas cuentas, y a diferencia de la electricidad, la tecnología todavía requiere de una interfaz. Si nos vamos a tan de moda la realidad virtual, por ejemplo, se hace necesario unas gafas especiales sin las cuales es imposible acceder a una visión inmersiva.

Otro tema candente son los vehículos conectados a Internet. Si queremos adaptar un vehículo relativamente antiguo y conectarlo a Internet, tenemos que recurrir a instalar un dispositivo visible (como un dongle) para conseguir conexión. Sin embargo, en los nuevos vehículos conectados de fábrica la conexión es nativa e invisible. El usuario no la percibe ni tiene que instalarla. Solo se encarga de disfrutar la tecnología.

Algo similar ocurre con los vehículos autónomos, que persiguen precisamente que la tecnología se vuelva invisible. El precedente de estos vehículos fueron los sensores de proximidad y cámaras, que si bien hace cinco años eran enormes hoy los encontramos en pequeños círculos casi imperceptibles en la carrocería.

Sensor trasero de posición, del tamaño de una moneda. Fuente: iStock/pedphoto36pm

La tecnología del futuro tiende hacia la magia

Ya dijo Arthur C. Clarke que «cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia». Algo que estamos viendo hoy día en las viviendas más avanzadas.

Sales del trabajo con el GPS del teléfono encendido y tu vivienda calcula cuándo debe encender la calefacción o poner el aire acondicionado (si procede), o a qué hora empezar a descongelar la cena. Al entrar, unos sensores invisibles detectan tu presencia y encienden las luces. Quizá incluso la radio o la televisión, o proyectan pantallas allá donde vas para mantenerte al día de las noticias.

La ropa inteligente es otro gran ejemplo de tecnología que usaremos en el futuro casi sin percibirlo. Hace 10 años las pulseras de actividad eran un imposible, pero hoy son frecuentes. Del mismo modo la ropa cosida de microchips hoy nos parece futurista, pero es posible que en un par de años la tengamos en el mercado.

El tablero de ajedrez de arriba permite jugar contra cualquier jugador del mundo a través de Internet pero usando un tablero físico de toda la vida. Las piezas se mueven como por arte de magia.

También por arte de magia abren y arrancan los vehículos más avanzados, que detectan que llevas la llave en el bolsillo y te permiten acceder y conducir sin trabas.

 

Se trata de tecnología que no se ve, que el usuario no tiene por qué entender, pero que le resuelven problemas del día a día con éxito. Así será la tecnología del futuro, y llegará un momento en que no podremos distinguir entre tecnología y magia.

Imágenes | iStock/imagesguru,  iStock/Ljupco, iStock/Dragonimages

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