¿Cuántas clases extraescolares puede disfrutar un niño?

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Citius, altius, fortius, también en el plano intelectual. Por eso, son muchos los menores que acueden a clases extraescolares, aquellas actividades encaminadas a potenciar una formación integral del alumnado. Normalmente estas actividades se realizan fuera del horario lectivo de los centros y suelen ser voluntarias.

Muchísimo padres y madres creen que las actividades fuera de clase ayudarán a sus hijos a relacionarse mejor y a conocer nuevos amigos, compañeros, es decir, a sociabilizarse. No obstante, algunos psicólogos advierten que esta actividad no debe ser concebida como una obligación para los niños.

Realizarlas tampoco es gratuito. Las actividades extraescolares supusieron un coste medio de 362 euros por alumno, lo que equivale al 11,4% del presupuesto que las familias destinan a la educación de sus hijos. Las clases de apoyo y ocio impartidas en el propio centro tiene un coste medio de 144 euros y las recibidas fuera del centro educativo 620 euros.

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Qué actividades son las elegidas

El 22,5% de los estudiantes asistió a actividades extraescolares de apoyo (matemáticas, inglés…) y de ocio (deportes, teatro…), siendo el propio centro escolar en el que se estudia la opción preferida para realizarlas. El coste por estudiante osciló entre los 92 euros en aulas públicas, 199 euros en privadas concertadas y 320 euros en privadas sin concierto, según los datos del INE.

Por su parte, un 19,1% recurrió a academias o profesores particulares para recibir clases de apoyo fuera del centro. Los importes por usuario fueron 581 euros en alumnos de aulas públicas, 638 euros para los de aulas concertadas y 913 euros para los de aulas no concertadas. El mayor índice de asistencia en actividades extraescolares (de apoyo y ocio) en el propio centro se encontró en primaria, con el 41,7 % del alumnado. Fuera del centro, el nivel con mayor participación fue el bachillerato, con el 38,4 % de los estudiantes.

¿Quién elige: el padre o el hijo?

Realizar actividades extraescolares es algo beneficios porque “favorece la socialización, la tolerancia, el respeto a las normas y el entrenamiento en la frustración, lo que redunda en el desarrollo de la autoestima”, explica Natalia Ortega de Pablo, psicóloga de Activa Psicología.

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Sin embargo, la clave está en que sean los menores los que decidan a qué clases extraescolares quieren ir para que no dejen de hacer otra de sus necesidades vitales: jugar. Algunos expertos levantan la voz contra esa falta de tiempo para jugar, lo que provoca niños estresados por una agenda repleta de actividades, con dificultades para concentrarse o para la lectura e incapaces de disfrutar del momento. Algo que, además, puede redundar en una falta de capacidad de decisión y escasa creatividad.

Aunque las clases de refuerzo académico pueden ser convenientes (e incluso necesarias) cuando el menor flojea en alguna asignatura, quizá son muchos los padres que, desde bien pequeños, apuntan a sus hijos a toda clase de actividades para que sepan inglés casi antes que español y para que sean buenos en muchas disciplinas: desde el arte hasta los deportes. Y, como para todo, hay estudios sobre las ventajas y los inconvenientes de este tipo de actividades.

Existen, sin embargo, pocos datos científicos sobre los riesgos reales y los beneficios concretos de que los menores participen en este tipo de clases fuera del horario escolar.

¿Cuántas son pocas o muchas actividades?

Pero incluso cuando son los propios niños los que piden realizar estas actividades, ¿cómo saber si son capaces de asumir toda esa carga adicional? “Las horas a establecer dependerá del tipo de niño y de la cantidad de carga escolar que tenga”, explica Natalia Ortega quien, en cualquier caso, recomienda no sobrecargar de horas extraescolares a los niños “ya que se están dando casos donde empiezan a acusar ansiedad y reclaman más tiempo de juego. En la actualidad muchos centros sobrecargan a los niños de deberes y estudio y, si a eso le añadimos una sobrecarga de actividades extraescolares, los menores no tienen tiempo para jugar y ello no favorece el desarrollo de su creatividad”.

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En cuanto al tipo de actividad más recomendada, también entran en juego la edad y el carácter del menor. Así, si éste es “movido”, inquieto y con mucha fuerza, las actividades deportivas pueden ser una buena vía de escape para toda esa actividad. Si, por el contrario, es un niño más pausado, reflexivo y creativo, actividades de música o pintura podrán fortalecer esas características.

Las más recomendadas

En la etapa infantil suelen ser muy beneficiosas la psicomotricidad, la música y el inicio de otros idiomas “dada la facilidad de aprendizaje en las edades más tempranas”, explica la piscóloga. Mientras, las artes marciales son muy recomendables para niños con problemas de atención e hiperactividad, ya que favorece la autorregulación, la memoria y la disciplina. Por su parte, los deportes en equipo favorecen la socialización, el trabajo en equipo.

Además, cabe señalar que en este punto también inciden otro tipo de variables. Hace pocos días nos hacíamos eco en este mismo espacio de un proyecto, que a veces se realiza fuera del horario escolar, con el que se pretende dar una nueva salida a los niños más desfavorecidos a través de la programación.

En cualquier caso, no está de más recordar que lo poco gusta y lo mucho cansa. “Parece que sí se está abusando de las actividades extraescolares en muchos casos, lo que incide negativamente en el rendimiento académico y en un nivel de cansancio alto en los niños”, relata Natalia Ortega, poniendo de manifiesto que, en ocasiones, podemos estar logrando justo el efecto contrario al que se buscaba. Aquellos padres que deciden apuntar a sus hijos a muchas actividades para mejorar su rendimiento académico y preparación profesional, pueden estar minando las posibilidades que precisamente quieren reforzar.

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Este abuso de las extraescolares también tiene como consecuencia que apenas quede tiempo para que los hijos “compartan tiempo de ocio, charla o tranquilidad con sus padres, llevándoles a un ritmo alto de estrés diario”.

Así pues, parece que en el medio está la virtud para conseguir, precisamente, lo que preguntamos en el título de este artículo: que un niño disfrute de esas actividades extraescolares y que no le supongan una carga más que lastre su desarrollo personal.

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