¿Por qué aún seguimos desaprovechando el efecto modular de un móvil?

El teléfono modular funciona. Tiene todo el sentido del mundo. Y cada vez son más los proyectos que emergen con propuestas de este tipo: repetidores Bluetooth, carcasas LED ideales para recibir notificaciones, lentes HD, cargadores solares, baterías de hasta 10.000 mAh extra o locuras como Euromod, un añadido para convertir un Moto Z en sintetizador listo para grabar y componer música.

Desde hace años Android cuenta con gestor de módulos, de manera que podemos implementar RAM o incluso segundas pantallas, proyectores y cámaras auxiliares: el sistema operativo sabe cómo sacar rendimiento a estos complementos.

Cuando menos es más

Tendemos a apostar por una mentalidad integradora, por el hardware todo-en-uno. Y tal vez la clave está en la diversificación, por puro pragmatismo.

Mientras que en el ecosistema del PC la modularidad está completamente asumida, en la tecnología móvil este es un concepto reciente. Pensemos precisamente en un PC: adquieres un equipo sencillo, bajo un presupuesto ajustado, con una caja y fuente de alimentación de calidad, y en el futuro vas expandiendo y llenando slots, sin necesidad de reiniciar todo el proceso.

En telefonía esto se traduce en la capacidad de sus componentes: estamos alcanzando cierto techo tecnológico tanto en baterías como con la CPU. La modularidad se antoja una vía alternativa para seguir creciendo en especificaciones y ambiciones.

Nuevas posibilidades en la fotografía

Algunos directores han convertido al teléfono en su set profesional de rodaje. Cintas como ‘Tangerine’ han logrado el aplauso de la crítica sin necesidad de grandes equipos de grabación: sólo un móvil y el ojo fílmico de su dueño.

Pero el teléfono no fue el único actor en este juego: Sean Baker, su director, explicó que usó diferentes lentes adaptadas. Teléfonos como el popular Moto Z pueden transformarse en máquinas de fotografía profesional a mods como el Hasselblad True Zoom, un añadido modular que aporta obturador físico, un zoom analógico de 10 aumentos, un Flash Xenón profesional y la capacidad de hacer fotos en calidad RAW (sin pérdidas ni compresión).

Cambiando de ritmo

Siempre se ha dicho que el audio en teléfonos móviles, como poco, deja bastante que desear. No han sido diseñados para reproducir audio, sus altavoces cumplen una función multitarea. Un dolor de cabeza para el audiófilo que aspire a la máxima calidad.

Ahora imagina que estás en un cumpleaños o fiesta donde necesitas unos vatios extra, un plus de potencia. Y no te queda mucha batería. Mods como el JBL SoundBoost de Moto Z es capaz de aportar 10 horas extra de música sin necesidad de usar la batería del teléfono, es capaz de impulsar la música o las llamadas de voz con 3 W y su propio altavoz estéreo. Es tan sencillo como llevarlo encima, en el bolso o en una mochila, y usarlo cuando la ocasión lo merezca.

Editando o proyectando

Incorporar un proyector para usos muy esporádicos no parece una gran solución: consumirás recursos y batería para alimentar un hardware extra. Por otro lado, ¿por qué no podríamos usar un proyector cuando nos apeteciera?

Bajo la misma filosofía, Moto Z puede convertirse en proyector instantáneo con Insta-Share, un proyector ultrafino que otorga una hora extra de batería al teléfono y puede volcar tus imágenes o vídeos sobre cualquier superficie plana, hasta 70 pulgadas (854 MP).

Reduciendo gasto energético

Contra ese anhelado «paquete completo» tenemos la opción de reducir nuestro sistema al mínimo y potenciarlo con gadgets externos para las necesidades puntuales, estaremos ahorrando en costes y en batería.

Por cierto, la batería es el elemento más pesado de un móvil. Pero pensemos a la inversa: Moto Z puede adaptar su Incipio, una batería que concede un extra de de 2220 mAh, casi 22 horas adicionales. ¿No necesitas tanto? La retiras y la guardas en un cajón, en el coche, en tu oficina, donde creas que ese extra va a resultar determinante.

Menos espacio, menos peso encima, menos gasto energético: reducir al mínimo el terminal. Cualquier usuario que siga las noticias tecnológicas sabe que la batalla más cruda se vive en la gama básica-media. En esta franja los fabricantes luchan por posicionar el mejor equipo posible por el menor coste. Los módulos serían el complemento ideal para dar el salto a mayores ambiciones.

Una cuestión de seguridad y ahorro

Pensemos en la peor de las situaciones: la cámara de tu teléfono ha dejado de responder por un fallo de hardware. En un teléfono modular basta con extraer este componente y cambiarlo. Si sólo sustituimos las piezas que no queremos o podemos seguir usando, luchamos contra esa obsolescencia tecnológica que impone cambios no deseados.

Y esto redunda en nuestros gastos: ahorraremos en nuevos terminales, ahorraremos en reparaciones, los fabricantes presentarán un amplio abanico de mods adecuados a cada tipo de usuario y, finalmente, desarrollaremos una mayor conciencia por el reciclaje y el abuso de tirar antes de arreglar.

Los usuarios españoles tardamos cada vez más en jubilar nuestro viejo móvil, pero siempre flota ese pavor latente por perder compatibilidad y quedarnos atrás en una carrera que nosotros mismos fomentamos. La tecnología modular congenia la relación entre los usuarios más exigentes con los que no pueden hacer grandes desembolsos. ¿Todavía crees que es una idea sin futuro?

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