El día que decidimos fundir todas las bombillas por dinero

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Qué frustrante era enroscar una bombilla de filamento (incandescente) para darte cuenta que habría que cambiarla en unos años. Una sensación que las bombillas halógenas y fluorescentes no eliminaron en absoluto, y una costumbre que la tecnología led no parece querer dejar pasar. Las bombillas, simplemente, parecen estar fabricadas para romperse y para ser cambiadas.

Cuando no era el filamento era una junta. Ahora son los drivers y el deseo de ahorro. Lo que es seguro es que la vida útil de las bombillas no es la esperada, y que aunque sabemos que una bombilla puede lucir durante más de 100 años, estas terminan su vida mucho antes. ¿Por qué?

Phoebus, el malvado cártel de las bombillas rotas

Corría la década de 1920 y el mercado de bombillas estaba en auge. Lo estaba desde que en 1881 Thomas Edison comercializase una bombilla que alcanzaba las 1.500 horas de duración. La electricidad se estaba implantando en todas las ciudades, y aquí y allá sustituía al gas.

Ambas tecnologías de iluminación (gas y electricidad) tenían sus problemas para la época, especialmente cuando las conducciones mal selladas de gas de una vivienda se cruzaban con un mal aislamiento eléctrico. Pero las bombillas ganaron la batalla a los faroles por comodidad.

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Componentes de una lámpara de descargas (Discharge lamp) un informe de 1951 con datos de la existencia del cártel Phoebus

El sueño de Edison era el que no hubiese en Europa y América un lugar oscuro, y su objetivo era pasar de las 1.500 horas de luz por bombilla a las 2.000, las 2.500 y quién sabe, quizá romper la barrera de las 3.000 horas teóricas.

Pero algunos de los inversores más importantes entre las comercializadoras de bombillas no estaban de acuerdo con esta idea vanguardista. Una bombilla que dure el doble que otra reduce las ventas de bombillas a la mitad, y el beneficio a la mitad.

Por eso, en 1924 nació Phoebus, un cártel organizado que tenía como objetivo el controlar no solo el suministro global de bombillas, sino reducir su vida útil por debajo de la barrera de 1.000 horas de manera paulatina con «El Comité de las 1.000 horas de vida», formado dentro de Phoebus en 1925.

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Decremento de la vida media de las bombillas para adecuarse a las exigencias de Phoebus. Fuente: AFD

El comité robó, golpeó y amenazó a conciencia a cientos de compañías eléctricas por todo el globo, así como crearon las suyas propias o se adueñaron de otras ya existentes. Una mafia en toda regla.

A los ingenieros que trabajaban en cada una de las fábricas de las compañías, y que estaban logrando autonomías de cerca de 3.000 horas, se les dijo que buscasen el modo de hacer que las bombillas durasen menos, bajo pena de despido (o algo peor). De modo que el mercado se invirtió. Pese a que en 1926 había ya un amplio mercado por encima de las 1.500 horas, estas fueron poco a poco reduciéndose.

Dos años después de haberse creado el cártel, y apenas uno tras el comité, se había alcanzado el objetivo. Todas las fábricas del globo fabricaban para una duración máxima de 1.000 horas.

La Shelby Electric Company y la bombilla centenaria

Hacia 1890, mucho antes de Phoebus y apenas una década después del invento que Edison donó al mundo, la Shelby Electric Company (Livermore, California) fabricó una tirada de bombillas. Incandescentes, se trataba de bombillas totalmente normales para la época: filamento de carbón y soplado a mano.

Nos resulta curioso que haya registros de dónde estuvo la bombilla antes de acabar donde se encuentra ahora, y que solo se explica por la importancia relativa de la tecnología del momento del mismo modo que hoy una empresa puede registrar el número de ordenadores de sus empleados.

En 1901 iluminó una cochera, más tarde a un garaje, y finalmente un parque de bomberos:

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Bombilla soplada a mano porla Shelby Electric Company en 1890, donada al cuerpo de bomberos de Livermore en 1901 y que sigue luciendo desde entonces. Fuente: CentenialBulb.org

Y allí se quedó, ajena a la mafia Phoebus, durante 71 años. Mike Dunstan —un reportero— se dio cuenta de que la bombilla del parque de bomberos de Livermore podría llegar a ser bastante vieja. Para sorpresa del mundo entero, una tarea de investigación le indicó el tiempo que llevaba encendida.

Por lo que sabemos, lleva luciendo desde 1901 casi de manera ininterrumpida (se estima el tiempo que ha estado apagada en menos de 40 minutos). Si podemos hacer bombillas que duren 100 años, ¿por qué no las fabricamos?

La tecnología led y las 50.000 horas de luz

Allá por 1920 el mundo era más pequeño (y estaba mucho menos informado y normalizado). Con una población sin acceso a la información resultaba demasiado fácil la existencia del cártel Phoebus. Ni siquiera se tenían que esconder para llevar a cabo sus actividades ilícitas.

Pero desde mediados del siglo pasado el mundo ha cambiado. La llegada de organismos como las Naciones Unidas y de tecnologías como Internet han hecho que exista una preocupación creciente por los residuos que generaban todas estas bombillas, así como por el gasto que conllevan aquellas que no son eficientes.

Es por eso que la llegada de la tecnología led ha calado tanto en la población. Por un lado, estas bombillas consumen cerca de un 80% menos (reales). Por otro, hay demasiadas marcas y fábricas como para tener control sobre ellas por parte de un solo organismo, y los tiempos de vida de las bombillas han ascendido rápidamente a 5.000, 10.000 y 50.000 horas (horas útiles, no horas reales).

Vida más larga, precio más abultado

Por ahí pululan todavía rumores, mentiras, medias verdades y mucha desinformación sobre la existencia actual del cártel y su transformación. Lejos de asegurar hechos de los que no tenemos confirmación, sí podemos observar una tendencia al alza del precio de las bombillas a medida que alargan su vida útil.

A día de hoy, una bombilla E27 led A+ de 7W equivalente en lúmenes a una bombilla halógena de 60W ronda los 5 euros y marca una vida útil (en condiciones ideales de temperatura, humedad, uso, radiación) de 10.000 horas, de las que reales probablemente alcancen las 2.000 o 3.000.

Hasta 50.000 horas útiles (~16.000 horas reales de uso) suelen pagarse aparte para el grueso de las marcas, especialmente si nos salimos del casquillo E27 a otros menos comunes.

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Hay una división bastante clara en dos tipos de mercado diferentes: marcas reconocidas y con larga trayectoria cuyas horas marcadas sí son reales (y que pueden rondar las 15.000 horas serigrafiadas en producto), y marcas desconocidas muy deslocalizadas que marcan la vida útil mencionada de 50.0000 horas, generalmente de venta en Internet y desde fuera de la UE.

Aunque la tendencia de ambos mercados es creciente en horas y precio, algo que al consumidor podría suponer un problema.

Garantías por encima de dos años y bombillas premium

La regulación europea (esa que bajó los humos al cártel) establece en un mínimo de 2 años la garantía de un producto comprado a empresas radicadas en suelo de la Unión Europea. Por lo que comprar una bombilla que anuncie más de las 17.520 horas que tienen esos dos años quizá no nos salga a cuenta, especialmente si no nos fiamos de la marca.

Estas bombillas premium —de más duración estimada que la garantía que el propio fabricante está obligado a prestar— han inundado el mercado. Y están añadiendo en el momento de la compra garantías extendidas (previo pago) para cubrir esas horas de más que ofrecen. Algo que no tiene contentas a las asociaciones de consumidores, que entienden que un producto que se anuncia por encima de las 17.520 horas de uso ininterrumpido debería llevar una garantía asociada e incluida en el precio de la bombilla superior a dos años, y de la duración marcada por la anunciada en el producto.

En el terreno del marketing las opciones premium (pero con con especificaciones relativas a las nominales) han empezado a emerger en un mercado de diferenciación.

Bombillas para toda la vida, como las de la empresa Iwop, llenaron los titulares de los periódicos hace unos años, colocando a los compradores en la incertidumbre: ¿compro algo que se anuncia para toda la vida pero cuya garantía dura solo dos años? ¿Qué ocurre si no es cierto lo que anuncia?

O bombillas de lujo, como la que la revista Wired anunció este mismo año. Una bombilla led con una duración mínima de 10.000 horas y 7,5W de consumo (algo muy habitual en el mercado) tiene el coste de 170 dólares americanos. Aquí la diferencia de precio no radica en sus especificaciones técnicas, sino en el diseño, los materiales y la el grado de calidez ideal. Signifique esto último lo que signifique.

El que no dispone de capital para entrar en el mundo de las bombillas de lujo e iluminar su casa con miles de euros en bombillas no se plantea este tipo de luminarias. Pero sí que surge la duda de si cambiar ledes que funcionan por otros nuevos que consumen menos.

Hace décadas que, tanto si existe el cártel como si no, hemos empezado a renovar la luminaria por encima de las necesidades reales. Quizá ahora no haya nadie que marque con 1.000 horas la obsolescencia de la luz, porque ya no hace falta. Hemos cambiado la frustración de tener que cambiar una bombilla de incandescencia por el deseo de cambiar un led, desechando tecnología perfectamente funcional.

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Por ejemplo, el paso de 14W a 12 o a 7W. Debemos tener en cuenta que los kWh ahorrados en la tarifa de la luz –al cambiar de un led a otro de unos vatios menos– nunca compensan el gasto energético y CO2 malgastado en fabricar ese nuevo led que en realidad aún no necesitamos, y que adelantando nosotros su muerte tecnológica estamos contribuyendo (por ahorrar unos euros) a contaminar un poco más el planeta.

Imágenes | Comfreak, Unsplash, BiKra

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