El ocio mató al estrés

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El descanso dominical es un concepto bastante reciente, en términos históricos. En España no se aprobó la ley que establecía el domingo como día obligatorio de descanso en las fábricas hasta 1904, forzando a que los empresarios dieran un día libre a unos empleados que, hasta entonces, trabajaban todos los días, sin parar. Esa saturación laboral llevaba a que sufrieran más enfermedades y a que tuvieran unas peores condiciones de vida, y con la ley de descanso dominical se empezó a reconocer el derecho al tiempo de ocio como parte fundamental de nuestra vida.

Ahora no estamos obligados a ir a la oficina todos los días y estar allí a todas horas, pero la facilidad de conexión con las tareas laborales desde cualquier lugar puede llevarnos a que terminemos trabajando los sábados a las 10 de la noche si no tenemos cuidado. Por eso, periódicamente surgen estudios y recomendaciones institucionales que recuerdan la importancia del tiempo libre, del ocio. En 2010, por ejemplo, una investigación de la Universidad de Rochester (Nueva York) establecía que las personas eran más felices y se sentían mejor, física y mentalmente, durante los fines de semana.

El cerebro necesita desconectar

Richard Ryan, autor de aquel estudio, señalaba que “lejos de ser frívolo, el tiempo relativamente libre en los fines de semana ofrece oportunidades importantes para relacionarse con otros, explorar intereses y relajarse; necesidades psicológicas básicas que la gente debería tener cuidado de no apartar con el sobretrabajo”. Pero, como decimos, la posibilidad de comprobar nuestros e-mails desde nuestro smartwatch (o hasta nuestro smartring) nos lleva a crearnos la sensación de que estamos obligados a seguir trabajando incluso cuando ya estamos “fuera de servicio”.

En 2012, un estudio de Harris Interactive con trabajadores de Estados Unidos concluyó que más de la mitad de los encuestados realizaban algún tipo de tarea relacionada con el trabajo cuando estaban de vacaciones. El 30% de ellos comprobaba sus correos electrónicos y el 23% contestaba a llamadas telefónicas relacionadas con el trabajo, por ejemplo, lo que les lleva a estar permanentemente conectados. Jennifer Whitaker, fundadora de la empresa Executive Brilliance, afirmaba en aquel estudio que “es difícil hoy en día porque estamos muy conectados. Estamos todo el tiempo mandando mensajes, tuiteando y entrando en Facebook. La gente rara vez está desconectada, tanto personal como profesionalmente”.

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Y nuestros cerebros necesitan esa desconexión para poder funcionar. A partir de la década de 1990, cuando se empezaron a utilizar resonancias magnéticas para el estudio del cerebro, se descubrió que había varias regiones dispersas del cerebro que se mostraban muy activas cuando una persona estaba simplemente tumbada sin hacer nada. Este hallazgo acabó siendo nombrado como Red Neuronal por Defecto, y acabó demostrando que uno de los primeros estudios hechos en 1929 por Hans Berger tenía razón: el cerebro nunca se apaga, siempre está en un estado de constante actividad, pero a veces hay que dejar que esa actividad no esté tan concentrada como cuando estamos trabajando.

La actividad de la Red Neuronal por Defecto se asocia a una manera indirecta del cerebro para resolver problemas, y también se afirma que es más utilizada por las personas más creativas. Por supuesto, están también los estudios que apuntan que, durante las horas de sueño, el cerebro se dedica a consolidar información que ha adquirido durante el día, pero necesita un mínimo de horas para poder rendir en plenitud. Para un adulto, ese mínimo se sitúa entre siete y nueve horas.

El ocio conectado

Aprovechando cualquier pared para proyectar

Paradójicamente, si antes decíamos que la interconectividad tecnológica de la época actual dificultaba que nos tomáramos un descanso de nuestras obligaciones laborales, también nos ofrece un buen número de actividades de ocio para utilizar en nuestro tiempo libre. En 2008, por ejemplo, un estudio detectó que los parques naturales de España, Japón y Estados Unidos habían recibido entre un 18% y un 25% menos de visitas desde la década de los 80, en parte, por la posibilidad de desarrollar actividades de ocio electrónico en casa.

Cada vez tenemos más “aparatitos” que fomentan, por ejemplo, el ocio en familia, y los hábitos de consumo de contenidos digitales cada vez son mayores. El año pasado, el censo Somos Digitales estableció que, por ejemplo, los españoles poseen, de media, seis dispositivos digitales (entre móviles, videoconsolas, tablets, etc.), y que, de las películas y series de televisión que ven de modo digital, por streaming, el 54% lo hace diariamente. De hecho, los contenidos de vídeo son los preferidos (97%). Un 83% de los usuarios españoles accede habitualmente a algún tipo de contenido digital.

La tecnología está presente en todas las facetas de nuestra vida, pero hay que saber utilizarla para cada momento. Del mismo modo que puede atarnos al trabajo sin descanso, también puede proporcionarnos momentos de desconexión que necesitamos para que nuestro cerebro se dedique a otras tareas diferentes, para que nos relajemos y afrontemos el trabajo pendiente con otra disposición. El tiempo libre nos ayuda a eliminar esa sensación de “estar quemados”, de agotamiento mental, que puede impedirnos alcanzar nuestros propósitos.

Foto MRI | Fuente OpenStax College

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