Este videojuego no se hizo sólo para divertirse, sino para educar

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Cuando hablamos de videojuegos, la asociación más habitual es la del ocio. Es normal que nos imaginemos a alguien tirado en el sofá, jugando durante horas a World of Warcraft sin levantarse ni para beber agua. Pero el mundo de los videojuegos es mucho más amplio; el Flight Simulator no sólo sirve para que matemos el tiempo sintiéndonos como pilotos de cazas de combate o avionetas, sino que es una versión de los simuladores empleados para entrenar a futuros pilotos.

Su competencia, X-Plane, sí que ha sido utilizado como software de entrenamiento, pero no es el único. De hecho, hay algunos juegos que reúnen no sólo el adiestramiento del jugador en alguna técnica, sino también su educación, contribuyen a que sus usuarios aprendan nuevas capacidades sociales.

Aprendiendo a relacionarse

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El ejército de Estados Unidos hace tiempo que se sirve de videojuegos de combate para entrenar a sus soldados en nuevas técnicas y nuevos terrenos, pero en 2008 dio un paso más allá al añadir la posibilidad de que los jugadores trabajaran igualmente sus habilidades de socialización con otras culturas. Elaine Rayburn, directora del proyecto, explicaba en su momento que “no estamos hablando de un entrenamiento cinético, sino de uno sobre comunicación interpersonal, aptitudes de negociación y entendimiento mutuo. El objetivo es que los soldados piensen y se comuniquen mejor bajo condiciones de estrés”.

Los jugadores, así, tenían que cumplir misiones en las que no sólo debían responder a una emboscada en una carretera, por ejemplo, sino que también tenían que negociar con los líderes locales afganos, por ejemplos, para garantizar el paso seguro de un convoy militar por su región. El juego permitía hasta 64 usuarios online, y los instructores podían intervenir en él, para introducir cambios y nuevos retos, en cualquier momento.

Este aspecto de las relaciones sociales es también importante, salvando las distancias, en la utilización de videojuegos para mejorar las condiciones de vida de los niños autistas. Un colegio australiano utilizaba el juego Happy Action Theater precisamente para tratar ese aspecto del autismo. Al estar desarrollado para Kinect, y poder jugarse sin mandos ni botones, sino con todo el cuerpo del jugador, fomenta el contacto con otras personas, ya que está pensado para varios jugadores.

La gamificación educativa

Al hablar de videojuegos educativos, solemos pensar enseguida en los diseñados para niños pequeños, que buscan enseñarles vocabulario, u operaciones matemáticas sencillas, o les obligan a utilizar la lógica para resolver diferentes puzzles. Big Brain Academy o Brain Training popularizaron esos juegos de concentración para ejercitar el cerebro, hasta el punto de que parte de su publicidad se dirigía hacia personas mayores que querían mantener una mente atenta y despierta.

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En algunos colegios se han ido integrando los videojuegos no sólo para apoyar la enseñanza de, como hemos dicho, las matemáticas o un mejor dominio del lenguaje, sino para potenciar otras habilidades en los alumnos, como su capacidad de concentración, su dominio espacial o su coordinación ojo-mano. La revista Scientific American publicaba el año pasado un estudio sobre la gamificación de la educación en el que intentaba discernir si realmente los videojuegos eran el futuro en las escuelas.

El colegio neoyorquino Quest to Learn, por ejemplo, utiliza tácticas de los videojuegos para desarrollar el modo en el que imparte algunas asignaturas, haciendo que sus alumnos tengan determinadas misiones que cumplir, que deban tomar decisiones entre varias respuestas correctas a un mismo problema, etc. Los principales defensores de la utilización de videojuegos en las escuelas afirman que ayudan a los alumnos a navegar mejor el mundo interconectado moderno, y que fomentan su creatividad. Minecraft, por ejemplo, tiene una versión especialmente orientada a su uso educativo.

Un terreno por explorar

Aunque parece haberse abrazado el potencial educativo de los videojuegos, también está claro que este uso tiene sus limitaciones. Los expertos apuntan que hacen falta más estudios para comprobar si realmente mejoran el rendimiento académico de los estudiantes, y hasta qué punto puede ayudarles a tener una mejor memoria cognitiva, la que utilizamos para llevar a cabo nuestras tareas diarias.

Todavía es un territorio bastante nuevo, y hay bastantes aspectos por explorar antes de decidir si ser aficionado a los videojuegos representa una ventaja sobre otros alumnos, y en qué campos. Sí parece claro que hay juegos que ayudan a mejorar determinadas capacidades de nuestro cerebro, como Portal, para el que se requiere un buen dominio del espacio, y hasta los FPS (first person scooter) ayudan a que fortalezcamos la coordinación entre lo que ven nuestros ojos y lo que hacen nuestras manos.

Bernie Dodge, profesor de tecnología y diseño para el aprendizaje en la Universidad Estatal de San Diego, afirmaba a la cadena de radio KPBS que “vi a mi hijo, con 4 o 5 años, descubrir intuitivamente qué podía dar estabilidad a un sistema solar”, y lo había hecho a través de un videojuego que le había enseñado mecánica celeste. Nunca se sabe dónde puede aprenderse algo nuevo. ¿Quizá en nuestra próxima partida en línea a FIFA 2015?

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