Hablamos con un gusano sobre qué opina de la consciencia humana mejorada por un procesador cibernético

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—¿Qué piensa usted de Schopenhauer?

—Un hombre sabio. Él decía: «El hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales».

—¿Tiene usted consciencia?

—Sí, aunque reducida. Por eso me hubiese llevado bien con Schopenhauer.

—Y, ¿qué opina sobre la consciencia humana mejorada por un procesador cibernético?

—Yo de política no hablo, me limito a comer hojas.

Los humanos siempre nos hemos sentido especiales con respecto al universo. Elegidos, importantes, inteligentes. Muy por encima de las cosas mundanas del mundo tangible que nos rodea. Nosotros tenemos algo que ni la naturaleza ni las máquinas poseen: tenemos nuestra inteligencia. Durante mucho tiempo, eso bastó para considerarnos la especie más importante.

No es difícil comprender por qué. Durante decenas de miles de años, el ser humano ha mirado a su alrededor sin poder comunicarse con nada. En su propia escala, en la que la inteligencia y la comunicación constituyen la consciencia, no ha encontrado nunca nada parecido a sí mismo- Ha construido credos e imperios alrededor de esta idea, válidos… hasta ahora.

¿Es más consciente un gusano o un termómetro?

Dice Michio Kaku, científico, futurólogo y divulgador, que la consciencia es una palabra sencilla a un concepto complejo. Tanto, que hemos sido incapaces de dar con una definición aceptada. Para algunos la consciencia nace en la resolución de problemas, para otros tiene más que ver con la memoria, con cómo se comporta el cerebro o con la capacidad para detectar patrones.

No hay consenso científico ni filosófico sobre lo que es, pero sí existe una vertiente ampliamente aceptada de que consciencia incluye, al menos:

  1. Capacidad de sentir y reconocer el entorno. En otras palabras, sentidos como el tacto o la vista.
  2. Autoconsciencia, o darnos cuenta de que tenemos consciencia.
  3. Capacidad para predecir un futuro. Es decir, de simular posibles resultados que van a venir en un futuro.

Esta clasificación nos dice que toda forma de vida tiene algo de consciencia (aunque muy leve) y que incluso la comparten con algunas máquinas. Pongamos el ejemplo de una piedra, un destornillador, un gusano y un termómetro. Si preguntamos a cualquiera de los tres es muy improbable que no nos digan nada, pero de su observación podemos averiguar que poseen:

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Catalogación de características de la consciencia para diferentes entidades. Marcos Martínez.

Tanto la piedra como el destornillador, al no estar animados, no pueden ser conscientes de sí mismos. Pero es que tampoco pueden sentir el entorno, ni mucho menos predecirlo.

Sí que pueden sentir el termómetro y el gusano, y solo este puede predecir. Es decir, adelantarse a los hechos. Como que falta de humedad significa falta de comida, o que sentir el sol significa peligro de muerte inminente. Tendemos a considerar básica la inteligencia del gusano, pero lo cierto es que casi todos los animales usan mecanismos de proceso de datos similares.

En función de unas entradas externas (los sentidos) son capaces de actuar según unos parámetros predictivos. Según esta tabla, un gusano es más consciente que un termómetro. Pero, ¿y si al termómetro le ponemos un procesador?

Pero claro, sería como comparar la piel de un gusano con un gusano entero. Un termómetro carece de procesador. ¿Y si lo tuviera? ¿Y si en lugar de un termómetro tenemos un termostato?

La consciencia de un termómetro unido a un procesador

Los edificios modernos incorporan una miríada de sensores para el ahorro de energía. Y los procesadores les dicen a las máquinas cómo deben comportarse según lo que les chivan los sensores, algo fácil de ver en con la regulación de la temperatura. Cuando hace calor, se activa la máquina de frío, y cuando hace frío se activa la de calor.

Sin embargo, este nivel de inteligencia básico (comparable al del gusano del ejemplo anterior) ha sido mejorado con el tiempo. Ahora nuestros edificios pueden predecir cuál será la temperatura de dentro de una hora, de dentro de un día, o si hará viento la semana que viene.

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Catalogación de características de la consciencia para diferentes entidades. Marcos Martínez.

En función de esos parámetros podrían adaptar parte del edificio (generalmente en el comportamiento de las máquinas) para evitar un gasto innecesario de energía. En otras palabras, un termostato ha conseguido con respecto al termómetro cierta consciencia.

Sin embargo, les falta reconocerse a sí mismos como conscientes para cumplir todos los puntos.

Los humanos, la inteligencia artificial y la inteligencia mixta

Abríamos diciendo que los humanos somos autoconscientes. Gracias a la evolución y a cientos de miles de generaciones, somos capaces de identificarnos como seres inteligentes y racionales. Pero no lo hemos conseguido nosotros solos, es algo que hemos heredado gracias a que los billones de seres que nos precedieron leyeron el entorno (primera condición) y lo pronosticaron bien para no morir (tercera condición).

La inteligencia artificial, entre los que están los edificios inteligentes o los robots que irán a la compra por nosotros, también incluye un nivel similar al nuestro. IAs que se darán cuenta de que existen, y que cumplen todas las condiciones al igual que nosotros.

Según todos los expertos, la única necesidad para que existan inteligencias artificiales es un avance en el procesamiento de datos, en algoritmos y matemática, y en una disminución del consumo energético. El cerebro humano consume 20 watios, mientras que un muy limitado ordenador de sobremesa multiplica por diez esa cantidad.

Pero lo más probable es que la inteligencia artificial, así como el ser humano, acaben convergiendo en una inteligencia mixta con aspectos neuronales tanto biológicos como artificiales. Una suerte de cíborg en el que un cerebro o procesador central podrá ser enlazado a una infinidad de periféricos aún por descubrir.

 

El gusano, o el termómetro, no son muy distintos de nosotros mismos. Ambos son máquinas especializadas, aunque en ambos casos han tenido poco tiempo o acierto en su evolución, y cuya baja capacidad de procesamiento han impedido que alcancen un nivel de consciencia menor.

Solemos atribuir a animales (especialmente insectos) y máquinas un estatus inferior. Incluso algunos idiomas los relegan a una tercera forma gramatical para separarlos de nosotros. ¿Seguirá siendo así cuando insertemos en nuestros cerebros memorias ampliadas? ¿Veremos distintas a las máquinas que tengan la capacidad de pensar?

Imagen de portada | Un gusano, suponemos que feliz

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