¿Qué habrían pensado nuestros héroes científicos sobre los drones?

Durante el 99% de la historia de la humanidad lo más parecido a un dron han sido las lanzas de madera que cruzaban el cielo sobre los campos de batalla en busca de un impacto certero. Si esta impactaba sobre el enemigo se debía únicamente a la destreza del lanzador, siendo imposible cambiar la trayectoria una vez soltada. Quizá debido a eso siempre ha existido cierto escepticismo para aceptar que un humano podría manejar un objeto por el aire.

En poco más de un siglo hemos conquistado el cielo (es más bien un alquiler por horas a cambio de energía) y hoy volamos todo tipo de máquinas. Cuando hace unos años empezamos también a lanzar drones al aire quedó patente la ingente cantidad de personalidades históricas que se equivocaron de manera estrepitosa cuando dijeron que volar drones (UAVs) era imposible. Te hablamos de unos pocos.

Volar es imposible

Volar es imposible, y esto lo sabía todo el mundo en la antigüedad. No por nada las flechas lanzadas al aire o las rocas de los trebuchets impactan a cientos de metros de donde han sido lanzadas hacia el aire. Teniendo en cuenta que no hace demasiado que descubrimos cómo era posible que las aves o los insectos volasen, no es raro que en la antigüedad se pensase que surcar los cielos solo era para los dioses.

Y es que en la Grecia Antigua los drones sí estaban permitidos si eran guiados (desde tierra o desde el monte Olimpo) por los dioses. Estos carros-dron incluso se usaban en las leyendas como armas de destrucción masiva hacia aquellos pueblos que habían insultado a tal o cual dios. Algo frecuente en la literatura de aquél entonces.

Tan frecuente que el escritor sirio Luciano de Samóstata (125-181 d.C.) escribía en sus Relatos verídicos una parodia tanto a la religión como a la literatura de viajes. Por ejemplo, con el viaje de los humanos a la Luna (y al Sol y al Hades). También contó cómo explorábamos lo que ahora conocemos como Sistema Solar y librábamos nuestra primera batalla interestelar allá arriba usando «naves sin auriga» (auriga: el que lleva el carro). Por supuesto lo escribió en tono jocoso, no es que volar fuese algo posible ni nada de eso.

Como veremos más adelante con Nikola Tesla, las naves aéreas tenían forma bien de carro (dioses griegos y romanos), o de barco (egipto y renacimiento). Pero no hay que irse a la historia antigua para encontrar a negacionistas del vuelo.

Es posible que el lector haya escuchado el nombre de William Thomson Kelvin, por aquello de la escala de temperaturas que lleva su nombre. Este Lord escribió más de 600 artículos y solicitó cerca de 70 patentes. Entre ellas una máquina para refrigerar, una brújula para navegar en el mar y la primera sonda de profundidad de la historia. No estamos hablando de una persona con pocos conocimientos sobre el mundo, vaya. Es más, gran parte de los actuales se los debemos a Lord Kelvin, que fue el primero en mencionar la panspermia como aparición de la vida en la Tierra o en sacarse de la manga la termodinámica.

lord Kelvin dron

Sin embargo, cuando personalidades con más visión aérea que él le preguntaban si sus numerosas invenciones llevarían a una humanidad volando, él contestaba que no, que la humanidad nunca volaría porque «El vuelo de máquinas más pesadas que el aire es imposible».

Pese a su opinión pública al respecto, la Sociedad Aeronáutica intentó reclutarle hacia 1889, pero él declinó la oferta con el siguiente telegrama:

«Me temo que no estoy en la corriente de la “navegación aérea”. Estuve muy interesado en su trabajo con cometas, pero no tengo la menor molécula de fe en la navegación aérea más allá de los globos aerostáticos o de la expectación de buenos resultados de alguno de los experimentos de los que escuchamos. Así que comprenderá que no tenga interés en ser miembro de la Sociedad Aeronáutica».

La humanidad llevaba desde 1790 haciendo pruebas (exitosas) de vuelo a máquina de vapor usando globos y zepelines, pero el negacionismo es como es.

Puede que se pueda volar, pero…

Al otro lado de la moneda estaba Nikola Tesla, que un año antes de que Kelvin enviase el famoso telegrama andaba patentando un «dispositivo para controlar el movimiento de buques o vehículos». Tesla no lo sabía, probablemente porque tras la patente no hizo nada con ella, pero había inventado el dron dirigible.

patente dron nikola tesla

El mecanismo, que puede verse flotar en la imagen entre el agua y la atmósfera, iba a usar el principio de flotabilidad a la hora de abordar los cielos (como los globos). De modo que Tesla no imaginó los drones con rotor, sino más bien como ollas a presión (reducida) que ayudasen con un empuje vertical no solo a mantenerse a flote en el agua, sino a cruzar el horizonte. Manejados, por supuesto, desde tierra usando una radio.

Pero la aviación en globo, zepelín o aerostato, quizá por los numerosos accidentes con el hidrógeno, fue usada en contadas ocasiones y poco a poco relegada al olvido.

El 17 de diciembre de 1903, cuando el Wright Flyer realizó el primer «vuelo sostenido en una aeronave más pesada que el aire» durante 12 segundos fue evidente para el imaginario popular que los aviones con rotos serían el futuro de la aeronáutica. Volar pasó de ser una actividad estúpida de vagos haciendo el bobo a definir el futuro de la humanidad.

Volar es posible, asequible, y letal

Hacia 1925 (la imagen de abajo es de 1924) todas las naciones con recursos soñaban con controlar el combate aéreo. Y nació, de la mano de editores de ciencia ficción como Hugo Gernsback –a quien pertenece el dibujo– el combate aéreo autónomo.

drones en 1924

En la imagen se lee «The Pilot-less radio television plane, directed by radio, the plane’s “eyes” radio bark what they see». Fuente: Gizmodo.

Es un poco triste que la única aplicación que planeaban para los drones fuese el de instalarles cámaras, receptores de radio y ametralladoras, pero lo cierto es que la URSS de aquél entonces y los EEUU empezaron programas de investigación relacionados con esta modalidad de vuelo.

Mientras que el público global permanecía casi a oscuras al respecto (pensemos en lo caro que era un billete de avión) los científicos y escritores de ciencia ficción calentaban motores. H.G. Wells seguía a Julio Verne en la creación de disparatadas historias de mundos imposibles que ayudaban al imaginario público a evadirse de los problemas de las guerras europeas. No demasiado bien, claro, porque en estos paisajes fantásticos había máquinas más bien malignas que tendían siempre a destruir a la humanidad.

Comprensible en un entorno en el que las tensiones políticas y las guerras fomentaban la investigación en armamento autónomo como el Sdkfz (arriba), un dron-tanque pilotado a cierta distancia usando radio.

Volaremos con un dron, y conquistaremos otros planetas

Es destacable que en mitad de un conflicto europeo tras otro hubiese quien veía la tecnología no como un arma (aunque también ayudó en este campo vía Proyecto Manhattan), sino como un asidero para la paz que ayudaría a la humanidad no solo a prosperar en la Tierra, sino a elevarse por el cielo y colonizar otros planetas por nosotros. Eso sí es un dron, y lo demás son tonterías.

Hablamos de John von Neumann, el inventor de la máquina autorreplicante. Aunque en un primer momento se las imaginó en base a la tecnología de su tiempo como brazos robóticos sobre mesitas con ruedas, pronto las miniaturizó en pequeñas naves voladoras.

máquina dron de van neumann

Incluso escribió tratados sobre cómo podríamos usar estas naves para lanzarlas hacia el Cinturón de Asteroides en un pequeño número (10-100 unidades) y esperar sentados a que se replicasen y empezasen a enviar recursos a la Tierra o a terraformar Marte. Como cada dron de Von Neumann podría multiplicarse exponencialmente, en pocos años habría todo un ejército de máquinas distribuido por el Sistema Solar que serviría a nuestros fines.

 

Hoy día es fácil ver un dron y darle salida artística (grabar eventos deportivos), militar, de ocio o incluso de mensajería. Sin embargo hay que resaltar la visión que tuvieron algunos personajes de la historia para visualizar un mundo que estaba mucho más allá de la tecnología del momento.

Habría que analizar a fondo el mundo actual para localizar a aquellas mentes que hoy son capaces de hablar de lo que vendrá dentro de 50, 100 o 200 años. Quién sabe cuál será la próxima tecnología dron o quién hablará primero de ella.

 

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Imágenes | iStock/genlock1, Lord Kelvin, Patente de Tesla, Máquina autorreplicante

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