La afición convertida en negocio. Así se trabaja feliz. Entrevista a Cristina Piña

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Entras a las nueve de la mañana y te vas a las seis de la tarde, hasta mañana, un día más en la oficina. A la jornada siguiente se repite el proceso, y así mes, tras mes, durante años. Una vida tranquila, una posición cómoda, pero una afición pide paso. La pasión y las ganas de disfrutar haciendo lo que más te gusta. Solo el vértigo de dar el salto ante nuevas aventuras frenan la decisión de cambiar. La inestabilidad económica precisa de un plan, de motivación, pero sobre todo de talento, como el de Cristina Piña. La diseñadora española, después de mucho tiempo pensándolo, un día decidió arriesgarse, dejar su trabajo en Microsoft y luchar por su sueño. Hoy, cuatro años más tarde de lanzar su propia firma al mercado, puede presumir de trabajar feliz, de hacer frente a una aventura, que si bien tiene días y momentos muy duros, al final acaba realizándola como persona y le hace disfrutar mientras su hobbie va creciendo convertido en negocio.

Cristina Piña se ha distinguido del resto por venir desde el mundo blogger, en aquellos años de inocencia donde se compartía el gusto por la moda a través de una plataforma aún por explotar como formato publicitario. Ella vivió la moda desde pequeña, desde el atelier familiar que tenía su madre, y al final este conocimiento acabó por salir en forma de distintas colecciones que en este momento le han valido para ir cuidando su marca entre un gusto por lo delicado, por los estampados que crecen y por un trabajo artesanal que varía en enfoque y tendencias, ampliando su negocio hacia el mundo de las novias y las fiestas, donde ha encontrado su principal fuente de ingresos.

¿Cómo es el momento de plantarte y pensar que vas a montar una empresa?

No entiendo cómo pude hacerlo. Tienes que tener un respaldo económico, aunque sean tus ahorritos, pero tienes que hacer un plan de negocio que te permita tener ingresos inmediatos. Tampoco hay nada instantáneo al colgar algo en la web y venderlo, en los primeros días cada compra era un inmensa alegría y un gracias. En esa cuerda floja estás continuamente. Ahora entiendo cuando mis padres me decían que no fuese autónoma y no emprendiese, porque no tienes una estabilidad.

En mi caso estoy casada y él no es emprendedor, tiene un trabajo más estable que el mío, aunque cuando ya te embarcas en un proyecto de este volumen es otro nivel. Tienes que pagar a gente (yo tengo contratada a una persona que hace la parte de medida), contratas a una agencia de comunicación porque crees que es necesario… No sé si lo estoy haciendo bien o mal, mi planteamiento es dar pasos muy pequeños, cuando veo que puedo asumir el siguiente lo doy, partiendo de la base de al principio no tienes sueldo. Tienes que hacer tu plan de negocio de cuánto tiempo puedes aguantar sin un sueldo, cuál es mi porcentaje de ventas para salir adelante… es una cosa muy complicada.

A mí me costó un año en tomar la decisión de emprender. Recuerdo que todo el mundo me preguntaba: ‘¿cuándo vas a dejar de trabajar?’. Dejo mi trabajo y qué hago. Tengo que pagar mis facturas.

Y vivir un poco tranquila.

Vivir tranquilamente se acaba una vez que das un paso así. Ya no por dinero, sino porque tienes más preocupaciones. Lo único que echo de menos, en cierto modo, es cuando salía de trabajar a las seis y tenía tiempo libre. Ahora nunca tengo tiempo libre, nunca jamás.

Me imagino que es un precio que al final se paga. La aventura es muy bonita, pero el hecho de no desconectar puede acabar siendo un problema.

Claro. Tienes que tener la cabeza despejada, porque al final es un trabajo creativo. Hay veces que tengo que hacer una colección y no me da la vida, al estar atendiendo a la gente y otras tantas preocupaciones. Esta parte es dura, cuando tienes que forzar. Es curioso porque al final sale todo fluido. Cuando todo recae sobre la misma persona es complicado. Tú mismo vas creciendo, si eres una mente inquieta no paras de pensar en nuevos cambios. Por ejemplo, empecé a hacer estampado hace tres o cuatro colecciones y es un dolor de cabeza. No puedes tocar todas las disciplinas del mundo. A veces dices: lo puedo hacer, pero es que por tiempo no llegas. Esto es difícil de aprender. Cuando tú quieres bajar costes de según qué cosas, que además te gusta hacer, llega un momento en que tienes que parar porque no puedes con todo.

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Podrías llegar a quemarte, algo muy peligroso, tanto para ti como para la empresa, al ser la única persona al frente.

Hay momentos muy duros, de llorar por impotencia. En los momentos antes de los desfiles o las presentaciones yo lo paso muy mal, porque soy una persona bastante nerviosa y la parte que tienes a tus espaldas va creciendo poco a poco y se convierte en una losa que o llega el desfile o te aplasta. Yo no puedo con la presión.

¿En tu caso tenías formación económica para lograr empezar el negocio?

No, ahí me ayudó mucho Carlos, que es el otro 50% de Cristina Piña, pese a que no se le vea. Es mi marido. Él sí tiene una formación sobre este asunto. Su trabajo como directivo de una empresa le hace estar más centrado en números y planes de negocio.

Al final van saliendo las cosas. Muy poco a poco, pero salen. Tú puedes tener una creatividad infinita, pero no la puedes desarrollar porque no tienes medios ni dinero. A veces veo pieles, joyas, tejidos… pero hay que esperar. Tú ves que tu colección puede quedarse corta en creatividad o en otros aspectos, pero no se puede abarcar más. Realmente tu situación económica nunca es buena. Cuando vas creciendo un poco, vas invirtiendo más porque es el momento en que puedes hacer estampados u otras pruebas. Es el mismo bucle infinito. Tu vida se convierte en una cosa que gira y que no para nunca.

¿Has logrado ya la rentabilidad?

Por una rentabilidad mínima yo entiendo algo que te da una estabilidad y un bienestar. Todavía estoy en la estabilidad (risas). El bienestar aún va a tardar muchos años en llegar. Ahora mismo nos autofinanciamos bien, pero no puedes decir que haya unos beneficios alucinantes. La idea tampoco era tenerlos. Hace cuatro años que tenemos la empresa y tener una situación súper desahogada sería un milagro.

Si ahora mismo hay más beneficios que pérdidas, es positivo en tan poco tiempo, ya que los plazos suelen rondar entre los 5 y los 10 años.

Sí, andamos lo comido por lo servido. Poco a poco vas conociendo mejor tu mercado y sabes que de enero a octubre tienes que hacer tu facturación máxima. Noviembre, diciembre y principios de enero para mí son más flojos. Tú no regalas un vestidazo por Navidad o por los enamorados, puede pasar pero no es lo habitual.

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¿Cuánto puede costar un diseño tuyo?

La colección disponible en la página online es la más normal, desde 175 euros y algo en la línea prêt-à-porter. Nosotros trabajamos calidades altas. Los forros en novia siempre son de seda, que es uno de los materiales con el que siempre trabajo, porque es lo que tienes en contacto con la piel. No me gusta mucho lo sintético a no ser que sea un tejido que solo se encuentre de esta forma. Un vestido de novia completamente de seda puede rondar los 2.000 y algo.

Para una novia hecha a medida es un precio ajustado en comparación a otras marcas masivas cuyos precios pueden superar los 5.000 euros en modelos pensados a gran escala.

Puede que la gente no entienda de cortes o de patrones, pero si un vestido te queda bien o mal lo sabes, lógicamente. Luego tocas el vestido y notas la diferencia, en el tul, en la seda…. los comparas con otros materiales a los que acercas un cigarrillo y estos parecen convertirse en una mascletá.

¿De dónde obtienes tus materiales para los diseños?

Estoy muy comprometida con la producción nacional. Todo se hace en Madrid ahora mismo, hay una pequeña parte que se hace en Talavera. En España queda muy poca producción de tejidos, pero buscamos siempre que podemos de aquí y sino de la Unión Europea (Francia, Italia). No nos vamos a buscar otros países de fuera donde puede estar más barato pero no sabemos cómo han sido las condiciones de trabajo.

Es un negocio pequeño y la honestidad es una de nuestras claves. La gente me cuenta que no quiere oír que está ideal, como en muchas tiendas les dicen por más que no lo estén. Y yo eso no lo hago.

¿Cuántas clientes tienes ahora mismo?

Hay clientes que se repiten, son fieles. Aún queda la gente que se hace ropa cuando comienza el año o una temporada, pero no es la mayoría. Los principales son gente que se casan y quieren su vestido, pero luego acaban convertidos en clientes asiduos para las bodas de sus amigas, y muchas de ellas también traen a varias amigas y a sus madres. Al año, en el atelier puede haber unas 70 personas. Nosotros en multimarca tenemos muy poco, con unas producciones muy pequeñas y no pensamos en la colección para ellas. Trabajos un poco sobre pedido.

A la hora de enfocar el negocio ¿cómo se decide la distribución online y la física?

Me gusta ver las tiendas en las que estamos. Quiero controlar todo el proceso. Pero cuando llegas a una multimarca pierdes el control de tu prenda. Nosotros estamos en muy pocos sitios, y en algunos no conozco ni a la dependienta de la tienda, por ejemplo. Nosotros no hemos ido a buscar una tienda multimarca, han venido a preguntarnos, no es nuestro nicho. Me parece maravilloso que nuestra ropa pueda estar en Galicia o Valencia, pero en nuestro plan de negocio no estaba este canal como objetivo, ya que es más complicado. Aparte, en España este formato está muy castigado por la situación actual. Una multimarca internacional sí podría interesarme.

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En tu caso lo que más funciona es el estudio.

Sí, es el atelier, cuando la gente viene aquí físicamente. Muchas vienen ya del boca a boca, ya han visto el vestido a una amiga, se lo ha contado alguien o lo han visto en una revista. La tienda online funciona para la gente que no tiene la posibilidad de venir a Madrid. Es más complicado, porque no puedes tocar el tejido, no puedes verlo en persona. En online se vende poco en comparación con el estudio, pero tenemos que estar, somos una empresa del siglo XXI, y yo vengo del mundo blogger (risas).

¿Con qué te quedas de la época del estallido de los blogs?

Lo que más destacaría es la gente. La gente que te encontrabas tras los blogs era gente inexperta como yo, no sabes que iba a pasar. No esperabas que pasara nada. Tú no buscabas nada, solo disfrutar del entorno y compartir tus pasiones. Luego cuando veías que empezaban a invitarte a sitios igual cambiaba. Cuando me invitaron a asistir a algún gran premio yo solo quería disfrutar de la experiencia, y en mi caso en especial, aprender de cada marca y evento a cómo lo hacían de forma profesional.

La gente con la que me encontré en mis inicios me ayudó muchísimo. El hecho de pertenecer a esa familia blogger ha sido un básico para sacar esto adelante. Todos mis amigos bloggers se fueron a ver el desfile de Valencia de su propio bolsillo, fue un apoyo tremendo.

Este apoyo generó un gran revuelo alrededor de la marca.

Imagínate cuando no tienes una agencia de comunicación detrás. Yo no he trabajado con mi agencia hasta hace menos de un año. Los tres años iniciales ha sido arrancar de la nada. Piensa hace 20 años, intentar esto sin medios como las redes sociales. O directamente una persona que viene de fuera y se encuentra con todas las puertas cerradas. Yo al menos tenía la base de colegas de blogs que te respondían siempre que había una presentación o un evento para ayudarte. Esto al final hace que por lo menos la gente sepa lo que estás haciendo. Puede que me hayan colgado el sanbenito de la diseñadora blogger para toda la vida, pero yo feliz, porque es la realidad. Cuando haces las cosas de manera sana y te encuentras con una respuesta así es muy gratificante. Sin todo este apoyo no estaría ahora aquí.

Es una campaña de boca a boca crucial, solo que tiene que haber talento detrás.

Claro, tampoco es regalado. Tienes que hacer mucho trabajo y tiene que haber el talento detrás porque sino las cosas no se sostienen. El tema de la espontaneidad es difícil de volverlo a buscar, esto salió de una manera natural, tuve la suerte de estar en el momento y en el lugar adecuado, si lo intentas repetir después lo mismo hay una persona con talento que al forzarlo puede volverse en contra.

Ahora la situación ha cambiado por completo en el mundo de los blogs.

Lo de hoy no tiene nada que ver. Tú ahora ya sabes que si publicas algo a lo mejor puedes optar a un regalo. No te puedes imaginar la cantidad de emails que yo recibo del estilo: ‘si me das ropa te hago un post’. Esta gente está loca. ¿No se dan cuenta de lo que me cuesta a mí hacer un vestido? No tienen ni idea. ¿Cómo voy a regalar un vestido a cada persona con dos posts en su blog y 10 visitas? Lo que te molesta de esto es que no valoran tu trabajo. A mí no me regalan las telas ni el material del cielo.

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Ni tampoco, a priori, podría interesarte posicionar tu marca en ese sentido, hacia ese público.

Cuando yo empecé con los blogs casi todos eran blogs donde se escribía, ahora ya no quedan casi ninguno de estos. Ahora todas son egobloggers. Las marcas, desde el desconocimiento, que no entiendo porque es un fenómeno que lleva tantos años ya, hacen unas campañas muy pobres y tiran el dinero. Pueden pensar que si les das un producto te lo van a sacar junto a ellas y van a vender mucho. Muchas veces tu público objetivo no coincide con el de estas bloggers. La mayoría de las veces suele ser al contrario, ya que son aspiracionales. Al final es lo mismo que nuestras madres han visto en el Hola o en el Semana, es la misma relación de admiración y deseo por vestir como ellas aún sin permitirse tener lo mismo, pero nos encanta verlo.

Yo nunca he hecho una campaña enfocada a egobloggers porque no puedo, la producción de un vestido mío es costosa, por materiales y tiempo. No puedo hacer una campaña de regalar 15 vestidos porque no me va a reportar nada. Puede que se traduzca desde marcas con costes muy baratos, que la compra es más instantánea y por 12 euros es fácil caer. Pero si hablamos de 500 euros la barrera es muy alta.

En tu caso la afición de la moda viene desde casa.

Mi madre era modista, mi juguete preferido era todo lo que tenía que ver con este tema. Empecé a hacer trajes a muñecas, a veces hasta con trozos de mis faldas, cortaba un pequeño trozo y mi madre no podía ni verlo. Mis padres me dijeron todo el rato “no seas autónomo”, porque ambos lo eran y me comentaban que no me dedicase a esto porque es muy duro. Mi madre cosía a un nivel pequeño, no tenía un megataller. Estudié pedagogía laboral y trabajé haciendo selección de personal durante ocho años en Microsoft.

Empezó el tema de los blogs y me apunté. Al principio lo hacías porque si trabajas rodeada de informáticos no tenías a nadie para hablar de tus pasiones, y en mi círculo de amigos tampoco había nadie muy cercano a la moda. Así empecé y éramos cinco. La Ratita Presumida, Fashionisima, Miss at la Playa, Blog de Moda… Empezamos a quedar y de repente llegaron las acreditaciones de Cibeles, sin que yo me lo esperase. Ahí aprendí y vi cómo se hacía un desfile por dentro.

Y eso que fue Cibeles, llegas a ir a Nueva York…

Imagínate la sensación para alguien que venía de un sector tan diferente, aunque a mí me gustara mucho la moda y coser, me hacía la ropa para mí y para alguna amiga, mi madre nunca se sentó conmigo a enseñarme su trabajo, era un poco ensayo error y preguntar. Aprendí mucho de cómo funcionaba todo por dentro, a pesar de que fuese Cibeles. Fui viendo cómo era el sector y en ese momento se me ocurrió hacer una falda de plumas. Había visto una de Burberry, era la primera falda de plumas que casi había visto en la vida. Desde las que veías en los años 50 hasta ahora. Me acuerdo que estaba invitada a una boda de unos amigos y me animé a hacerla. La de Burberry la había visto en una foto nada más, así que fui investigando cómo hacer la mía. Colgué una foto en el blog y empecé a recibir emails a toda pastilla de gente que quería esa falda de pluma, ya que cada vez estaban en más sitios de grandes marcas de lujo. Hice un mogollón de estas faldas. Trabajaba durante el día y luego llegaba a casa y me ponía a hacerlas.

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Esta falda se convirtió en tu prenda fetiche del principio.

Sí, sin duda. No tenía nada más que esta prenda. En este momento se me ocurrió la idea de ‘¿y si hiciese más prendas…?’ Conocí a un chico que estaba muy interesado por la moda e hicimos una sesión de fotos en plan casero total, con una niña muy mona y ropa mía que había hecho: la falda de plumas y otras prendas. Las colgamos en una web que inventamos sobre la marcha, donde empecé a tener peticiones. Era el momento. Dejé mi trabajo y tiré adelante.

Fue un poco locura. El primer año fue de locos. Yo dejé mi trabajo a finales del año para así empezar el 1 de enero con vida nueva. Recuerdo estar en el estudio sentada y pensar: y ahora qué hago.

Tú tienes tus ahorritos de persona normal y se te pasa por la mente montar una empresa y hay que financiarse. Para ello decidí crear una colección cápsula para el inicio. Montamos la tienda online y con eso poder comprar el material para la siguiente colección de primavera-verano. Hice la colección de ese invierno en rebajas (risas). Unas cinco o seis prendas colgadas en la web. Después la de primavera-verano también fue una colección muy pequeña. En ese momento se me ocurrió la idea absurda de querer desfilar. Inconsciente. Mandé mi solicitud a la Valencia Fashion Week, porque me parecía que era muy bonito el sitio donde se realizaba, en la Ciudad de las Artes y de las Ciencias, tenían un casting de modelos que no estaba mal y la semana de la moda estaba bien montada. Cibeles me parecía una locura para empezar. Cuando me dijeron que sí desde Valencia ya empezó la realidad. Fue una locura. Me pasé todo el verano con todos mis amigos, con toda la panda blogger que conocía y todo aquel que quiso arrimar el hombro, que fueron muchos, organizando el desfile para ver cómo había que hacerlo, la colección, la coreografía… Estábamos en la terraza del estudio y cada uno aportaba un poco lo que se le ocurría. Entre todos lo sacamos adelante. Era una pasarela súper difícil. Tenía 180 metros, una pasarela sobre el lago del Ágora, era circular, la gente estaba muy lejos, las modelos iban sobre el agua, tenías que lanzar a varias al mismo tiempo para que no quedase tan vacío… Yo no quería ni salir a saludar, no pasé más miedo que en ese momento.

Ese primer año yo hice cuatro colecciones: la de ese invierno, la de primavera-verano, la que desfiló en Valencia que era para el próximo verano, mientras tanto estaba haciendo la de ese mismo otoño-invierno.

¿Cuántas faldas de plumas pudiste llegar a hacer?

Hicimos más de 100 seguro, no sé cuánto más, quizá 150. Ya no la hago, la odio (risas).

¿Es la prenda que más has podido hacer?

Sí, seguro. Es la prenda que más hemos reproducido. De hecho yo empecé a comprar las plumas en un sitio, luego ya dejan de tenerlas, porque compré todas las plumas al señor. Busqué otro sitio, de ahí a otro. He pasado por muchos negocios buscando la pluma que siempre utilizábamos. Ya por fin encontré un proveedor que tenía lo que buscaba.

¿No la vas a revivir?

Todavía hay alguien que de repente aparece y que quiere la falda de plumas. La falda de plumas es de hace nueve años, ¿cómo puede ser? Y la hacemos, claro. Es verdad que las plumas han vuelto, aunque yo no quiero porque no me apetece volver a hacerla (risas). De hecho en la colección de este invierno va a haber una falda de plumas, no la misma, sino que será larga, entera, con muchísimas plumas. Ya que la hago que sea al máximo.

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¿Cuánta producción de una prenda tienes en este momento?

Varía mucho. Si es una prenda con un diseño más asequible, que vendemos en tienda online y a veces también a tiendas multimarcas, o de si es una prenda exclusiva. La parte exclusiva es una de cada y en volumen depende del año. Y en las primeras hay unos desniveles brutales. Mientras que en los abrigos se hacen menos de lo que yo consideraba que era interesante hacer, en vestidos se hacen mucho más. Nuestra temporada más fuerte es ahora. Desde enero hasta octubre. Hay prendas de las que se hacen 60 unidades y otras de las que pueden hacerse 3.

Una vez que encuentras a un proveedor me imagino que ya no le sueltas. ¿Cómo llegas a encontrar al proveedor perfecto?

El mercado de tejidos cada vez es más pequeño. Empecé trabajando con los proveedores casi a pie de calle que todo el mundo puede conocer. De ahí vas buscando y buscando. Luego hay muchos proveedores que cuando tu nombre suena un poco se ponen en contacto contigo. A veces vamos a París para buscar distintos tejidos en su feria especializada. Ahí tienes el hándicap de comprar un metraje muy grande. Una de las cosas que nos diferencian es que al hacer moda a medida ofrecemos una gran variedad de materiales, pero en pequeñas cantidades. Igual la señora que escoge un color y un material es la única. Para dar esa oferta trabajamos con proveedores de España. En los tules encontramos el proveedor en Francia ya que era el mejor que se adaptaba a nuestras necesidades. A veces no es tanto buscar el precio estrella, como el material que te hace sentirte y trabajar bien.

Tu acercamiento al mundo de las novias surgió un poco de casualidad.

No empecé haciendo novias. Siempre me habían hablado muy mal de este tema. Me comentaban que es una mujer en uno de sus peores momentos de su vida, con la madre y las amigas rondando… Pero una clienta a la que tengo muchísimo cariño se casaba y no quería lo típico, lo que encuentras en las tiendas de novia tradicionales. Me preguntó si yo le haría el vestido de novia. Y yo le pregunté que si quería un vestido de novia en plan princesa o cómo. Entonces ahí me comentó que quería una versión más sencilla, nada pomposo, un estilo que sí se ajustaba a mi concepto. Le hicimos un vestido muy bonito; además ella es espectacular, todo ayuda. Vinieron dos amigas con ella al estudio. Una de ellas creo que salió en algunos blogs y a partir de ahí se desató el tema.

Si sales en un blog de novias con cierto público si es fácil que te vengan, al menos a verte. En el mundo novia yo creo que hay sobreinformación, al final ves tantas cosas que acabas confundiéndote entre todo lo que quieres. No hace falta comerse tanto la cabeza.

He encontrado que me gusta mucho el tema de las novias, me hace desarrollar mucho la creatividad. Mis novias, hasta ahora, cruzo los dedos, son todas encantadoras. Pasas muchas horas con ellas en el estudio cambiando cosas. Me gusta mucho que toquen todo. No todos los días tienes una mesa llena de tejidos y sedas para que puedas toquetear y pensar en el vestido. Creo que es una parte muy bonita, y que tienes que estar súper tranquila. Creo que soy una persona fácil de tratar y hago sentir cómoda a la gente. Al final, cuando te gusta lo que haces, se acaban convirtiendo casi en amigas. En algunas ocasiones he acabado yendo a su boda.

En la boda es como si tuviese un desfile propio de una única salida.

Sí. Puede que lleves trabajando en ello durante seis meses y te emociona.

Acaban escogiendo tu diseño para un día especial.

Sí, es muy especial. Tienes un feeling distinto con ellas. Te están escogiendo como el vestido de su vida, pese a que ya no hay tanto esa sensación como antes, aunque mucha gente sí sigue buscando eso. Luego te están muy agradecidas.

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¿Al final las novias y las fiestas pesan mucho en una marca como la tuya?

Yo siempre quiero hacer cosas de diario, hacer colecciones que no sea todo el rato un megavestido que solo llevas en ocasiones contadas. Me apetece mucho hacer cosas más frescas, aunque lo que más vendemos es la ceremonia, porque es donde más invierte la gente. En el día a día me gusta vestir algo distinto a lo que lleva todo el mundo. Y con determinadas prendas notas cómo todo el mundo te mira e incluso te pregunta de dónde es. Es raro, porque si te gusta estar especial un día, ¿por qué el resto de días no?

¿Cuál es el sitio de la moda a medida dentro de la cultura actual del fast fashion?

El concepto de moda y de compra ha cambiado mucho en las últimas décadas de forma globalizado. Esto ha revalorizado a la parte de moda a medida. Lo hablaba con un encuadernador que decía que la era digital había impulsado su trabajo a mano. Con la ropa pasa lo mismo. Tengo una clienta que valora que una prenda pueda hacérsela para ella. Con un diseño exclusivo y que le sienta perfecto. Sí hay un pequeño nicho que valora este aspecto.

Luego también hay una parte mala. Hay a algunas personas a las que les asusta un poco, creen que ir a un sitio en que se lo hagan a mano les puede hacer sentir incómodos. Te contactan por email de forma muy tímida. Yo les comento que no solo es la ropa, sino la experiencia de hacértela. Una vez que lo pruebas casi todas las clientas se vuelven fieles. Es un rato muy bonito.

El proceso de hacérselo a medida también es vivir la experiencia y de recordarla a cada instante cuando se ve la prenda, al igual que cuando te compras algo en un viaje, que lo revives.

Creo que sí. Te sientes muy especial en el proceso. Y al ponerte la prenda recreas la experiencia vivida. Tenemos a una clienta a la que le hacemos los estampados solo para ella. Empezamos a hacerlo porque no le gustaba ningún estampado, ya que es algo muy personal. En ese momento estaba metida en el proceso de estampación y le comenté que por qué no hacíamos algo así. Ahora ya ha cogido el gustillo y no quiere nada liso (risas). Además esta mujer tiene una formación de arte y cultura muy potente, disfrutamos en el proceso. Yo aprendo mucho de ella.

¿Cuál puede ser el presupuesto para alguien que busque un diseño a medida?

Depende del tejido. A veces hablamos de una lana que el metro cuesta 100, y otro cuesta 200. Un pantalón puede rondar los 200 euros.

Al final te vas a un precio más barato que en algunos diseños de firmas reconocidas que producen de forma masiva. Y es un diseño exclusivo para ti.

También es verdad que nuestros precios no son elevados. No puedes aparecer aquí y poner unas tarifas altas. Hemos buscado adaptar nuestra propuesta a un presupuesto ajustado para el comienzo. Son precios asumibles.

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¿Sigue funcionando la pasarela como un escaparate necesario para la marca?

La pasarela es muy bonita, porque te encanta ver en movimiento la colección, pero a mí no me gusta la pasarela como algo estático. Temporada-desfilar-temporada-desfilar. El mismo fondo. Cuando hablamos de la Mercedes-Benz Fashion Week sin personalizar… hazlo de alguna manera para que el sitio sea único. Es verdad que el lugar es cómodo para los periodistas y está bien organizado. Ya que no aprovechamos los edificios que tenemos en Madrid y no tenemos el concepto de semana de la moda de París al menos hazlo único.

La pasarela es buena de cara a la galería. A la clienta le gusta saber que desfilas, aunque no haya ido al desfile. Yo no lo considero algo necesario. Yo intento evitar hacer algo lineal. Desfilamos dos veces en Valencia, pero luego quería organizar un desfile propio que fuera Cristina Piña en cinco sentidos. Un suicidio aún mayor. La idea era la Provenza y lo hicimos en una nave industrial que era un taller de flores y dentro tenía un invernadero de cristal. Era el taller de la floristería Verde Pimienta y nos lo decoró todo con flores espectaculares. Las modelos desfilaban y se quedaban para que las pudieses tocar, este punto es uno de los negativos de la pasarela para mí. Mi ropa es de muchos detalles. Mientras tanto los invitados podían estar tomando un cóctel con un catering. Era recrear una experiencia completa y buscar la esencia de la marca. Y después seguimos con distintas aventuras.

Si tuvieses que volver a hacerlo, si tuvieses que volver a convertir un hobbie como este en un negocio, ¿lo volverías a hacer?

Sí, lo haría con la cabeza más fría que en esta ocasión. Es muy gratificante. Pienso que quedarse con el “y si…” no es bueno. Es lo que me hizo al final lanzarme, pese a ser un poco conservadora. Lo haría con las cosas afrontadas de otra manera. Aprendería de las decisiones tomadas que podrían haber salido mejor. Ahora estoy súper contenta, solo que siempre advierto: cuidado dónde te metes si decides arriesgarte en este tema. Es difícil.

Cuando tienes una formación de diseño obtenida en la carrera lograrás una visión más amplia del sector, pero cuando vienes de otro sector es más complicado. Hay errores que no cometerías. También es verdad que tienes una visión de negocio diferente. No me arrepiento de haber trabajado en otro sitio porque he aprendido a trabajar en equipo, sabes cómo funciona una multinacional muy grande, cómo van otros sectores. Todo lo que puedas aportar a tu empresa es bueno. De las clientas yo aprendo muchísimo.

Sitio oficial | Cristina Piña

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