La cuadrilla del siglo XXI no está en el bar, está en online disparando por el espacio

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La cuadrilla del siglo XXI no está en el bar, está en una taberna bebiendo aguamiel y en sus cabezas en vez de un cuadro de la Giralda cuelga una cabeza de dragón. Podrían hablar del partido de ayer, también hay hueco para eso, pero la mayor parte del tiempo la conversación se centra en cómo los orcos siguen avanzando y qué recursos hacen falta para continuar la lucha siete galaxias más allá.
 
La cuadrilla del siglo XXI no está en el bar porque lo más probable es que vivan a kilómetros de distancia y sólo conozcan sus caras por los perfiles de Facebook, pero eso no les impide que entre ellos se consideren amigos, que haya hueco para ligar o incluso que entre batallita y batallita sobre el duelo a muerte por equipos al que se enfrentaron ayer tengan hueco para organizar la boda de uno de ellos que se celebrará con una cascada de lava de fondo. La cuadrilla del siglo XXI no está en el bar, está online disparando por el espacio. 

La cuadrilla del siglo XXI

Reconozco que a aquellos ajenos a este mundo, además de sonarle a cuentos chinos, todo esto puede parecer lo suficientemente surrealista para que alguien se plantee la posibilidad de ingresarnos a todos en un frenopático. No seré yo el que defienda ese tipo de relaciones, las que viajan a través de cables telefónicos, frente a las más físicas y cercanas, pero olvidarnos de su demonización es una asignatura pendiente para gran parte de la sociedad.
  
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Lo dice alguien que tiene amigos que no ha visto en persona jamás, gente con la que sabes que puedes contar pese a no haber recibido nunca una palmada en la espalda, y es que aunque desde fuera podría parecer que los micros que se usan en los juegos sólo sirven para dar instrucciones a insultar al rival, hay ahí más confidencias de las que podría parecer.

Vendrá alguien a decir que lo que debería estar haciendo la cuadrilla del siglo XXI es jugar en equipo al aire libre en vez de estar metido en una cueva con toda la ropa por el suelo, pero si no hemos liquidado ya esa idea de la década pasada es que tenemos un problema. Los malos vicios podrás encontrarlos en cualquier lado, sea dentro o fuera de la red, pero metámonos ya en la cabeza que lo de internet y la globalización trae consigo muchas cosas, y que los amigos queden para disparar alienígenas en vez de para jugar a las cartas con un vaso de fino al lado no es sólo una cuestión de edad, es una cuestión de tiempo.

La primera edad de oro online

Comento eso precisamente porque yo viví aquella primera época de las cuadrillas del siglo XXI y he visto cómo ha evolucionado durante los últimos años gracias a un hermano con la mitad de edad. Lo mío empezó entre policías y terroristas de Counter Strike en un ordenador ajeno, el del cibercafé que ofrecía ese punto medio entre el juego online con amigos a kilómetros de distancia y la cercanía de tener a otros a la distancia perfecta para un cogotazo cuando no hacías las cosas bien.

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Ahora equipos y conexiones hacen de esos escenarios un fenómeno en extinción, se ha perdido por completo el peligro a las collejas del compañero y los críos salen del colegio citándose dentro de una hora a las puertas de un castillo para comandar un ejército en batallas de cientos de usuarios dándose cera a golpe de click de ratón. Lógicamente lo de la comunicación, esa posibilidad de hacer amigos y conocidos en escenarios que sólo dejaban hueco al usuario, la pantalla y el mando, depende bastante de los juegos, y hay propuestas que se prestan a ello mucho más que otras. De hecho están los que ofrecen la posibilidad, los de chat de texto o voz de toda la vida, y los que convierten en imprescindible la comunicación entre usuarios.

Juegos que propician la comunicación

Hablo de juegos como League of Legends o DOTA 2, donde el trabajo en equipo y la planificación de estrategias es prácticamente imprescindible para no acabar vapuleado por el contrario, pero también podría extraerse a géneros más terrenales como el de los FPS, en menor medida en los habituales Call of Duty y similares, y en mayor en nuevas propuestas enfocadas a esa colaboración como el reciente Evolve. Lo realmente impresionante es lo que puede llegar a ofrecer un juego con su propio sistema político y económico, y si no has estado muy pegado a estos fenómenos te aseguro que el siguiente ejemplo te va a dejar patidifuso.

En EVE Online se sigue esa idea de jerarquías propiciadas por cómo los clanes y los poderosos dominan el cotarro con mayor o menor mano de hierro, tiene un sistema treméndamente complejo en el que habitualmente los conflictos se resuelven en el chat y no desplegando naves de asedio, pero durante 2014 el impago de una factura (dentro del juego) desencadenó una batalla de más de 4.000 jugadores.

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Allí se dieron caza bandos contra bandos con naves que podrían pagarse con una suma de recursos equivalente a 3.000 dólares de dinero real y que tardan meses en construirse en el juego. Las explosiones inundaron la galaxia y se destruyeron flotas por valor de 500.000 dólares, todo por una factura impagada entre jugadores que un buen día decidideron dejar de quedar en el bar para empezar a hablar a través de un micrófono.

Puede que el cambio siga cogiendo a muchos por sorpresa, que suene raro eso de que los amigos no se conozcan con una mesa de por medio sino con un océano, pero si la cuadrilla del siglo XXI no está en el bar es porque pegar tiros en el espacio les aporta más de lo que podría imaginar alguien ajeno a este universo. Lo de matar marcianitos quedó muy atrás, casi tanto como lo del fino y las cartas.

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