La Hora del Planeta, ¿de verdad sirve que España apague la luz?

A los seres humanos nos gustan los símbolos, los gestos que nos ayudan a etiquetarnos delante de los demás. En la era del hashtag y la comunicación instantánea, las etiquetas han cobrado un nuevo valor, mostrando la mejor y la peor cara del género humano.

Hace 10 años, un gigante verde y un panda gigante se dieron la mano para intentar aprovechar la mejor cara de un planeta que entraba de lleno en la sociedad digital. En 2007, la sucursal australiana del World Wide Fund for Nature (WWF) y Leo Burnett —una de las agencias publicitarias más antiguas del mundo y creadora, entre otras campañas, del Gigante Verde— lanzaron la primera edición de la Hora del Planeta.

Tras un año de duro trabajo, las luces se apagaron en Sídney como un pequeño, pero significativo, grito de ayuda para el planeta. Al año siguiente, 35 países se unían a la iniciativa y, desde entonces, el movimiento no ha dejado de crecer. No solo en la esfera pública, si no que gigantes tecnológicos como Lenovo han aumentado apoyos a esta iniciativa global. En los últimos diez años, el movimiento ha recibido muchas palmadas en la espalda, pero también muchas críticas.

imagen de hora del planeta espana

Celebración de la Hora del Planeta en España / Jorge Sierra, WWF

¿Qué pasa cuando apagamos la luz en España?

Empecemos por las sombras. Las voces más contrarias a la Hora del Planeta han señalado que este movimiento no tiene efecto real sobre el consumo energético del país. Aunque es algo difícil de calcular, un estudio publicado en la revista Energy Research & Social Science en 2014 analizó el impacto de esta campaña en diez países a lo largo de seis años. El resultado: una reducción media en el consumo diario del país del 4%, pero una horquilla de datos muy amplia, que iba desde el aumento del consumo del 2% en Nueva Zelanda hasta la caída del 28% en Canadá.

España no está incluida en este estudio, aunque la participación de nuestro país en la Hora del Planeta ha sido muy activa en los últimos ocho años. Los únicos datos a los que se tiene acceso son los informes diarios del balance energético que publica Red Eléctrica Española. Durante el 25 de marzo de 2017, sábado en que se celebró la última edición de la Hora del Planeta, se demandaron 665 Gigawatios por hora (GWh). Este dato es un 4.1% más bajo que la media del mes y un 0.2% menos que la media anual.

Sin embargo, el sábado anterior, 18 de marzo, Red Eléctrica registró una demanda media de 603 GWh, considerablemente menor a la del día de la Hora del Planeta. Y lo mismo ocurre con los registros de años anteriores. Conclusión, que no se pueden justificar mucho a partir de estos datos, aunque desde luego no muestran una reducción drástica en el consumo.

Por otro lado, la demanda real de electricidad siempre se mantuvo en los márgenes previstos por el ente que regula la red española. Sin embargo, muchas de las voces críticas señalan que la Hora del Planeta podía llegar a suponer una gran amenaza para la estabilidad energética de los países. Una caída brusca e imprevista en la demanda podría poner en jaque toda la red.

Esto no parece haber pasado. Quizá porque el consumo de energía en los hogares (del cual la iluminación, en sí, supone menos de una quinta parte) representa alrededor del 17% del consumo energético del país, según datos de 2015 del Instituto Nacional de Estadística.

vista de la peninsula iberia desde el espacio

La península Ibérica desde el espacio / NASA

Para WWF, los datos importantes son otros

La realidad es que, desde el principio, la campaña del World Wide Fund for Nature nunca quiso ser una campaña de ahorro. Está claro que no se puede poner fin a décadas de emisiones descontroladas de CO2 por apagar una bombilla y encender una vela durante una hora al año. El objetivo siempre fue otro: la unión y la concienciación. De hecho, WWF nunca ha intentado medir los datos de consumo energético durante la Hora del Planeta.

Para la organización de esta manifestación global, los números importantes son otros. Según WWF, en la última edición 187 países se sumaron al movimiento y, en 30 de ellos, el hashtag #hearthhour se convirtió en trending topic en Twitter. Sin salirse de las redes sociales, las campañas alrededor del evento sumaron más de 3.500 millones de impresiones alrededor del globo y algunas de ellas se convirtieron en apoyo real (más de 18.000 personas y 15.000 páginas de Facebook se sumaron al movimiento).

Además, 3.100 monumentos, incluyendo la torre Eiffel, la ópera de Sidney o la torre inclinada de Pisa, apagaron sus luces durante una hora y más de 350 personas influyentes se sumaron al movimiento como embajadores. A nivel local, la Hora del Planeta se transformó en su décimo aniversario en una campaña para buscar soluciones a distintos desafíos ambientales y no solo por la reducción del consumo energético. Desde la reducción de bolsas de plástico en Indonesia a la lucha por un sistema de transporte sostenible en Colombia, la iniciativa global quiso demostrar que puede ser mucho más que un simple interruptor.


Durante años anteriores, WWF también ha señalado que la Hora del Planeta ha impulsado distintas iniciativas locales e incluso cambios legislativos, como, por ejemplo, la creación del bosque Hora del Planeta de 2.700 hectáreas en Uganda o el desarrollo de programa de educación ambiental en 15.000 escuelas de la India.

Así, la Hora del Planeta se reafirma como una campaña de movilización mundial y no una campaña de ahorro. Se trata de una campaña bajo la que un cuarto del planeta se une anualmente, sintiéndose parte un hashtag que trasciende fronteras y que quiere cambiar algunas cosas, aunque no cuente con herramientas para ello.

Concienciación vs acción

Aunque la participación activa en la Hora del Planeta sigue aumentando año tras año, el movimiento parece diluirse en cuanto volvemos a encender la luz. Algo que WWF recuerda en cada edición: está muy bien celebrar la Hora del Planeta de forma festiva, pero, si no se traduce en acciones concretas, seguiremos en la misma situación.

Tomando como marco la Unión Europea, donde los sistemas de mediciones y los balances energéticos son similares, España se encuentra a la cola en reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera. A pesar de algunas buenas noticias puntuales a nivel de energías renovables, España sigue produciendo la mayor parte de su energía a través de combustibles fósiles.

“En WWF, sabemos que en España es necesario retomar el camino hacia la sostenibilidad energética, cortado de momento por el freno al desarrollo de las renovables y el autoconsumo. Y sabemos, sobre todo, que para asegurar que este cambio imparable no se ralentiza, la movilización ciudadana seguirá siendo en todo el mundo un factor esencial”, señalaba Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF España en una tribuna publicada en El País el día después de la Hora del Planeta 2017.

“Porque nos encontramos en un punto de no retorno y porque queremos acelerar el cambio, con la Hora del Planeta proponemos a Gobiernos, empresas y ciudadanos que se movilicen y se unan a este movimiento global que va mucho más allá de apagar las luces durante una hora; de lo que se trata es de dar visibilidad a la necesidad de activarse en favor del clima y del medio ambiente los 365 días de cada año”. Una reflexión que invita a ir más allá de la etiqueta y del trending topic. Una llamada a la acción de un oso panda y su aliado el gigante verde.