La magia de los pequeños presupuestos: la edad dorada del videojuego indie

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Cuando ayer hablábamos de los modelos de distribución y cómo el sector del videojuego ha pasado de ser un vicio caro a un hobby más que accesible gracias a las ofertas nos olvidamos un factor importantísimo en todo ese cambio, el del auge de los desarrollos independientes que permiten a pequeñas compañías y usuarios cumplir el sueño de ver publicados sus juegos.

Situaciones antes impensables, que alguien desde su casa pudiese gestionar la creación, publicación y venta de un juego sin necesidad de salir por la puerta o llegar a acuerdos con distribuidoras, están ahora a la orden del día, y gracias a ello vivimos un boom de nuevas propuestas en el que juegos pequeños pueden comerse con patatas a algunos de los principales pesos pesados de la industria.

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El cambio de la nueva generación no son los gráficos

Eso es lo que dice la teoría o, al menos, lo que cualquiera que hable del subidón de los desarrollos indies afirmará, pero pongamos los pies en el suelo antes de que la ilusión se nos vaya de las manos porque crear un juego y triunfar no es algo que ocurra todos los días. De hecho es tremendamente complicado alcanzar esos hitos que, como si fuesen el Santo Grial, persiguen todos los que guardan más esperanza que sentido común.

No es por quitarle la ilusión a nadie, es por dejar las cosas claras antes de que alguien se tire a la piscina y se haga daño, porque si algo me he encontrado durante los últimos años es la explosión de un sector en el que los desarrollos independientes parecen la panacea y venderlos un paseo por el campo.

Todo boom o moda tiene su parte buena y su parte mala. La buena en este caso es que estamos ante un mercado que mantiene a los jugadores constantemente nutridos de buenos juegos sin importar el coste de su desarrollo. Con la nueva generación los comúnmente conocidos como triples A requieren inversiones mucho más grandes y tiempos de desarrollo enormes, así que los riesgos que se corren desde las grandes compañías son mucho menores y los catálogos de lanzamientos potentes tienen unas fechas muy concretas para intentar asegurar el tiro al máximo.

Los que mantienen las brasas calientes son los juegos independientes o notablemente más pequeños, que evitan precisamente las fechas destacadas para intentar hacerse un hueco entre la maraña de títulos. En esos puntos, casi sin peces grandes capaces de devorarlos y con el público fijando su mirada en cualquier novedad que llegue a sus manos, el desarrollo indie ha conseguido lo impensable hace unos años, convertirse en el centro de atención.

Éxitos fugaces para ilusiones perpetuas

Con ese éxito nace la moda y una oleada de pequeñas compañías y usuarios que ven clarísimo hasta dónde se puede llegar si se consigue dar el pelotazo, pero seamos francos una vez más, repetir el éxito de grandes hitos como Angry Birds, Minecraft o Papers Please no es tarea fácil, y menos aún levantar la cabeza entre esa marabunta de títulos independientes que día tras día amplía las listas de posibles candidatos a éxitos que son fenómenos como el de Steam Greenlight o Kickstarter.

Con el primero los desarrolladores se aseguran la visibilidad de su juego y, con algo de suerte, que los usuarios voten a su favor para que su creación llegue finalmente a la tienda de Steam. Con el segundo, mediante la financiación en masa, invitan a los jugadores a apoyar el desarrollo evitándose así la necesidad de encontrar una compañía que ponga el dinero sobre la mesa para poder continuar.

Pero entonces llega el problema, ese generado por un ejército de desarrolladores que cree saber hacer un buen juego, y aunque no todos tienen razón, los lanzamientos empiezan a sucederse olvidándose de la competencia de los triple A pero generando una maraña de títulos en la que encontrar un juego con todo lo necesario para convertirse en éxito es como buscar una aguja en un pajar.

Tampoco ayuda que el citado boom salte a otros ámbitos, con universidades que ven un filón en crear carreras o másters enfocados al desarrollo con profesores que, pese a que sepan mucho de lo suyo, puede que nunca se hayan enfrentado a lo que supone crear un videojuego y no morir en el intento y, en definitiva, creando una red de trabajadores que, al menos a día de hoy, no tiene cabida en nuestro país por falta de infraestructura y número de compañías que puedan adoptar a esos futuros creadores.

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Trabaja duro y obtendrás tu recompensa

Tras ello la alternativa es jugártela por tu cuenta o irte al extranjero para intentar hacerte un hueco en la industria, y si ese es el camino ahora esperad a ver lo que ocurrirá dentro de un par de años, cuando el número de compañías capaces de absorber ese centenar de estudiantes sea prácticamente la misma por falta de ayudas específicas o el apoyo de quienes tienen que empujar el sector a base de rascarse el bolsillo.

Por suerte, entre ellos, además de los que se meten a crear videojuegos porque “se trabaja poco y se gana mucha pasta” hay creadores lo suficientemente potentes para que, esa citada pereza de las compañías a la hora de arriesgar para generar nuevas propuestas, desaparezca por completo con juegos realmente impresionantes.

Poco dinero y mucha originalidad con creaciones soberbias capaces de darle la vuelta a bases más que asentadas dentro de la industria, reventando los pilares de géneros más que asentados y ofreciendo un nuevo camino para aquellos que se aventuren a hacer lo propio.

Pero ojo, que nadie venga a decirte que algo no se puede hacer, que es demasiado complicado o que ahí fuera habrá doscientos mejor que tú con una idea similar. Intenta hacerte un hueco, aprende y sigue jugando para expandir al máximo tus límites. Puede que no lo consigas a la primera, que el descalabro de la segunda te quite las ganas de mantenerte en tus trece, pero si sigues adelante y lo haces desde el esfuerzo y la originalidad ¿quién sabe? A lo mejor pasarle la mano por la cara a la industria y convertirte en leyenda no era tan imposible como leíste una vez en un blog.

Los ejemplos del éxito

Comentábamos el ejemplo del éxito de Angry Birds porque precisamente entra en ese saco, en el de un tropiezo tremendo al que la suerte salvó de la quema tras varios meses de absoluto desastre. Si despejamos el factor suerte lo que nos queda es la originalidad o, como mínimo, saber enfocar el juego de una u otra forma para llamar la atención del público con historias rompedoras (el caso de Papo & Yo sobre la violencia entre padres e hijos o el de Braid sobre el amor no correspondido, por ejemplo).

Para eso no necesitamos grandes gráficos y tampoco revoluciones técnicas o de mecánicas, sólo dar con la clave con un estilo y tener la suerte de caer en gracia a los jugadores, ya sea sin explicación aparente o porque el trabajo que hay detrás ha servido para impulsar el juego. Mirad a Thomas Was Alone, una historia de piezas geométricas en busca de una salida mediante la colaboración que se metió en el bolsillo a público y crítica desde su lanzamiento.

Sobre ese proceso de creación, los éxitos y los dolores de cabeza que vienen detrás, es especialmente recomendable que todo el que se plantee entrar en este sector se acerque a la película Indie Game: The Movie, un documental en el que se sigue a varios desarrelladores en busca del éxito que, tras un buen saco de sufrimientos, alcanza su objetivo llegando al mercado con mayor o menor fortuna.

La lista de ejemplos de desarrollos indies exitosos es tremenda, sólo hay que darse una vuelta por los análisis de los usuarios de Steam para comprobarlo, pero hagámoslo teniendo muy presente que hay también otra cara, la que en esa misma lista salta de los primeros puestos a los últimos, aún más nutridos y plagados de críticas negativas. La única preocupación es que eso último se convierta en lo habitual.

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