La Wi-Fi que cae del cielo: cómo es la conexión para todo el planeta

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En 2014, en España había 76,2 usuarios de internet por cada cien personas, según datos del Banco Mundial. A lo largo de todo el mundo, esa cifra podía oscilar entre el 92,4 de Finlandia, el 44,4 de México o el 9 de Camboya, y se une al resto de datos económicos para describir lo desarrollado que está un país. Internet es una valiosa herramienta de globalización, de conexión entre diferentes partes del mundo, pero no todo el mundo tiene acceso a ella.

Aquí entra la Wi-Fi que cae del cielo. O lo que es lo mismo, proyectos para hacer que los lugares más remotos puedan tener la oportunidad de conectarse a internet de manera inalámbrica. La manera más “sencilla” de conseguir esto es vía satélite, es decir, que smartphones y ordenadores se conecten a una constelación de satélites de telecomunicaciones.

Outernet, la Wi-Fi del espacio

En la órbita de la Tierra hay multitud de satélites que dan servicio de comunicaciones de lo más variado, y que no sólo se dedican a darnos nuestra ubicación y a indicarnos cómo podemos llegar al siguiente punto de nuestra ruta, como hace el sistema GPS. Con las posibilidades tecnológicas que ha introducido la miniaturización de estos aparatos, pueden surgir proyectos como Outernet.

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Este proyecto es una inciativa de Media Development Investment Fund, una empresa de Nueva York que anunció, a finales de 2014, que iba a lanzar centenares de cubesats, pequeños satélites con una filosofía casi DIY, a baja órbita terrestre (LEO) para dar conexión a internet por Wi-Fi a todo aquél que lo quisiera. La red se puso en marcha a lo largo del año pasado, y en la web oficial de Outernet se exponía el razonamiento detrás de ella:

“El acceso al conocimiento y la información es un derecho humano, y Outernet garantizará este derecho adoptando un enfoque práctico a la entrega de información. La falta de una conexión a internet no debería impedir que nadie aprendiera sobre noticias, temas de actualidad e ideas innovadoras”.

Para conectarse a esta red de cubesats sólo hay que instalar una antena parabólica, como las utilizadas para ver la televisión, y sintonizarla en la frecuencia de emisión de esos mini-satélites. Los responsables de Outernet comparan su funcionamiento a la radio de onda corta, o BitTorrent, y es uno de los proyectos más ambiciosos para llevar internet inalámbrico a cualquier parte del mundo. Pero no es el único.

Los globos de Google

Google lanzó hace unos tres años el Proyecto Loon. También pretende que sea una red Wi-Fi caída del cielo, pero en lugar de utilizar satélites en miniatura en órbita LEO, se basa en globos situados en la estratosfera, una de las capas más altas de la atmósfera de la Tierra. En la web de la iniciativa se explica que “dos tercios de la población mundial no tiene todavía acceso a internet. El Proyecto Loon es una red de globos viajando en el filo del espacio, diseñada para conectar a gente en zonas rurales y remotas, ayudar a llenar de huecos en la cobertura y volver a conectar a la gente después de desastres”.

Los globos estratosféricos no son una tecnología nueva, pues se utilizan para estudios meteorológicos y hasta para observaciones astronómicas, pero la idea de Google es que se desplacen por el planeta siguiendo las corrientes de viento en esa zona de la atmósfera, que se mantengan conectados a antenas en tierra, entre ellos y con una estación terrestre de la compañía de telecomunicaciones de la región. Los usuarios se conectarían a esta red a través de sus smartphones, por ejemplo.

El gigante de internet no es el único desarrollando estas conexiones desde el espacio, o casi desde el espacio. Iridium, compañía que se dedica, precisamente, a los satélites de telecomunicaciones, tiene a la venta un pequeño hotspot llamado Iridium GO!, que se conecta a uno de esos satélites y permite que hasta cinco teléfonos móviles formen una red por Wi-Fi con él.

La Wi-Fi gratis de Facebook

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No todos estos proyectos que buscan extender la conexión inalámbrica a internet se basan en aparatos que, desde grandes altitudes, conecten zonas aisladas y remotas. Facebook y Cisco anunciaron en 2013 una iniciativa un poco diferente, basada en compartir ese acceso Wi-Fi. La idea era conseguir internet gratis a través de check-ins en los negocios colaboradores.

En CNET apuntaban que Facebook había desarrollado este proyecto como parte de su estrategia para conseguir que empresas y tiendas locales abrieran páginas en la red social, y que éstas tuvieran una utilidad similar a Yelp o TripAdvisor. Los usuarios, de este modo, hacen check-in en la página de Facebook de un negocio participante y, a partir de ahí, puede navegar por internet todo lo que quiera, y sin que Facebook monitorice su tráfico.

El proyecto, que tuvo una prueba piloto en el área de la bahía de San Francisco, pretende que los negocios adquieran así mayor visibilidad entre la población del lugar, pero todavía no parece estar demasiado extendido. Eso sí, Facebook tampoco se queda fuera de la conexión a internet vía satélite.

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En octubre, su fundador, Mark Zuckerberg, anunció que se asociarían con Eutelsat para utilizar el satélite AMOS-6 para dar cobertura de internet a buena parte del África subsahariana. Ese anuncio forma parte de un proyecto más amplio llamado Internet.org, en el que se estudia la manera de solucionar problemas de conectividad en todo el mundo.

Una de sus iniciativas, por ejemplo, es Free Basics, que da acceso gratuito a servicios de Facebook del área de la salud (sobre todo, de madres), noticias, viajes, empleo, deportes, comunicación e información del gobierno local. Esos servicios son considerados básicos y permiten que ciudadanos de Latinoamérica, Asia y África que, de otro modo, no podrían tener un acceso rápido y fácil a ellos puedan consultarlos en cualquier lugar. Algunos activistas de la India, no obstante, se muestran recelosos ante la violación de la neutralidad de la web que puede representar dicha iniciativa.

La importancia de internet

El futuro de la interconectividad global parece pasar más por el espacio. Las conexiones vía satélite permiten eludir los obstáculos geográficos para el establecimiento de las redes inalámbricas y, así, pueden llegar a un mayor número de personas situadas en comunidades remotas y aisladas, alejadas de núcleos de población en los que es más habitual encontrarse puntos de acceso a internet.

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Porque ese acceso a internet repercute en el crecimiento económico de los países. Quizás no de una manera directamente cuantificable, pero sí que es apreciable. El Instituto McKinsey Global realizó un estudio para al Commonwealth en el que, precisamente, medía la relevancia económica de internet, y ese estudio concluía que:

“Como ha demostrado la evolución de internet en las pasadas dos décadas, ese trabajo (potenciar y aprovechar las oportunidades de internet) debe incluir ayudar a cultivar el desarrollo de un ecosistema de internet sano, uno que potencie infraestructuras y acceso, que construya un entorno competitivo que beneficie a los usuarios y deje que los innovadores y los emprendedores crezcan, y que cuide del capital humano. Juntos, estos elementos pueden maximizar el impacto continuado de internet en el desarrollo económico y la prosperidad”.

Un acceso barato y sencillo a internet puede ayudar a que niños en comunidades aisladas y remotas tengan un acceso a la educación más sencillo, por ejemplo, y puede democratizar el conocimiento en zonas con grandes diferencias de clase. Algunos de los principales críticos al proyecto Free Basics de Facebook, por ejemplo, apuntaban que “no puede ser que los ricos tengan acceso a todo internet y que los pobres sólo tengan acceso a Facebook”

Los proyectos de internet por Wi-Fi desde el espacio llevan un tiempo desarrollándose y proponiéndose, pero parece que los avances en la miniaturización de la tecnología, y la rebaja en los costes que eso supone, pueden hacerlos realidad más pronto que tarde.

Imagen | MTA, NASA, Emilio Labrador, Spacecom, Jerome Bon

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