Las 18 batallas más grandes jamás filmadas… con o sin ordenador

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Firma invitada: John Tones.

¡Todos firmes! Traemos un listado de escenas capaces de hacer que crezcan sentimientos épicos de furia, conquista y honor bélico hasta del pecho más pacifista. Estas son las mejores secuencias de guerra jamás filmadas: fanfarrias, muertes por decenas, estrategias demoledoras, sacrificios por el bien común… Sabemos que hay ausencias, como en cualquier lista, pero nuestro criterio para considerar que una secuencia es una batalla y no una mera escaramuza entre desarrapados es que el combate sea entre facciones formadas por grupos amplios. Por supuesto, nosotros mismos somos los primeros en romper la regla, pero en cualquier caso, estas son nuestras batallas preferidas de la historia del cine en riguroso orden cronológico.

Intolerancia – La caída de Babilonia

(DW Griffith, 1916)

De acuerdo: Intolerancia es completamente hija de su época. En ella, un grupo de heroicos miembros del Ku Klux Klan impiden que un salvaje de raza negra viole a una joven blanca e indefensa. Moralmente, y bajo los cánones actuales, Intolerancia es… bueno, es intolerable. Pero desde el punto de vista cinematográfico es increíble: sobre todo la parte que describe el auge y caída de Babilonia, de una suntuosidad y espectacularidad que asombran pese a lo primitivo de las imágenes. En efecto, Griffith construyó los decorados a esa escala, creó ejércitos así de tumultuosos y obligó a los extras a que se cayeran desde esas alturas. El resultado es la primera gran batalla de la historia del cine.

¡Zulú! – Batalla de Rorke’s Drift

(Cy Endfield, 1964)

El fantasmagórico cántico de guerra del ejército de cuatro mil zulúes en la batalla final de este clásico del cine bélico tiene un significado claro: “ingleses, tenéis un problema”. La misión de los británicos es defender un puesto cueste lo que cueste, y aunque son menos cuentan con armas de fuego. La tecnología está de su parte, pero tal y como demuestra esta escalofriante batalla en la que salvajes y civilización cambian las tornas, en la guerra el papel que le toca a cada bando no se escribe hasta el final. Cuando el ejército se repliega, toca asumir una estrategia demencial y que convierte la épica de la escena en pura tensión: mientras que dos tercios de los hombres disparan, el resto se dedica a recargar sus armas.

Tora Tora Tora – Ataque a Pearl Harbour

(Richard Fleisher, Kinki Fukasaku, Toshio Masuda, 1970)

“¡Tigre, tigre, tigre!” es la traducción del título de la película, haciendo referencia a la velocidad con la que los japoneses atacaron la base americana de Pearl Harbor en la Segunda Guerra Mundial. En este caso, la producción se dividió en dos partes, una americana y una japonesa, lo que la pone decididamente por encima de aquel desastrito de Michael Bay. La escena climática de la película es tremenda y cruda, sin banda sonora para no dotar de innecesaria poesía a la batalla e hizo ganar a la película un Oscar a los Mejores Efectos Visuales por sus impresionantes réplicas a tamaño real de los aviones americanos.

Un puente muy lejano – Paracaídas sobre Holanda

(Richard Attenborough, 1977)

Uno de los grandes fracasos de las fuerzas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial debido al monumental ego de los generales británico (Montgomery) y americano (Patton), que subestimaron la fuerza de una muy debilitada fuerza nazi y lanzaron a 35.000 hombres sobre Holanda, más allá de las líneas enemigas. La caída de los paracaidistas, en tiempos previos al CGI (vamos, que había que filmar a paracaidistas reales en aviones reales) es espectacular, aunque la palma en esta película coral y legendaria se la lleva en un clímax final con las tropas aliadas defendiendo el puente de Arnhem y cayendo como moscas.

Apocalipsis Now – La Cabalgata de las Valkirias

(Francis Ford Coppola, 1979)

No tiene mucho sentido que una película tan abiertamente antibélica, uno de los retratos más descarnados de la guerra que ha dado el cine, tenga una secuencia tan enloquecedoramente épica como esta, pero así son las cosas: el ataque aéreo que el chiflado coronel Kilgore ordena contra una pacífica aldea vietnamita donde sospecha que se oculta una célula del Vietcong es arrebatadora y muy bella. El resultado, contradictorio, pone la piel de gallina: la Cabalgata de las Valkirias de Wagner que suena desde los helicópteros, era también la pieza musical favorita de Hitler. Coppola no dejó nada al azar con el mensaje, está claro… pese a rodar una de las mejores secuencias bélicas de la historia.

El Imperio Contraataca – La batalla de Hoth

(Irvin Kershner, 1980)

La batalla inicial de El Imperio Contraataca, que enfrenta a Rebeldes e Imperio en la superficie helada del planeta Hoth es una de las batallas cinematográficas más originales y merecidamente famosas de la historia. El potencial icónico de los mastodónticos AT-AT del Imperio y los métodos rebeldes para acabar con ellos son pura épica. El frío y lo inhóspito del planeta, que obliga a ambos bandos a vestir de forma distinta a lo que el merchandising y la anterior película habían acostumbrado a los espectadores da un toque novedoso a la escena, a la altura del mítico clímax en la Estrella de la Muerte de La Guerra de las Galaxias.

Das Boot – La carga del Destructor

(Wolfgang Petersen, 1981)

Planificada casi como una secuencia de suspense y terror, más que como un conflicto bélico, el ambiente tenebroso y claustrofóbico del submarino U-Boat alemán que decide atacar a un grupo de navíos británicos en el Atlántico Norte pone los pelos de punta. Cuando en el clímax de la película un Destructor británico devuelve el ataque, brota la épica de bolsillo y se hacen obvias las extraordinarias virtudes de un guión que ha sabido caracterizar perfectamente a un grupo de marinos obedeciendo órdenes un poco a su pesar.

Ran – Ataque al castillo de Hidetora

(Akira Kurosawa, 1985)

A la hora de incluir en esta lista una batalla clásica oriental hemos dudado entre otra de Kurosawa, presente en Los Siete Samuráis, o ésta. Finalmente nos hemos decidido por el ataque al castillo de Hidetora, quizás la más épica de las escenas bélicas filmadas por el director japonés, y parte de la que fue en su día la película más cara del cine de su país. Todos los aspectos visuales del film son increíbles (ganó un Oscar al Mejor Vestuario), pero la escena del castillo es especialmente recordada por la parte en la que pierde el sonido ambiente y solo se oye la reconocible banda sonora de Toru Takamitsu.

Enrique V – Batalla de Agincourt

(Kenneth Branagh, 1989)

Otra batalla precedida por un emocionante discurso motivacional, que funciona como un tiro, claro: lo escribió Shakespeare. Kenneth Branagh consigue resultar épico y emocionante con una batalla histórica que es puro caos de la vieja escuela, en los últimos tiempos de la Gran Batalla Clásica en la pantalla, y que enfrenta a británicos y franceses en una locura llena de muertes por decenas, flechas por miles y alguna que otra ahogadilla en barro.

Braveheart – Batalla de Stirling

(Mel Gibson, 1995)

Uno de los primeros pasos de Mel Gibson adentrándose en un cine más violento, físico y visceral, que eclosionaría a su manera en las magistrales Apocalypto y La Pasión de Cristo. Con clásicos como Lawrence de Arabia muy presentes, la escena ha pasado a la historia no solo por cómo está rodada -fiel a la brutalidad casi medieval de aquellos tiempos- ni por el uso de reservistas con mutilaciones reales como extras, sino por el discurso que precede al combate, un clásico de la épica motivacional.

Starship Troopers – Batalla en Whiskey

(Paul Verhoeven, 1997)

Paul Verhoeven sabe cómo poner en pie una estupenda secuencia de acción. Desafío Total, Los Señores del Acero, Robocop… pero es en Starship Troopers donde se enfrasca en demenciales y desequilibradísimos combates de raíz más bélica. En este caso entre humanos y bichos, una guerra intergaláctica donde tenemos las de perder y que, en la película, toma tintes muy feos para nosotros en el asalto al puesto de Whiskey, asediado por millones de insectos gigantes. Muertes sangrientísimas, débiles humanos volando por los aires y huidas por los pelos y en el último momento con el rabo entre las piernas. Lo que entiende Verhoeven por “épica”.

Salvar al Soldado Ryan – Batalla de la playa de Omaha

(Steven Spielberg, 1998)

Muchos aficionados al cine bélico estarán dispuestos a afirmar que esta es la mejor batalla de la historia del cine, y desde luego aquí no les vamos a llevar la contraria: inusitadamente sangrienta y realista, dramática y con un uso del sonido, la banda sonora y sobre todo, el montaje absolutamente magistrales, refleja perfectamente el infernal caos de la guerra moderna en tiempos en los que ésta estaba aún naciendo. Significativamente para ser una secuencia tan recordada, este relato del Día D es cualquier cosa menos épico, y nos recuerda que la guerra en el cine es honor, compañerismo y sacrificio, pero en la vida real es sobre todo muerte y dolor. Vamos, una cosa muy poco épica.

Gladiator – Batalla en Germania

(Ridley Scott, 2000)

Podríamos calificar esta soberbia secuencia de batalla (lo único destacable de una película que ha acabado pareciendo un anuncio de colonia protagonizado por un futbolista) como una prolongación del estilo de Braveheart: incluye discursito, muertes gráficas y, sobre todo, renuncia al CGI en la búsqueda de un estilo cruel y con los pies en el suelo. Por supuesto, la influencia de Salvar al Soldado Ryan, pese a la diferencia temporal, también es palpable.

El Señor de los Anillos: Las dos torres – El abismo de Helm

(Peter Jackson, 2002)

La escena climática de batalla de la segunda película de la trilogía de los anillos de Jackson tiene rasgos en común con el posterior asedio de Minas Tirith, pero es muy superior. Los aterradores Uruk-hai de Saruman, la enloquecida escala de la batalla, con miles de combatientes dándose cera de un modo que solo el mejor CGI de la época puede manejar… Jackson sabe dónde están sus referentes: en cine clásico como la citada Zulú, y por eso este choque entre el Bien y el Mal tolkienianos funciona como un cañonazo.

El Señor de los Anillos: El retorno del Rey – Batalla de Pelennor

(Peter Jackson, 2003)

Esta larga y descomunal batalla comienza de la mejor manera posible: los Rohirrim del rey Théoden, a caballo, pasan como una apisonadora por encima de un mar de aterrorizados orcos incapaces de hacerles frente. La escala de la batalla sigue aumentando cuando entran en escena los olifantes, que arrasan la caballería de Théoden. Pero ésta se aprovecha de la escasa manejabilidad de los paquidermos en un conflicto que a veces recuerda a la citada batalla en Hoth de El Imperio Contraataca y a veces a una versión sobredimensionada de las guerras coloniales. Y queda más: la aparición de el Rey Brujo, y la llegada de Aragorn y los muertos vivientes. Más de quince minutos de épica CGI, considerada una de las cimas de las batallas cinematográficas modernas.

Kill Bill Vol. 1 – La Novia contra los 88 Maniacos

(Quentin Tarantino, 2003)

Entre lo que hemos considerado “batallas” también hemos decidido incluir un combate cuerpo a cuerpo de tintes épicos. Es decir, que al menos uno de los dos bandos estuviera en clara inferioridad numérica. En ese campo las películas de artes marciales de toda la vida son ejemplares, pero el combate de La Novia con los 88 Maniacos es un caso perfecto de cómo adaptar las escaramuzas de las películas de samurais a un estilo moderno, dinámico y estéticamente contundente. ¿Teníamos algún otro finalista? Por supuesto: la batalla de Neo contra la inagotable sartenada de Smiths en Matrix Reloaded.

300 – Batalla de las Termópilas

(Zack Snyder, 2006)

Otro choque con clara inferioridad numérica para uno de los bandos: el Rey Leónidas y sus 300 espartanos se enfrentan por primera vez a un ejército persa de más de un millón de hombres. Pero las circunstancias juegan en su favor: la experiencia bélica de los espartanos y el estrecho paso de las Termópilas, que los de Leónidas defienden con uñas y dientes, les da ventaja… de momento. Snyder se encarga de subrayar la épica violencia de las guerras primitivas y sin pólvora con todos los recursos que tiene a mano: constante cámara lenta, gore a discreción y calcos de las hiperestéticas viñetas del comic de Frank Miller en el que se basa la película.

Los Vengadores – Batalla por Nueva York

(Joss Whedon, 2012)

A Los Vengadores, como a cualquiera de las otras producciones recientes Marvel (sí, a Guardianes de la Galaxia) se le pueden poner peros, pero no hay que ser ningún experto en épica para reconocer la brillantez como escena de batalla del combate final de esta película coral superheroica. Todos los elementos de una buena batalla urbana moderna y a gran escala están presentes: atención a todos los personajes, virtuosos planos secuencia, humor y drama en alquímico equilibrio, destrucción de la propiedad pública, metáforas suaves que relacionan el combate con tragedias que están en la memoria de todos… una batalla ciertamente perfecta.

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