Los nuevos vecinos del campo son tecnológicos y vienen a darte energía

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Desde hace algunos años, se ha convertido en una visión muy habitual distinguir desde la carretera hileras de estilizados molinos de viento destacándose contra el cielo. En España, la década de los 2000 vivió una explosión de estas instalaciones de energías renovables por los campos más azotados por el viento, o más castigados por la acción continua del sol, y aunque la expansión se ha frenado en los últimos años, el desarrollo tecnológico en ese sector continúa.

No es nada extraño que vayamos a un pueblo en Castilla-La Mancha, por ejemplo, y veamos en las cimas de sus colinas una granja de molinos de viento de última generación, y o que al lado de una carretera de la Comunidad Valenciana encontremos una matriz de placas fotovoltaicas solares. A nivel mundial, en 2013, un 22% de la generación eléctrica procedía de fuentes renovables, según el Informe Global de la Situación de las Renovables de 2014 de REN21.

Renovables, pero no tan nuevas

Por energía renovable se entiende toda aquella que extraiga electricidad de fuentes no fósiles, es decir, que no sean carbón, petróleo y gas natural. El viento, la fuerza del agua y el sol no se agotan y son de fácil acceso, pues no hay más que salir al exterior para encontrarlas, y su utilización como fuente de energía siempre fue más barata y estaba al alcance de más gente. Las norias de agua, los molinos de viento, los hornos que utilizaban el calor del sol… Hay bastantes ejemplos de trabajos cotidianos que utilizaban herramientas movidas por estas energías naturales, y sólo era cuestión de tiempo que empezaran a utilizarse para generar electricidad.

La turbina eólica de Charles Brush.

La turbina eólica de Charles Brush.

En 1887, por ejemplo, el profesor James Blyth del Anderson’s College, en Glasgow (Escocia), construyó el primer molino de viento cuyo propósito no era moler grano para hacer harina, sino generar la electricidad necesaria para la casa campestre del profesor. Aquel mismo año, el estadounidense Charles Brush construyó una turbina eólica conectada a una dinamo, y que generaba la energía suficiente para cargar baterías o mantener en marcha varios motores del laboratorio de Brush.

También las primeras investigaciones sobre energía solar se realizaron en el siglo XIX, a partir de 1860, pero no llegaron a concretarse en nada porque lo que las había impulsado inicialmente, el temor a que el carbón se agotara, no se hizo realidad. La crisis del petróleo de mediados de la década de 1970 volvió a centrar interés en la energía solar, pero no sería hasta la década de los 90 cuando el sector empezó a moverse de verdad.

Cómo funcionan

Si dejamos a un lado la energía hidroeléctrica, son la eólica y la solar las dos renovables por antonomasia. El viento y el sol son fuentes energéticas que pueden “captarse” en cualquier parte, aunque hay algunas consideraciones que deben tomarse en cuenta antes de instalar un parque energético. En el caso de la eólica, por ejemplo, se toma en cuenta la orografía del terreno, que determina la velocidad que puede alcanzar el viento en determinada zona.

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La energía eólica representa el 2% del total de energía solar que llega a la Tierra, lo que representa un gran potencial para las compañías interesadas en el sector de las renovables. Se aprovecha instalando parques eólicos en territorios elevados o lo suficientemente llanos como para que las corrientes de aire puedan mover las aspas de los molinos de viento, o aerogeneradores.

En la barquilla de la parte superior, estos molinos disponen de tres palas conectadas a un rotor, cuyo movimiento se transmite a un multiplicador y a un generador eléctrico. Estos modernos molinos de viento se instalan también offshore, en el mar, donde el relieve del terreno ya no es un impedimento para que el viento sople con fuerza, y donde su impacto visual sobre el entorno es menor.

Por su parte, la energía solar fotovoltaica es la que ha experimentado un mayor crecimiento en los últimos años, con un 27% de nuevas instalaciones en 2012 con respecto al año anterior. En este caso, lo que se utiliza son paneles de celdas solares que transforman la luz de la estrella (los fotones) en electricidad (electrones). Es el método con el que se genera la energía de los satélites espaciales, por ejemplo.

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La mayoría de las celdas solares de estos paneles están fabricadas con silicio, un material muy conductor pero también algo caro, por lo que este sector es uno de los que más se está moviendo en cuando a innovaciones tecnológicas. Se están buscando nuevos materiales que abaraten el precio de los paneles, como los polímeros orgánicos, y también métodos de transmisión de la energía eléctrica que la aprovechen más.

La energía solar es un campo con un gran margen de mejora y una gran capacidad de traslación directa a los consumidores, que pueden adquirir paneles solares para sus casas, pero el sector de las renovables también atraviesa algunos momentos de indefinición legal y recortes presupuestarios que han coartado su expansión.

Las renovables en el mundo

De acuerdo con el informe de la asociación REN21, en 2013 se produjeron 1.560 GW procedentes de las energías renovables, un 8,3% más que el año anterior y un más del 22% de la producción eléctrica de todo el mundo. Cada vez más países en vías de desarrollo apuestan por este tipo de energías, que les suponen menos costes que las derivadas de combustibles fósiles, y eran ya 94 en 2014. Los líderes en el sector, no obstante, siguen siendo países industrializados.

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China es la mayor productora de energías renovables. Su creciente sector industrial necesita mucha más energía y sus niveles de contaminación son muy elevados, así que se ha ido apostando por la energía solar y la hidroeléctrica como alternativas. En 2014, el país concentró el 24% de la capacidad mundial en renovables. También Brasil, que es un gigante de la energía hidroeléctrica, está utilizando cada vez más energía eólica, mientras Estados Unidos ha reducido la utilización del carbón como fuente energética un 19% entre 2008 y 2013.

En Alemania, por ejemplo, la energía solar ha crecido mucho en la utilización directa en casas y en empresas. En 2006, había 800.000 hogares que utilizaban una energía renovable en sus hogares, y ese número pasó a ser casi de cinco millones en 2012. Las innovaciones tecnológicas en energía solar han permitido reducir su coste y, por tanto, hacerla mucho más accesible para todo el mundo.

La revista Forbes publicaba la pasada primavera un estudio que recopilaba lo que costaba generar un kilowatio por hora de energía solar, con respecto a energías fósiles, destacando que, en Alemania, las plantas de energía solar de grandes dimensiones la estaban produciendo a nueve céntimos de euro/KWh, por debajo de los 11 de las plantas de energía nuclear.

El Instituto Fraunhofer de sistemas de Energía Solar estima que, para 2025, ese coste de producción en Europa central y del sur podría descender a entre cuatro y seis céntimos/KWh, y que la energía solar podría terminar siendo la más barata para 2050. Pero aquí también entran en juego las leyes y los apoyos institucionales para su desarrollo.

Expansión con menos dinero

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La situación de las energías renovables puede estar al alza a nivel mundial, pero también lo está a pesar de que se ha dedicado menos dinero a su expansión. El informe de REN21, por ejemplo, destacaba que la inversión global en energía solar fotovoltaica había caído un 22% en 2013 pero que, pese a ello, se había abierto un 27% de nuevas plantas solares. En ese año, además, más de seis millones de personas habían trabajado en el sector de las renovables.

Sin embargo, la situación que tienen que atravesar para no perder el terreno ya ganado no es sencilla. España, por ejemplo, alcanzó a mediados de la década pasada una posición de liderazgo mundial en renovables que atrajo a bastantes inversores extranjeros. En 2013, fue el primer país que producía más electricidad de origen eólico que de cualquier otra fuente durante todo el año, casi el 21%, pero las inversiones han decaído enormemente.

La legislación no fomenta el autoconsumo de energía y la eliminación de la inversión estatal en el sector ha frenado su crecimiento. En 2008 había 3.116 megavatios de potencia fotovoltaica instalada en España, por los 400 de 2007, pero los recortes han hecho que se perdiera la inercia adquirida esos años. Además, esos recortes han llevado a que el gobierno haya sido demandado por multitud de empresas que habían pedido las primas para las renovables, y el resultado final es que, el año pasado, sólo se generaron nuevos 43 megavatios de energías limpias, por los 2.000 de 2013.

Imagen | Pablo, Derek Oyen, Oregon Department of Transportation (CC 2.0), ricketyus, Guyon Morée

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