¿Pero para qué queremos ir a Marte?

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Pongámonos trascendentales. Preguntarnos para qué queremos ir a Marte es como plantearnos por qué Colón quiso llegar a las Indias por el Oeste cuando ya se iba por el Este. O, sin ir más lejos, porque hace 50 años el hombre se empeñó en ir a la Luna. Dos aventuras que tuvieron consecuencias maravillosas.

Nos atrae lo desconocido, nos ponemos nuevos retos a superar y nuevas fronteras que explorar para llevar nuestro conocimiento hasta donde nunca antes había llegado.

¿Quién dijo que era imposible?

Pero, ahondando un poco más en cuáles son las razones o motivaciones para querer viajar a Marte, hemos encontrado muchos argumentos.

Uno de ellos es poder cumplir con un sueño increíble. Desde que el hombre es hombre, siempre ha tenido una idea fantasiosa de cómo podría ser aquello que desconocemos. La literatura o el cine de ciencia ficción está plagado de títulos que evocan el envío de una misión tripulada a Marte. La vida en otro planeta, a millones años luz de la Tierra, es otro de los tópicos recurrentes.

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Evocar a nuestros ídolos y convertirse en el Neil Armstrong del siglo XXI es otra de las motivaciones. Algo que puede explicar el hecho de que solo en España 3.000 personas se apuntaran para un viaje al planeta rojo de ida… y no retorno.

Y al igual que como en otros momentos históricos, muchos creen que el instante en que los primeros astronautas aterricen en Marte será un acontecimiento para recordar.

Marte, la humanidad te necesita

Muchos de los argumentos que se esgrimen en relación a estos viajes a Marte se basan en satisfacer no solo la curiosidad humana, sino también algunas de las hipótesis, teorías y planteamientos más científicos.

Por ejemplo, se cree que conociendo más a fondo de dónde viene Marte y cómo se formó es posible que podamos entender mejor la historia de la Tierra. Confirmar si hay vida en Marte o si en algún momento la hubo también es otra de esas preguntas para las que se espera obtener respuesta una vez podamos ir (y volver) al planeta rojo.

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Además, y una vez que las misiones espaciales están a la orden del día, se podría decir que el envío de personas a Marte es el siguiente “gran paso para la humanidad“. Sobre todo porque se espera que esta misión sea el punto de apoyo sobre el que se mueven otros muchos proyectos, que lograrán así un nuevo impulso y que se produzca un desarrollo masivo en muchas áreas. Reciclaje, energía solar, producción de alimentos o avances de la tecnología médica son solo algunas de las industrias que más podrían beneficiarse de esta exploración.

Mi segunda residencia

Incluso aunque proyectos como Mars One han resultado ser, cuando menos, dudosos, son muchos los que siguen creyendo que Marte es el único planeta que, a día de hoy, podría ser colonizable por la humanidad. Como sentencia el doctor Alexander Kumar, experto en la Antártida, independientemente de que se encuentre vida en Marte o no, “hay un deseo de largo recorrido de “terraformar” el planeta rojo. Esto implicaría transformar artificialmente el clima y la superficie para permitir a los seres humanos a vivir allí sin sistemas de soporte vital”.

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Este mismo razonamiento de lo parecido que puede resultar Marte comparándolo con el planeta Tierra (sobre todo de cara a la supervivencia humana) también es el hilo argumental de la razón que esgrime Neil deGrasse Tyson, director del Hayden Planetarium en el Museo Americano de Historia Natural para justificar esta nueva carrera espacial.

“Marte tiene un día de 24 horas. Tiene casquetes polares. Su eje está inclinado con respecto a su órbita, al igual que la Tierra se inclina sobre su eje. Eso significa que Marte tiene estaciones, al igual que la Tierra. Marte, tan frío como es, no es sin embargo tan opresivo como casi cualquier otro lugar en el que se puede pensar del Sistema Solar. Tras un efecto invernadero descontrolado, Venus se encuentra a 900 grados Fahrenheit (más de 480 grados centígrados) y la mayoría de las cosas que se enviaran a su superficie se derretirían o vaporizarían. Mercurio también es muy caliente, al estar cerca del Sol. Así que cuando nos fijamos en los planetas terrestres cercanos, Marte es lo que debemos mirar, a pesar de los desafíos”.

Sin embargo, todo esto está lejos de ser la razón más convincente.

Según este experto, desde la década de 1960 se sabe que la superficie de Marte tiene características que sólo pueden haber sido provocadas por el agua: ya sea estancada, corriendo o por inundación, los científicos parecen convencidos de que algún vestigio de agua ha habido en Marte. Las llanuras, los lechos de los ríos (algunos rectos y otros en curvas) vendrían a confirmar estas hipótesis.

“Si tenemos en cuenta la importancia del agua para la vida en la Tierra, no se puede dejar de especular que Marte fue alguna vez un lugar muy húmedo, y que posiblemente incluso llegara a albergar vida en un momento dado. Gran parte de lo que impulsa la exploración cósmica implica la respuesta a la pregunta de si estamos solos o no en el Universo. Marte está tan cerca en comparación con el resto del cosmos que es lógico que sea un lugar que deseamos visitar”.

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Buscando vida inteligente con problemas en la Tierra

Seguro que también has visto una foto en Facebook en la que se muestra a un niño desnutrido planteando la pregunta de por qué se destinan tantos millones a buscar vida en Marte y no a resolver este problema. Una imagen que viene a criticar los miles de millones que se están destinando a la carrera espacial en lugar de resolver cuestiones más terrenales.

Para la comunidad científica, sin embargo, esto es simplemente una excusa barata.

“La humanidad nunca va a resolver todos sus problemas, incluso teniendo en cuenta una cantidad infinita de tiempo”. Además, consideran que las misiones a Marte pueden ayudar a resolver algunos de esos mismos problemas.

Por ejemplo, los planes a largo plazo para la exploración espacial incluyen actualmente el desarrollo de sistemas de propulsión nuclear, que combinados con los suministros abundantes de isótopo de helio H-3 disponibles en la Luna y Marte, podrían proporcionar un suministro prácticamente inagotable de energía barata (y prácticamente libre de contaminación) para toda la Tierra, lo que pondría fin a nuestra dependencia de los combustibles fósiles.

La lucha contra el cáncer que vino de la Luna

Quizá el mejor ejemplo de la repercusión diaria que puede tener en nuestras vidas la carrera espacial está en los viajes a la luna.

Durante sus primeros tres años en el espacio, el telescopio espacial Hubble de la NASA tomó fotos borrosas debido a un fallo en su ingeniería. El problema se resolvió en 1993, pero para tratar de utilizar las imágenes borrosas tomadas durante esos primeros años, los astrónomos desarrollaron un algoritmo informático para extraer una mejor información de las imágenes.

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Este algoritmo fue compartido con un médico, que decidió aplicar este código a las imágenes de rayos X que estaba tomando para detectar el cáncer de mama. El algoritmo hizo un mejor trabajo en la detección de las primeras etapas de cáncer de mama que el método convencional.

Aunque es imposible predecir cómo las tecnologías de vanguardia utilizadas para desarrollar misiones tripuladas a Marte beneficiarán a otros campos como la medicina o la agricultura, es evidente que solo llevando a la humanidad hasta sus límites podremos ir hasta donde nunca hemos estado antes.

Nos sobran los motivos

Puede que, sin embargo, aún no te haya convencido el para qué queremos llegar hasta el planeta rojo. El manifiesto fundacional de Mars Society (una organización no gubernamental que promueve la investigación y los proyectos relacionados con Marte) puede resolverte muchas de estas dudas y aportarte razones más convincentes.

Por ejemplo, que hay que apostar por el conocimiento de la Tierra.

En plena era de cambio climático, es fundamental comprender mejor todos los aspectos de nuestro entorno. Y Marte es el planeta más parecido a la Tierra, por lo que puede enseñarnos muchas cosas acerca de nuestro origen. El conocimiento que obtendremos podría ser clave para nuestra propia supervivencia.

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Además, considera que Marte no es sólo una curiosidad científica, sino que es un nuevo mundo, una ventana abierta. “Hay que ir a Marte para hacer que todo el potencial que tenemos en las nuevas generaciones se convierta en una realidad”.

Si ser joven conlleva la aventura, la iniciativa de ir a Marte podría desafiar a los jóvenes de todo el mundo para desarrollar sus mentes y poder participar en esta aventura. Y, aunque solo se lograra inspirar a un pequeño porcentaje de la juventud actual para que apostara por una educación científica, el resultado neto sería de decenas de millones más de científicos, ingenieros, inventores o investigadores médicos.

“Estas personas harán innovaciones que crearán nuevas industrias, encontrarán nuevas curas médicas, aumentarán los ingresos y beneficiarán al mundo de innumerables formas, lo que proporcionará un beneficio que va a eclipsar por completo los gastos del programa de Marte”.

De igual forma, y frente al uso de la guerra como forma de conducir el progreso tecnológico, esta organización considera que Marte puede facilitar el hecho de que el mundo se mueva hacia la unidad. “Debemos unirnos en este objetivo común, abrazando un desafío mayor y más noble que lo que previamente nos hemos planteado. Supone un desafío. Y la exploración de Marte a través de la cooperación internacional serviría de ejemplo de cómo una misma acción hecha de manera conjunta podría funcionar en la Tierra para otros propósitos”.

Por último, te dejamos un vídeo (en inglés) con las razones que esgrime Robert Zubrin, presidente y fundador de Mars Society, sobre por qué debemos ir al Planeta Rojo.

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