Niños que juegan con pantallas: ¿produce aislamiento y adicción?

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Firma invitada: Armando Bastida.

Se acercan los días de Navidad, días en que las familias se unen para comer y cenar, días en que los niños comparten espacio con los adultos, tiempo, diálogo, risas, canciones quizás. Nadie mira sus móviles porque son momentos de compartir, de hacer repaso del año y de contar viejas batallitas.

¿En serio? No sé si yo mismo me creo lo que acabo de escribir porque seguro que más de uno empezará a mirar el móvil en medio de la cena y seguro que más de un niño encontraremos jugando con el móvil de su padre o su madre, con su pequeña tablet de 7” o con la Nintendo DS. Entonces, el que observa la escena sin aparato en la mano pensará aquello de “y estos niños, no están demasiado aislados y enganchados”? Por eso vamos hablar de los niños que juegan con pantallas tratando de responder a la pregunta ¿produce aislamiento y adicción?

Si es adictivo para los padres, cómo no va a serlo para los niños

Los niños son nuestro espejo en muchos aspectos. Hacen lo que ven y, como sus referentes que somos, nos imitan. Ven a adultos caminando como jorobados todo el día, mirándose la mano, esa que alberga una pequeña pantalla que les aísla del mundo exterior y ellos hacen lo mismo. Y ya no solo lo hacen por imitación, es que aunque no vieran a nadie utilizarlas, las pantallas, las consolas, los móviles, ofrecen un ocio difícil de rechazar para un niño.

Si les dejas, si les das vía libre, si pueden llevarse su aparato a todas partes, sucederá lo que comento, que la familia estará comiendo fuera, en un restaurante o en casa de alguien y el niño estará en otro mundo. De cuerpo presente, pero con la mente en otro lugar.

Entonces, ¿es negativo que tengan una pantalla?

No y sí. Sí y no. Depende. A ver, poniendo las cosas en su sitio, es algo inevitable. Pantallas hay en todas partes, la tele, el ordenador, la tablet, el móvil, la consola portátil,… todo tiene su pantalla. A veces se usa para el ocio, a veces para trabajar. ¿Acaso no tienen los niños ordenadores en el colegio? En el futuro las usarán aún más que nosotros.

Incluso los videojuegos tienen muchas cosas positivas. Les muestra mundos llenos de creatividad, les hacen pensar, les insta a solucionar problemas, les prepara para la frustración cuando llegan a un nivel casi insalvable y pierden una y otra vez y les recompensa cuando hallan la solución, entre otras cosas.

Pero, que siempre hay un pero, que aporte esos beneficios no quiere decir que sea bueno estar con ello todo el día. Un poco está bien, mucho sería demasiado y entonces produce aislamiento, sedentarismo, falta de comunicación, y todo ello desemboca en tener a un niño con pocas habilidades comunicativas, con poca capacidad para divertirse con los adultos o con otros niños, con pocas habilidades físicas y que acaba rehuyendo el jugar en la calle, el parque o la montaña (el exterior), sintiéndose siempre más cómodo en casa, sentado, con su pantalla delante.

Tener a un niño en Navidad sentado a la mesa cabizbajo, dándole a los deditos entre bocado y bocado es un despropósito. Para eso lo dejas en casa. Ah, ya, que en casa solo no se puede quedar. Pues no sé, que se coma un bocata en el coche, de camino, y así al menos no ocupa espacio físico en la mesa. Ya que no va a estar, pues directamente, que no esté.

Los niños no deberían vivir así

Con el poco tiempo que los niños pasan con nosotros, con lo poco que ven a su familia (abuelos, tíos, primos), ¿dónde van por el mundo con la pantalla?

Hay muchos momentos del día para dedicarle un ratito al ocio. Si ya ha leído un rato, si ya ha jugado en el exterior o ha hecho algo de deporte, si ya ha hecho los deberes, pues que juegue un rato con la pantalla. Y ojo, una cosa no es consecuencia de la otra, que decir “cuando acabes los deberes, podrás jugar con la tablet” es un error, por considerar los deberes algo obligatorio y aburrido y el premio y divertido lo otro, sino que el niño debe hacer un poco de todo. Si lo preferís, puede jugar un rato con la pantalla y después hacer todo lo demás.

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Pero un momento, estábamos hablando de la comida de Navidad. Los ves poco durante el año y, cuando los ves, el niño no interacciona con ellos. ¿No se supone que, como niños, deben aprender a vivir en sociedad? Pues es un muy buen momento para escuchar a los demás, para observar cómo se comportan, para ver cómo comen, para entrenar en el arte de cortar la comida (que claro, con la pantalla, tu madre ya te lo deja cortado para que comas con una mano), para hablar, incluso, que seguro que tienes cosas interesantes que explicar.

Es un buen momento para comunicarte, para empezar a aprender las normas del diálogo, aquello de “mientras uno habla, el otro se calla y cuando el otro se calla, puedes hablar” y aquello de aprender a deducir qué quieren decir las palabras de los otros, las ironías, los sarcasmos y la comunicación no verbal. Parece mentira, pero muchos adultos no saben cuándo callarse… no saben ver que ya han hablado demasiado o que están metiendo la pata, y eso es porque no han aprendido a ver más allá de las palabras. Pues esto se entrena y aprende a través de la comunicación, y los niños, si no se comunican, serán malos comunicadores, pero también malos oyentes.

Es que a veces, la familia es un rollo

¿Que la familia es un rollo? ¿Los niños se aburren? Pues oye, es una vez al año, todos nos hemos aburrido alguna vez comiendo con otros familiares y la vida sigue. Los padres, si vemos que esto es así, siempre podemos poner remedio creando nuevas conversaciones que incluyan a los niños, que no tienen por qué acabar siendo aquello de “¿Sabéis que Nico ha sacado un 8 en mates? Cuéntaselo, Nico”, y el niño “He sacado un 8 en mates”. Fin de la conversación. No sé, que digo yo que tenemos a los hijos para que sean uno más y puedan también opinar, y no sólo para poner de relieve sus capacidades, como quien muestra el último truco de su perrito.

Pues eso, prefiero mil veces, en caso de que vayamos por compromiso y sepa que los niños se aburren como ostras porque hay tensión en el ambiente, crear una “subcomida” con ellos, con los niños, y pasarlo bien a nuestra manera, que tener a los niños enganchados a una pantalla.

Y si no, siempre podemos aprovechar para estimularles un poco la creatividad: “¿Te aburres? ¿Y qué podrías hacer para no aburrirte?”, y que a partir del no sé qué hacer, quiten las telarañas de su poco desarrollada creatividad (es una de las consecuencias de recibir el ocio enlatado) y pongan a trabajar la maquinaria dormida.

Como dije ya hace unos días, los niños acaban recurriendo a la pantalla cuando no tienen nada en el exterior que les parezca más divertido o estimulante. Pues la idea es esa, que la vida sea más divertida o más interesante que la pantalla.

No sé vosotros, pero en mi casa hay una norma no escrita que dice que las pantallas, aunque sean portátiles, no salen de casa.

Fotos | Thijs Knaap, Seth

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