No eres tan diferente de tus padres, aunque no lo quieras admitir

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A quien los suyos se parece, honra merece. Pese a las bondades que canta el refranero español, lo cierto es que cuando uno es joven no siempre quiere parecerse a sus progenitores. Más allá de las discusiones típicas de la adolescencia (los clásicos “mis padres no me entienden” o “yo también he tenido tu edad, por lo que cuando tú aún no has ido yo ya estoy de vuelta de todo”), lo cierto es que, pese a la diferencia generacional, quizá no nos diferenciemos tanto padres e hijos.

Te piden consejos tecnológicos pero comen con el móvil

Seas o no un nativo digital, seguramente tus padres y abuelos te pregunten muchas veces por cómo funcionan determinados aparatos y qué son y para qué se usan las últimas aplicaciones que están de moda.

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Aunque parezca mentira, y pese a esta (evidente) falta de desenvoltura tecnológica, los adultos se distraen más con la tecnología cuando comen o cenan que las generaciones más jóvenes: el 52 % de los Baby Boomers (entre 50 y 64 años) reconocen que la tecnología y las distracciones que provoca están presentes en su comida.

Los siguientes que más se distraen son los de la Generación X (entre 35 y 49 años) con un 45%. El tercer lugar (con un 42 %) sería para la Generación Silenciosa, aquellos con 65 años o más. ¿Los que menos se distraen? La Generación Z, con un 38%. Así al menos lo pone de manifiesto un estudio de Nielsen que ahonda en los comportamientos, objetivos y actitudes de las diferentes generaciones con respecto a una diversidad de temas.

Pero, al mismo tiempo que estas personas mayores se esfuerzan por adoptar un mundo cada vez más tecnológico y en el que quizá no se sientan tan como pez en el agua como los nativos digitales, según Nielsen se observa como un número considerable de personas jóvenes están volviendo a los valores más tradicionales.

¿Por qué? Porque cuando se les pregunta a las personas que forman parte de las Generaciones Z y del Milenio, valores tradicionales como casarse, tener hijos y comprar una casa siguen siendo importantes. Vale, es cierto que quizá no sean su principal objetivo, pero son retos que siguen siendo importante para los más jóvenes.

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La TV sigue siendo el rey

¿Quieres otro ejemplo que demuestra que no te diferencias tanto de tus padres? La televisión.

La mayoría de las personas mayores de 35 años de edad tienen en la televisión su principal fuente para estar informados de lo que pasa por el mundo. Pero para la Generación del Milenio (entre 21 y 34 años) y la Generación Z (entre 15 y 20 años) también sigue siendo una vía de información importante: el 48% y 45%, respectivamente, reconocen que la caja tonta es una forma de estar al día e informados. Y aunque es evidente que los Millennials prefieren sitios de Internet para informarse, estas mismas páginas web son también una de los tres principales fuentes de noticias entre los encuestados de todas las edades, incluso los de 65 años.

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Y, más allá de para estar informados, la televisión sigue siendo el sistema de entretenimiento y de tiempo libre por escelencia para los encuestados por Nielsen y en todas las edades. Por cierto, que la lectura es una actividad que muchos practican, incluso entre la Generación Z y los del Milenio. De hecho, los encuestados más jóvenes aseguran que prefieren leer a jugar a videojuegos online o revisar las redes sociales en su tiempo libre.

Eres más urbanita

El estudio llevado a cabo por Nielsen también muestra cómo las inquietudes y anhelos van variando con los años. Algo que, como es evidente, también hace que con la edad sean más evidentes las diferencias que existen entre generaciones.

Uno de los mejores ejemplos de estas diferencias es el lugar que unas generaciones y otras expresan como su lugar preferido para vivir.

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Las grandes ciudades siguen siendo un imán muchas veces irresistibles. Y vivir en el centro el anhelo de muchos jóvenes. De hecho, más de la mitad de la Generación Z y de la del Milenio (52% y 54%, respectivamente) quieren vivir en una gran ciudad. Pero también es cierto que más de 1 de cada 4 de estos jóvenes también opinan que piensan que la periferia y barrios residenciales son el mejor lugar para vivir. Quizá cuando tengas la edad de la Generación Silenciosa también te decantes por una vida en el entorno rural.

¿Por qué los niños quieren ser diferentes a los padres?

¿Por qué siempre queremos ser diferentes a nuestros padres? Rosa Otero, psicóloga, lo tiene claro: el síndrome adolescencia. Está claro que hay muchos factores que explican el comportamiento adolescente: cambios en el desarrollo neuronal, hormonal, cognitivo, etc. “Llevo años trabajando con adolescentes de todo tipo, de distintas clases sociales. He visto lo inimaginable. Pero hay algo que une a todos ellos (aparte de las hormonas). Y si alguien me volviera a preguntar el por qué de la adolescencia, qué factor entre todos esos hace que queramos ser diferentes a nuestros padres, respondería que la búsqueda de sentido y la consciencia del ser“.

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“La adolescencia es esa etapa en la que adquirimos consciencia de lo que ocurre alrededor. Hasta ese momento, tenemos recuerdos de la niñez en la que confiábamos ciegamente en lo que nos decían papá o mamá porque ellos eran la figura de referencia, los adultos, los grandes. Y ya se sabe que quien es más grande, siempre tiene razón. Y de repente llega la adolescencia y empezamos a ser más conscientes de ese crecimiento (en todas las acepciones del vocablo). Así que es normal que empecemos a plantearnos si esas pautas, que hasta ese momento habíamos acatado sin dudar, siguen siendo válidas. Porque ahora entra en juego el ser consciente de nosotros, de nuestro cuerpo, de nuestro pensamiento y es el momento de buscar un sentido a todo lo que sucede alrededor”, explica esta experta.

¿Cuánto nos dura el punkarrismo?

Pero, ¿hasta cuándo dura esta etapa de rebeldía? La eterna pregunta que muchos padres de adolescentes se hacen y cuya respuesta no es unánime. Tal y como bromea Rosa Otero, a algunas personas esta rebeldía propia de los quince años les dura toda la vida.

Pero, en términos generales, los especialistas hablan de dos etapas, una primera denominada Síndrome normal de adolescencia, etapa en la que esa búsqueda de sentido (manifestada en rechazo por el sistema establecido o por los principios impuestos hasta el momento) se expresa claramente entre los 10 y los 20 años, y la segunda, que engloba el resto de la vida adulta. “Durante nuestra vida adulta nos planteamos si seguir el modelo establecido (aprendido de nuestros padres, de los adultos que nos rodeaban cuando estábamos creciendo) o hacer algo distinto”.

Cuando el padre eres tú

“Mis padres no me entienden”. ¿Qué adolescente no ha pensado eso alguna vez, prometiéndose a sí mismo que no se comportaría igual si los papeles estuvieran invertidos? El problema es cuando ese adolescente crece, se convierte en padre y tiene que lidiar con un hijo adolescente. “Nos sorprendemos a nosotros mismos haciendo con nuestro hijo adolescente lo que siempre detestamos que nos hicieran nuestros padres“.

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En este sentido, Rosa Otero ofrece unas pautas y una visión positiva de todos estos comportamientos. mejor. “Su hijo busca su sitio en el mundo, acaba de empezar su propia búsqueda del yo. Nuestro trabajo como padres es guiar, sugerir, ayudar. Educar en el error no es errar“, sentencia.

En cuanto a las pautas concretas, Otero afirma: “no se martirice si repite la misma conducta que detestó ver en sus padres. Errar es de humanos y usted lo es. Recuérdelo. Segundo: sea consciente de su estilo educativo como padre, de sus objetivos respecto a la educación de sus hijos y de sus errores como padre. Tercero: está permitido lamentarse durante cinco minutos haciéndose preguntas del tipo “¿Por qué tengo que repetir lo mismo que mis padres hicieron conmigo? ¿Por qué hago lo que dije que nunca volvería hacer? Después de los cinco minutos de rigor, si no le sigue gustando su propia conducta como padre, modifíquela. Cuarto: recuerde que su hijo es un adolescente que busca su propio camino, su espacio, a sí mismo. Nuestra tarea es ayudarlo, no limitarlo, se llama ser asertivos”.

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