No tengo tiempo para videojuegos. Pero quiero algo más que un Candy Crush

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Los videojuegos requieren tiempo: aprendizaje, reto y perfeccionamiento. Este es, de hecho, el argumento más común esgrimido contra ellos: «en lo que tardo en pasarme un Assassin’s Creed puedo verme quince películas». Y, aunque esta es una sentencia un tanto equívoca, porque habría que meter a las series en el mismo saco —o la lectura de un libro—, bien es cierto que, para jugar con cierto nivel de implicación, casi siempre necesitamos unas cuantas horas por delante. Pero no siempre.

Por otro lado, el juego rápido está irremediablemente asociado a la idea de matar el tiempo, a la ligereza, dedicando espacio a esos ratos libres surgidos a lo largo del día, entre trasvases en metro o esperas de una consulta médica. ¿A qué jugar, entonces? A cosas bobas, adictivas, donde pensar poco y poder abandonar en cualquier sitio, en cualquier momento. ‘Angry Birds’ (Rovio Entertainment, 2009), ‘Plantas contra zombies’ (PopCap, 2009), ‘FarmVille’ (Zynga, 2009) o el perenne ‘Candy Crush Saga’ (King, 2012), obras lúdicas que no proponen grandes retos y fomentan el pique, la recompensa a corto plazo dosificada.

Hay, no obstante, vida más allá de ‘Candy Crush’. Existen videojuegos que te arrastran hacia estados de introspección o debate en apenas 20 minutos, no tratándote como un mono robótico con pulgares prensiles, sino como un ser racional, que pueden hacerte perder algo más que la noción del tiempo o los nervios: aportan una riqueza emocional. Y no son pocos.

Papers Please: el verdugo de la garita

Su propio autor, Lucas Pope, lo considera un «thriller distópico documental». Somos un inspector de aduanas al que se le amontona el papeleo, cada jornada laboral, medidos por días de juego, no suponen más de 5 minutos reales. Y el reto está en sobrevivir —nosotros, nuestra mujer, los hijos y los suegros— a los duros alquileres de la vida en un estado comunista psicótico y lleno de fronteras.

Nuestro matasellos es una ametralladora: podemos condenar la vida de gente inocente, hacer tratos sucios con mafias o que los daños colaterales destrocen a unos y otros. Un juego brillante, de planteamiento simple pero certero, implacable, y que siempre dejará una sensación de tensión y confusión, de arrepentimiento y deseo de ser, sí, mejor funcionario. Puedes descargarlo desde aquí.

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This War of Mine: víctimas y testigos

Ya hablamos de esta fortuita pieza de orfebrería aquí. El juego de 11 bit Studio nos pone a los controles de un grupo de personas que se encuentran bajo el mismo techo y deben, a golpe de convivencia tanto física como emocional, reconstruir esa suerte de hogar destartalado, saliendo por las noches a buscar pertrechos para sobrevivir a la guerra, a los incesantes robos, secuestros, envidias y ese dog eat dog que aparece cuando el mundo está al borde del abismo.

El sistema de juego es ridículamente simple, similar a mezclar Los Sims con una aventura point & click de hace 20 años. Pero el resultado no podía ser más efectivo: tras un par de partidas —también divididas en días— sentiremos que algo hay entre esos píxeles, inexplicable con palabras. Un deseo de humanidad, de amistad. Puedes descargarlo desde aquí.

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Monument Valley: encontrando la salida

Ustwo, compañía desarrolladora de aplicaciones móviles, logró con ‘Monument Valley’ (2014) crear algo verdaderamente revolucionario: aunar las buenas ideas de ‘Echochrome’ (SIE, 2008) con la atractiva estética de ‘Fez’ (Polytron, 2012). Y el éxito fue abrumador.

Este inteligentísimo juego diseñado por Daniel Gray juega con la gravedad y la perspectiva para crear algo único, donde la envolvente banda sonora y los gráficos nos transportan a un mundo que solo existe en sueños. Es difícil que quieras jugar a una sola partida una vez entres en el mundo de ‘Monument Valley’. No hay medias tintas: si lo pruebas lo entenderás. Descárgalo desde aquí.

Terraria

Terraria: hacia donde nos lleve la tierra

‘Terraria’ (Re-Logic, 2011) adapta la fórmula de Minecraft sobre construir-y-sobrevivir y la mezcla con el ‘Spelunky’ de Derek Yu, diseñado en 2008 y que ya se ha convertido en un clásico incontestable. Es curioso como juegos en apariencia sencillos logran profundizar hasta arrebatarnos horas y horas de nuestra vida diaria. Quizá no sea el mejor ejemplo para esperar a por el pan, pero es que ‘Terraria’ hace bien todo lo que puede hacer bien.

Comparte, al igual que ‘Minecraft’ (Mojang AB, 2009), un ciclo día-noche donde pasaremos de edificar y construir ítems de trabajo —y armas: pistolas, boomerangs, armaduras, estrellas ninja, sables láser, etcétera— a enfrentarnos contra hordas de zombies, quienes intentarán destruir lo fabricado durante el día. Pruébalo descargando desde aquí. Y, si te has quedado con ganas de más, también puedes probar con ‘Starbound’, el ‘Terraria’ espacial.

Downwell: descendiendo a los abismos

‘Downwell’ es uno de los juegos más robustos y adictivos que puedes echarte a las manos. Su mensaje es simple: va de tirarse a un pozo en busca de tesoros. El pozo es una metáfora del viaje hacia el conocimiento/descubrimiento, un tropo oriental sobre la sabiduría que nos proporciona la experiencia vital. Y, mientras, caemos sin parar.

Desde este punto de partida, el japonés Ojiro Fumoto explora las mecánicas para emular la riqueza de elementos en ‘Nuclear Throne’ (Vlambeer, 2015) desde una perspectiva mucho más limitada. Dicho de forma profana: convierte el acto de caer sin parar en una carrera de obstáculos, donde se nos dan algunas habilidades para comenzar y el resto depende de nuestra pericia. ¿Serás capaz de descender hasta los infiernos del quinto mundo? Descárgalo aquí.

Electronic Super Joy

Electronic Super Joy: hora de bailar

En la cultura occidental, apenas un contoneo de cabeza o un zapateo marcando un ritmo puede incomodar al pasajero que tenemos al lado. Y quizá convenga, de vez en cuando, relajar los músculos y dejarse llevar. Este pequeño juguete diseñado por Michael Todd hace que encares el día con otra perspectiva, convirtiendo la ciudad en tu pista de baile. Morirás mucho, pero también bailarás, al epiléptico ritmo de su banda sonora.

‘Electronic Super Joy: Groove City’ (2013) tiene un carisma irrompible: se toma a cachondeo los enemigos, a nosotros mismos, al concepto de ser un videojuego, plenamente consciente de sus armas. La versión para tablets, pseudo-secuela del original, contiene más jefes finales, todos descacharrantes, y eleva la dificultad hasta lo incólume. Pero no dejes que te amilane y descárgalo.

Alto’s Adventure: más allá de los árboles

Esta aventura, semejante a ‘OlliOlli’ (Roll7, 2014) y otros juegos donde el patinar sorteando obstáculos es el núcleo del juego, se diferencia de cualquier competidor gracias a su escenario. La animación y la deliciosa música de fondo se engarzan mientras descendemos por colinas nevadas, mientras una puesta de sol o una agresiva tormenta colorea el fondo.

Pulsando un sólo botón —en el caso de las tablets, marcando sobre la pantalla— activaremos el salto; el resto depende de nuestros reflejos. Y es fácil despistarse ante un marco y ambiente tan sugestivo, surcando por villas en ruinas, terrenos agrestes o bosques olvidados. Un juego minimal, parco en elementos mecánicos, y mágico en todo lo demás. Puedes descargarlo desde aquí.

SB

Superbrothers – Sword & Sworcery: la aventura de vivir

Decíamos en este artículo que la representación del género femenino en los videojuegos es acusadamente pobre. ‘Superbrothers: Sword & Sworcery EP’ (2012) desmonta un buen puñado de mitos y los pone de espaldas. El juego de Capybara Games logra evocar ese sentimiento de indefensión, la soledad de estar frente a una fogata a media noche, en mitad de un bosque inhóspito. Podría considerarse un point-and-click aunque hay combates; podría decirse que es un juego de puzles, aunque sean absurdamente fáciles de resolver.

Bajo batuta y partitura del capital Jim Guthrie, la trama del juego no explicita prácticamente nada, obligando a implicarnos, a formar parte de ese mundo extraño en 8-bits. Y el resultado no puede ser más agradecido. Descárgalo desde aquí.

Room

Entre sagas anda el juego

He querido dejar lo mejor para el final. La saga ‘The Room’ ha venido a llamarse «el videojuego triple A de las tablets». Sus valores de producción, al menos en el marco estético, son altísimos. Básicamente son puzles ambientales llenos de buenas ideas, algo que en los sobremesa lleva años sin darse. El primer ‘The Room’ ganó el BAFTA en 2012 a Mejor Juego Británico y el segundo entró en las listas de superventas y las recomendaciones anuales de un montón de medios. Desde aquí pueden descargar su primera parte, y desde aquí y aquí, su segunda y tercera, respectivamente. Cada cierto tiempo están de oferta; yo no lo dejaría pasar.

Por otro lado tenemos ‘LifeLine’. Comenzó como un proyecto a pequeña escala de Dave Justus, storyteller en ‘Fables: The Wolf Among Us’, el popular juego de Telltale Games. El gancho es sencillo: un tipo está atrapado en la Luna y se comunica con nosotros mediante mensajería común, tal y como lo haría un amigo vía WhatsApp.

Creo que el nombre del estudio, 3 Minute Games, lo dice todo: juegos a los que puedes dedicar un sorbo de tu tiempo y llevártelo contigo en el pensamiento. Los ‘LifeLine’ son juegos en tiempo real. Esto es: si al protagonista le cuesta media hora llegar a un cráter, dentro de media hora nos saltará un aviso y seguiremos en comunicación con él. Es un juego recoleto, de narrativa difusa, tremendamente inmersivo, por momentos claustrofóbico, donde sentimos que tenemos la vida de una persona en nuestras manos. Desde aquí pueden bajarlos: ‘LifeLine’, ‘Lifeline 2’ y ‘LifeLine: Silent Night’.

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Redescubriendo el juego móvil: de la portátil a la tablet

Con tablets como los de la serie MIIX de Lenovo o la reciente Yoga TAB 3 Pro 10, verdaderos portentos tecnológicos, el juego portátil es más factible que nunca. Hace dos décadas la Game Boy fue el centro neurálgico del juego portátil. Hace una, la popular PlayStation Portable (PSP).

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Junto a los smartphones, gracias a emuladores o adaptaciones oficiales de juegos como ‘Chrono Trigger’ o la saga ‘Final Fantasy’, el juego portátil se ha trasladado y adaptado a las necesidades del usuario actual. Una cosa está clara: los buenos videojuegos no van a abandonarnos, al contrario, permanecerá unido a nosotros, allá donde vayamos. Nada mejor para hacer llevadero un día duro.

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