Nolan, Tarantino y los últimos románticos del celuloide que no quieren grabar en digital

Cine digital

El cine digital implica que todo el proceso de grabación, montaje y proyección de una película se realizará usando archivos no tangibles de ahora en adelante, en todo caso tarjetas. Este hecho está relegando a la tradicional película de celuloide a la extinción más irrevocable. Aun así, una serie de directores tan poderosos como Christopher Nolan, Quentin Tarantino, Martin Scorsese o J.J. Abrams, se resisten a dejar de usar el celuloide en sus nuevos trabajos.

El boom digital en el cine

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La grandes (y no tan grandes) producciones de cine actual ya se ruedan en formato digital. Hace 10 años este hecho era casi impensable debido a la baja calidad que ofrecían los sensores de la época, pero desde finales de la década pasada varios fabricantes han conseguido desplazar el reinado del celuloide. Vamos a conocer algunos ejemplos actuales de cámara de cine digital:

En la cima nos encontramos un nombre muy conocido: Sony. La gama CineAlta de Sony, que abarca productos que van desde los 16.000 a los 80.000 dólares (o 150.000 dólares totalmente equipadas), es una de las más usadas de la industria. Su modelo más puntero, la Sony F65 (cámara con la que se rodaron Oblivion y After Earth, por ejemplo) cuenta con un sensor de 20 MP y graba formato RAW a una resolución de 8K a un máximo de 120 cuadros por segundo, entre otras bondades. Se trata de un monstruo difícil de alcanzar por la competencia.

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Otra firma muy reputada en la industria es ARRI, que, además de otras líneas de cámaras que usan celuloide, cuenta en su haber con la gama ARRI ALEXA, una serie de cámaras digitales capaces de grabar hasta en 4K. También cuentan con un gran número de capacidades que las hacen muy preciadas y versátiles.

El fabricante que dio el “campanazo” hace años fue RED, con su RED ONE, una de las pioneras en el mundo de las cámaras de cine digitales con resolución 4K, y la más actual RED EPIC DRAGON, que trabaja a 6K y es más compacta, además de ser precisamente la que ha usado Peter Jackson para rodar su trilogía de “El Hobbit”, aunque bueno, concretamente ha usado 30 de estas cámaras, no se ha limitado a una.

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Canon ha llegado en último lugar a este mercado, pero lo hace con propuestas muy interesantes. Su familia Canon Cinema EOS se compone de varios miembros compactos y “asequibles” (arrancan en 5.500 dólares) totalmente compatibles con sus monturas EF típicas de sus cámaras réflex.

Existen otras opciones de rodaje en cine digital de bajo coste como las BlackMagic Cinema Cameras, las Digital Bolex o incluso las réflex de Canon, Nikon, Panasonic o Sony, muy usadas en cine y series por su reducido tamaño. Sin embargo, ninguna de estas opciones se suelen considerar realmente cámaras de cine, ya que no compiten en el mismo rango de características técnicas ni de precios (suelen rondar unos “insignificantes” 3.000 euros).

La cruzada de Hollywood por salvar al celuloide

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A pesar de este panorama tan explosivo y en auge que suponen las nuevas cámaras de cine digitales, muchos de los románticos del celuloide están en pie de guerra.

En 2012 un documental llamado Side by Side, presentado por el actor Keanu Reeves (Matrix, Pactar con el diablo) hablaba precisamente de la reducción del uso del formato 35mm en cine y la introducción masiva del formato digital en el cine. En este documental aparecían entrevistas con personalidades como David Fincher (Seven, El club de la lucha), Martin Scorsese (Uno de los nuestros, El lobo de Wall Street) o James Cameron (Titanic, Avatar).

Lejos de quedar como una anécdota puntual, esta situación ha supuesto el absoluto declive de las compañías productoras de celuloide en la última década. Fujifilm se vio obligada a terminar con la producción de película y los beneficios de Kodak han caído un 96% en los últimos diez años, algo totalmente insostenible que casi le lleva a la quiebra.

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Por todo esto, y por las cualidades únicas y artísticas de la película tradicional frente a lo digital, directores como Christopher Nolan (Origen, Interstellar), Quentin Tarantino (Pulp Fiction, Django Unchained), J.J. Abrams (Super 8, Star Wars Episodio VII), el propio Martin Scorsese o Judd Apatow (Virgen a los 40) se han erigido como cabezas visibles para obligar a los estudios a financiar proyectos rodados en celuloide y salvar así a Kodak.

Sin ir más lejos, la última película de Nolan, la aclamada Interstellar, ha sido rodada en película tradicional, Tarantino ha prometido rodar The Hateful Eight en película de 70 mm, así como Star Wars: El despertar de la fuerza de J.J. Abrams, que además de rodarse en celuloide, también prescindirá de muchos efectos digitales en su post-producción.

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A pesar de todos estos esfuerzos, el futuro se plantea complicado para este tipo de propuestas tan arriesgadas más allá del deseo nostálgico de algunos directores. Lo digital está marcando el camino a seguir, y si ahora, en 2015, contamos con sensores de cámara de cine que alcanzan resoluciones 8K, ¿qué tipo de sensores nos encontraremos en tan solo diez años y cuánto se habrá abaratado su producción en masa? Con tan solo hacer cálculos nos imaginamos que decisión tomarán las productoras a largo plazo respecto a este llamamiento desesperado.

Mientras se resuelven esas dudas, lo mejor que podemos hacer es disfrutar del cine en cualquiera de sus formas.

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