¿Cómo se buscan civilizaciones alienígenas en 2017?

civilizaciones alienígenas

De momento no tenemos respuesta a si estamos solos o no en el universo. Según la ecuación de Drake (abajo) hay billones de civilizaciones cerca, pero todavía no han venido a visitarnos. ¿Y si salimos a buscarlas?

N = R*·fp·ne·fl·fi·fc·L

Observar el firmamento mediante telescopios, enviar sondas a lo desconocido o buscar exoplanetas son algunos de los métodos para buscar civilizaciones alienígenas. Te explicamos en qué consisten y por qué se usan así.

A la búsqueda de estrellas perdidas y Esfera de Dyson

Imagina que una noche estrellada te pones a observar estrellas con un radiotelescopio, y que una de las estrellas simplemente desaparece. Estaba ahí, y ahora ya no está. O bien su brillo mengua durante meses hasta extinguirse.

El proceso natural de una estrella no es ese para nada. Bien tarda millones de años en convertirse en una enana blanca de helio, o bien se convierten en gigantes rojas. O explotan como supernovas, claro.

En 1960, el físico Freeman Dyson propuso una megaestructura hipotética para una civilización de tipo II según la escala de Kardashov (1964) que hoy se conoce como Esfera de Dyson. Es un panel solar esférico que rodea una estrella.

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La idea tras esto es que una civilización que haya superado el estadio I (nosotros andamos por el 0,7) es capaz de usar todos los recursos de su estrella. Y esto pasa por construir una estructura que capte toda su energía.

Desde nuestra perspectiva, veríamos cómo la estrella pierde brillo a medida que la megaestructura se construye, y luego desaparecería. Si buscamos estas estrellas, perdidas de forma artificial, podríamos encontrar vida inteligente.

El SETI anda bastante interesado en este tipo de esferas desde hace muchos años, con razón.

Escuchar la radio de E.T., y enviarles mensajes

La radio fue quizá el primer invento que nos conectó al resto del mundo (y que sigue dando de qué hablar con una radio del tamaño de una hormiga). Décadas antes se había llenado los océanos de cables para telégrafos, pero todo cambió cuando Heinrich Hertz generó y detectó las ondas hertzianas.

Desde entonces no hemos dejado de escuchar la radio, o visto la televisión, o usado sus conocimientos para mejorar nuestras antenas de móvil y WiFi. Por supuesto, también miramos al cielo con radiotelescopios a ver si captamos algo.

Escuchar las estrellas ha sido durante muchos años el cometido del SETI (Search for ExtraTerrestrial Intelligence), que escanea el cielo en busca de señales anómalas. Se sospecha que una civilización que busque otras civilizaciones usará métodos similares para decir «¡Eh, estoy aquí!».

Gracias al telescopio de Arecibo se pudo enviar en 1974 nuestra primera señal intencionada al espacio profundo. En concreto a la constelación de Hércules, a 25.000 años-luz de distancia. El mensaje es este:

Por supuesto, no fue enviado en forma de imagen (y el original no contenía ningún tipo de color). Muestra información sobre la situación del Sistema Solar, nuestro planeta y nosotros mismos. Así sonaba (y suena) el mensaje:

Buscar exoplanetas por el universo

Aunque la vida no se parezca a la nuestra, e incluso aunque ni siquiera esté basada en carbono como nosotros, sabemos que el entorno del que surja ha de ser un planeta rocoso o bien un satélite de gran tamaño, como Europa en Júpiter.

Eso nos hace mirar al cielo y buscar exoplanetas como los que encontramos en Trappist-1. Los exoplanetas son planetas que no se encuentran en nuestro sistema solar, y podrían contener muchas civilizaciones escondidas.

Sin embargo, no nos vale cualquier planeta, ya que hay marcadores que nos dan pistas sobre si contienen vida o no.

Buscar planetas con atmósfera rica en oxígeno

El oxígeno molecular es difícil de encontrar en el universo, donde abunda el hidrógeno, el helio y poco más. El 90% de la materia son átomos de hidrógeno y ocupan el 75% de la materia visible. El helio compone el 23% de esta materia.

Para que aparezca el oxígeno se han de dar determinadas circunstancias, como que las estrellas lo generen por la combustión de hidrógeno en helio. Sin embargo, este aparece en forma de tres isótopos estables (16O, 17O y 18O), no el oxígeno molecular que observamos en nuestra atmósfera (O2).

El oxígeno es el elemento químico más abundante por masa en la biosfera, el aire, el mar y suelos terrestres porque la vida lleva 4.000 millones de años excretándolo en su proceso.

Cuando las plantas y algunas bacterias respiran, capturan el CO2 y CO atmosférico (entre otros) y devuelven a los cielos O2 molecular. No conocemos ningún otro mecanismo a excepción de la vida que haga esto.

Eso significa que, según nuestros conocimientos, si localizamos un exoplaneta con una atmósfera rica en O2, es muy probable que encontremos vida, si bien es cierto esta podría ser tan básica como las cianobacterias con las que queremos conquistar Venus (alga verde-azulada).

Podemos descubrir algo así en base a la luz que escapa de un planeta gracias al espectro de emisión del oxígeno (abajo). Si los patrones de luz visible se corresponden con estos, entonces hay oxígeno. Y si hay mucho, puede haber vida.

espectro de absorción del oxígeno búsqueda de vida extraterrestre

Buzoneo galáctico: lanzando sondas con mensajes

Una alternativa a observar es ponerse manos a la obra y lanzar mensajes en botellas. Aunque poco efectivo (es improbable que nadie dé con ellas), lo hemos hecho en más de una ocasión.

Las misiones Pioneer 10 y 11, lanzadas en 1972 y 1973 para explorar Júpiter y Saturno incluyeron dos placas diseñadas por Carl Sagan y Frank Drake (sí, el de la ecuación de arriba) con información para localizarnos.

Placa de las misiones Pioneer

Arriba a la izquierda pueden verse dos átomos de hidrógeno con un electrón de distinto spin. Este spin, al cambiar de dirección, genera una onda de 21 cm de largo, justo el largo de la placa, que ha sido tomado como base de cálculo.

En base a esta medida tan rara de 21 cm se muestran el resto de dimensiones y distancias de la imagen: la posición del Sistema Solar en base a los púlsares cercanos (la estrellita), el Sistema Solar (abajo), y el tamaño de los humanos.

En las misiones Voyager fuimos un paso más allá e incluimos discos con los Sonidos de la Tierra. Lo cierto es que su diseño es una maravilla, ya que incluye de un modo minimalista el diseño de un reproductor:

discos sonidos de la tierra

Si alguien encuentra el disco podrá reproducir saludos en 55 idiomas, sonidos varios de nuestro planeta y 27 conciertos. Claro, que si alguien se topa con algo así quizá sea tan enigmático como el manuscrito Voynich.

 

No se nos han ocurrido muchos más métodos para buscar vida extraterrestre o civilizaciones alienígenas, pero a medida que avanza la tecnología podrían surgir otras. Por ejemplo, basándonos en las ondas gravitacionales.

Hay quien dice que no deberíamos asomar la cabeza, no vaya a ser que lo que sea que hay fuera (si es que hay algo) nos descubra. Otros, por el contrario, encuentran divertida la idea de comunicarnos con civilizaciones foráneas.

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Imágenes | iStock/Max2611, Oberholster Venita, Arecibo, casanchi, Pioneer 10, Sonidos de la Tierra

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