Este software sabe cuánto te has quemado la piel y así te va a curar

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Objetivar, una vez más, el diagnóstico de un paciente para poder hacer un tratamiento más efectivo, eficaz, temprano y personalizado.

Éste es el objetivo de BAI, un software que presenta en 3D al paciente calculando la superficie corporal quemada de una manera más precisa que con la valoración subjetiva realizada, hasta ahora, por los expertos sanitarios y que evita, por ejemplo, traslados innecesarios a uno de los 9 hospitales de referencia en España para el tratamiento de este tipo de pacientes.

Quemadura: de lo cotidiano a lo grave

Las quemaduras son uno de los accidentes domésticos que más se suelen dar. De hecho, la mayoría de lesiones por efectos térmicos (especialmente quemaduras con líquidos calientes), se registran en el interior del hogar (15,6%), según datos del Gobierno.

En muchas ocasiones, este tipo de accidentes no reviste demasiada gravedad, pero se calcula que en España cada año ingresan aproximadamente 1.000 pacientes en las unidades de Grandes Quemados de los Hospitales de Referencia (Getafe y La Paz, de Madrid; Vall d’Hebron, de Barcelona; Cruces, de Bilbao; La Fe, de Valencia; Virgen del Rocío, de Sevilla; Miguel Servet, de Zaragoza; Carlos Haya, de Málaga; y Juan Canalejo, de La Coruña).

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Según el informe de la OMS y Unicef, una de las cinco causas principales de muerte por lesiones son las quemaduras causadas por el fuego. Son responsables de la muerte de cerca de 96 000 niños al año, y cuya tasa de mortalidad es 11 veces mayor en los países de ingresos bajos y medianos que en los de ingresos altos.

Lo trascendental del primer cálculo

Cuando el personal sanitario se enfrenta a un paciente con quemaduras, normalmente realizan una valoración sobre qué cantidad del cuerpo del paciente está afectada. Algo que se sigue basando en reglas como la de la palma de la mano.

Para valorar la extensión de una quemadura de una forma rápida (en adultos), la superficie corporal se expresa en porcentajes que calculamos mediante la regla de los 9 o de Wallace, o la teoría que viene a decir que la palma de la mano del herido representa el 1% de su superficie corporal. A partir de esa medida, se puede hacer una aproximación de a cuánto asciende la superficie lastimada. Pero no todas las manos son iguales ni guardan la misma proporción en las personas, por lo que este método no es el más exacto.

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En el esquema de Wallace, los médicos se basan en una representación bidimensional que tampoco recoge aspectos tan importantes como la edad, la altura o el peso de cada persona.

Y, sin embargo, calcular el porcentaje del cuerpo quemado resulta básico para determinar el tratamiento que hay que seguir y si se tiene que derivar a un hospital de referencia. “A veces se traslada al paciente de manera innecesaria, con lo que esto supone en términos de coste y de atención al paciente”, explica Cristina Suárez Mejías, ingeniera de telecomunicaciones del Centro de Innovación Tecnológica del Hospital Vírgen del Rocío de Sevilla, quien considera que esto pasa porque los métodos para valorar al paciente son subjetivos.

Un modelo más exacto

De ahí que el Grupo de Teoría de la Señal y Comunicaciones de la Universidad de Sevilla, en colaboración con la Unidad de Cirugía Plástica y Grandes Quemados del Hospital de Sevilla y el grupo de innovación tecnológica del Hospital Vírgen del Rocío iniciaran el desarrollo de BAI (Burn Analysis Imaging System).

Se trata de un software que permite, a partir de la altura, peso, sexo y edad de la persona, construir un modelo en 3D en el que se pueden pintar las zonas en las que se ha quemado el paciente. “El programa ofrece automáticamente el grado de superficie total quemada y, a partir de aquí, se puede hacer un tratamiento personalizado y mejorado para cada paciente”.

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BAI, que así se llama el programa, no es capaz de establecer el grado de quemaduras aunque sí se pueden adjuntar fotografías para que el especialista lo pueda valorar. No obstante, es un software que está muy pensado para su uso en ambulancias y los profesionales que trabajan en ellas “sí que saben clasificar el grado de las quemaduras”.

Según Cristina Suárez, BAI es muy rápido y en apenas unos minutos puede representar y calcular los porcentajes de quemaduras del paciente. Además, el programa “permite ampliar y hacer zoom para poder seleccionar mejor el área quemada. Conforme se está representando el área quemada, BAI es capaz de determinar el grado total quemado”.

Otra de sus ventajas, frente a métodos tradicionales, es que también es capaz de representar a personas de cualquier edad y condición física, incluidos recién nacidos.

Así pues, lo primero que se debe hacer es determinar el sexo, edad, altura y peso del paciente, de forma que el programa genera, en un modelo 3D, un avatar del paciente. De esta forma, el profesional sanitario puede marcar sobre el modelo del paciente las regiones quemadas, eligiendo entre cuatro grados posibles: primer grado, segundo grado superficial, segundo grado profundo y tercer grado. El usuario puede escoger distintos radios para marcar la quemadura (mínimo, pequeño, mediano, grande y máximo). BAI representa con distinta tonalidad cada grado y permite rotar, escalar y trasladar al modelo. También permite hacer un zoom de manos y cara, zonas muy importantes para el diagnóstico de quemados.

De momento, las pruebas para verificar el grado de fiabilidad del programa se han realizado en la Unidad de Quemados del Hospital de Sevilla, pero ahora se está haciendo un pilotaje en emergencias, con el fin de afinar aún más el programa. Para el paciente, las mejoras que aporta BAI incluyen el hecho de que el tratamiento está más dirigido desde primer momento “sabiendo que cantidad de líquidos y qué tratamiento tiene que ponerle en cada zona afectada”.

Obtener un cálculo certero sobre la superficie corporal quemada no solo permite un mejor diagnóstico “evitando el ensañamiento terapéutico”, sino que supone un aspecto “vital para la evolución de la quemadura y para ayudar en posibles derivaciones, evitando desplazamientos innecesarios”.

Un desarrollo español

Cabe señalar que en BAI ha estado trabajando un equipo de investigación durante más de 12 años. El desarrollo de BAI fue financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología a través del proyecto “Herramienta de ayuda al diagnóstico para la atención primaria de enfermeros quemados” (TIC2002-01401). Los resultados preliminares de dicha investigación fueron publicados en el Congreso Nacional de Cirugía Plástica durante dos años (2006 y 2007), en donde fue galardonado con el Premio a la Mejor Ponencia y en 2011 en una de las revista de quemados más importantes a nivel internacional, Burns.

Pero, además, también se ha presentado en el Congreso Nacional de Emergencias Sanitarias (SEMES) y se ha probado con éxito con pacientes reales de la Unidad de Cirugía Plástica y Grandes Quemados del Hospital Universitario Virgen del Rocío-HUVR de Sevilla, con el fin de verificar su exactitud.

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Actualmente la aplicación se encuentra acreditada por dos registros de propiedad intelectual y se está estudiando las opciones de comercialización para otros organismos públicos.

Es un programa que se ha desarrollado en entorno Windows. “En un principio se hizo para PCs portátiles convencionales pero poco a poco se ha ido desarrollando para las tablets que utiliza el servicio de asistencia sanitaria andaluz”, nos explica la ingeniero de telecomunicaciones. Por tanto, en estos momentos se utilizan tablets Windows para emplear el programa, pudiendo utilizar también la tecnología de pantalla táctil.

De 2015 a 2016 se les ha otorgado el proyecto de la fundación para la Innovación y la Prospectiva en Salud en España (FIPSE) para estudiar el análisis del mercado y la puesta del producto en el mercado. “En esos momentos es gratuito para Andalucía pero para otras comunidades y centros se está estudiando cuál sería el mejor mecanismo de comercialización. Evidentemente tendrá algún coste para mantener el equipo y las correspondientes actualizaciones”, nos explica Cristina Suárez.

Lo que sí parece descartado es que podamos ver, al menos de momento, este software en forma de app. Aunque hay aplicaciones para descarga parecidas, “nos dimos cuenta de que eso no tenía mucho sentido porque cuando un usuario se quema no está para descargarse una aplicación, si no que lo que quiere es que le atiendan desde emergencias. Por eso descartamos su desarrollo tipo aplicación”. Además, este tipo de aplicaciones no están tan personalizadas y los cálculos que realizan están basados en las reglas anteriormente mencionadas (como la del 1%), que no son exactas “y no tienen las ventajas de nuestro producto”.

En lo que sí se trabaja es en mejorar la parte gráfica y sus rendimientos, siendo éste uno de los objetivos a futuro. También se quiere profundizar en un mejor análisis y tratamiento de la imagen, con el fin de conocer el grado de la quemadura “y otras mejores que puedan ir surgiendo en función del uso que se le dé con los usuarios finales”, explica Cristina Suárez.

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