Cómo están cambiando las formas de componer gracias a las tablets

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La música no entiende de barreras. Es un lenguaje universal, que permuta en el tiempo y el espacio —que se lo digan si no al astronauta Chris Hadfield—, yendo más allá de los formatos estándar de composición: los propios instrumentos. Allá donde haya creatividad habrá música.

Las tablets han supuesto un cambio de paradigma. No son una simple herramienta para esos momentos donde no tienes el PC a mano. Gracias a su facilidad de transporte, su polivalencia, se han posicionado en prácticamente todos los estratos laborales: desde mostrar la carta de un restaurante hasta impartir clases vía conferencia. Pero donde realmente han estandarizado su uso es en la música.

Ya en 2010, cuando aparecieron los primeros modelos, Damon Albarn, cantante y líder de Blur, publicó el disco ‘The Fall’, grabado íntegramente con aplicaciones de tablet. Aquel año, por cierto, se vendieron casi 20 millones de tablets; para 2013, su mercado había alcanzado los 120 millones de modelos vendidos. Después, el ritmo decreció: los casi 200 millones en 2015 suponían un 10% menos respecto a 2014. Pero, para combatir esta caída en popularidad e innovación, los fabricantes comenzaron a diseñar híbridos. Y parece que ha vuelto la estabilidad: el segmento tablet desmontable, según informes del IDC, crece sin parar y empieza a copar el espacio del portátil.

Del atril a la tablet

Sin duda, las tablets son el dispositivo de mayor crecimiento de toda nuestra historia tecnológica. Y pueden considerarse un instrumento más. Existen decenas de aplicaciones de datación y composición musical. Ensemble Composer, NotateMe o Noteflight permiten crear partituras y escucharlas al instante mediante los VST que incluyen. Además, gracias al poco peso del formato .mid, podemos llevar miles de ellas, clasificadas por autores y editarlas en nuestra biblioteca de manera cómoda y sencilla.

Bajo la atenta batuta del director, cada día es más habitual encontrar tablets sustituyendo a los clásicos libros de partituras. Se acabó el desorden, el traspapelar hojas, el hacer anotaciones a boli. La Orquesta Filarmónica de Bruselas ya sustituyó definitivamente el papel por la pantalla. O esta agrupación orquestal donde sus instrumentos están íntegramente compuestos por smartphones y tablets.

Sin ir más lejos, el año pasado la Orquesta Sinfónica de Navarra hizo sus ensayos con varias tablets y utilizando la aplicación Blackbinder, un fenomenal sistema desde el que podemos comprar y clasificar, estudiar e interpretar partituras. Utiliza la tecnología inteligente pageless scrolling; es decir, pasa las páginas de manera automática al ritmo de la lectura.

Aún más allá va StaffPad: con un lápiz activo podemos escribir una composición y el sistema se encarga de reconocer cada nota, movimiento o anotación, adaptándola y convirtiéndola. Además nos permite multiplicar o corregir voces incorrectas, cuantiza tempos y, finalmente, podemos reproducir la pieza vía MIDI, exportarla a PDF e imprimir nuestras propias partituras firmadas. De forma ágil e intuitiva. En este artículo explican la interesante historia de la aplicación y cómo han logrado sus hitos tecnológicos.

Ni teclas ni botones: tan sólo una interfaz táctil

En cuanto a la composición física, las opciones son aún más fértiles. Sunvox, por ejemplo, permite crear sintetizadores ultracromáticos desde una interfaz modular. Si, por ejemplo, metemos una línea vocal o de guitarra, podemos trocearla y editarla hasta crear una sonoridad completamente nueva. Y, como secuenciador, podemos mezclar pistas y exportar mediante los formatos WAV, MIDI o MP3. Soporta la inclusión de samples en multitud de formatos.

FL Studio Mobile o NanoStudio son otras buenas opciones, aunque Caustic 3 es una de las más completas. Incluye 14 instrumentos, desde bajos monosinte, órganos, cajas de ritmos, vocoder, hasta un sintetizador orgánico multi-sample. Y su librería de efectos contiene otras 16 opciones: delays, phasers, limitadores y compresores de onda, etcétera. Y todavía quedaría StageLight, el GarageBand de Windows creado por los veteranos Open Labs: un verdadero portento intuitivo ideal para todo tipo de música que incluye su propio DAW optimizado.

Y, a parte de los secuenciadores anfitriones, tendríamos sintes como los populares Animoog, Akai Synthstation, el gratuito Accordion y los todopoderosos MorphWiz y GeoShred creados por Jordan Rudess, teclista de la banda Dream Theater. En cuanto a guitarras existen emuladores como Amplitube —o el hardware adicional iRig— y suites como Guitar Toolkit que, junto a AmpKit, son las aplicaciones ideales para guitarristas que no quieran andar cargando toneladas de amplis y pedales de efectos.

Lenovo Tablet

En cuanto a estaciones de producción y mezcla, la Alesis iODock II puede plantar cara a cualquier interfaz sobremesa de sonidistas profesionales.

Creatividad al servicio de la tecnología

Las ventajas de una tablet frente a la grabación convencional son obvias: puedes usarla tanto en estudio como en directo, llevarte tu trabajo a cualquier parte y seguir donde lo dejaste. Y, gracias a las redes WiFi, podemos compartirla, hacer respaldos o backups, incluso retransmitir las actuaciones/ensayos vía streaming.

Las tablets de los últimos años tienen tanta potencia como un PC sobremesa de gama media, con memoria RAM de calidad y resoluciones de pantalla superiores a muchos monitores de estudio, con procesadores de cuatro núcleos a 2 GHz y memorias sólidas para una rápida lectura/escritura de datos.

En un sentido estrictamente creativo, la paleta de sonidos que pueden obtenerse de estas aplicaciones de síntesis son de una riqueza mayor a las de los instrumentos convencionales. Pero para trabajar con esa cantidad de voces y timbres necesitamos un hardware a la altura. Ya saben lo que dicen: el hardware es tan importante como el software.

MIIX 700

La tecnología no deja de avanzar y con ello su usabilidad. El mercado de tablets ha alcanzado con Lenovo verdaderos estándares de eficiencia. Por un lado tenemos la Yoga TAB 3 y su edición PRO. Pero, sobre todo, la reina de la corona, la híbrida MIIX 700, con tarjeta gráfica integrada, procesador Intel Core m7 de sexta generación, pantalla Full HD+ (2160 x 1440) de 12″, 8 GB de memoria LPDDR3L y un disco duro SSD de hasta 256 GB. Pocos sistemas portátiles brindan tanta potencia y, por tanto, tanta versatilidad.

La Yoga TAB 3 Pro incluye una funcionalidad que quizá algunos conozcáis: en su cilindro que sirve de soporte se esconde, a parte de cuatro altavoces JBL de alto rendimiento, un picoproyector LED, ideal para mostrar nuestras partituras o composiciones de un vistazo rápido. Además, con su certificado IP21, sus menos de 700 gramos y 10,1 pulgadas, aguanta la batalla de llevarla en una mochila de un lado para otro, resistiendo polvo y salpicaduras.

Yoga TAB

Ahorro de costes, no de posibilidades

Cuando Björk presentó Biophilia, la aplicación, demostró que la música es un organismo vivo, que puedes modular con tus manos: podíamos modificar parámetros de las canciones e interactuar con ellas. Dicha herramienta, expuesta de manera permanente en el MoMA, tiene más de videojuego que de instrumento virtual. Y es sólo una de las múltiples posibilidades.

A todas luces, una tablet es el gadget electrónico más cercano a un instrumento musical. En las app’s de Borce Trajkovski —My Guitar, My Piano, My Bass— los instrumentos, aunque virtuales, se tocan de manera similar a como se haría con sus émulos analógicos: rasgando, glissando, hasta pellizcando, con un gesto idéntico al de ‘arrastrar/ampliar fotografías’.

Cada día es más habitual encontrar entre los instrumentos tradicionales tabletas y portátiles. Músicos como Jaga Jazzist o Flying Lotus no podrían vivir sin ellos. Y no solo en el género electrónico: desde virtuosos del jazz fusión como Snarky Puppy las usan de apoyo hasta, como decíamos, populares filarmónicas. Como apuntaba hace un par de años Jan Van der Roost en este artículo, prestigioso compositor y director de orquesta: «si digitalizamos completamente nuestra biblioteca vamos a ahorrar alrededor de 25.000 euros al año en costos de impresión».

Cambiando las formas de componer

Una composición más intuitiva no es necesariamente una composición perezosa. Ya se ha demostrado en el diseño, en la fotografía, que las herramientas están ahí para eso, para servir de ayuda, de atajo, nunca para sustituir la mano experta. Aquella frase de Brian Eno «no se puede imaginar la música sin la tecnología» debe ser tomada de manera inteligente: la música, en sí misma, es símbolo del progreso tecnológico.

La diferencia central de componer en papel a componer sobre una tablet orbita en torno a la comodidad y la eficacia: en vez de repetir pasajes a mano, podemos hacer un copia/pega de una sección; en vez de tachones o borrones, un simple ‘delete‘. De igual manera que el ordenador personal no ha asesinado a la novela, y ahora los escritores producen sus obras con mayores comodidades —a saber la de borradores que se han perdido durante los años—, la tablet se acerca, como decíamos, a esa forma de sentir y tocar un artilugio tecnológico, de hacer música con las manos.

Lenovo ZA

Desde las primeras partituras, según la notación musical desde el Siglo XIII, las formas de escribir la música sí han cambiado radicalmente, no así de componerla. La música siempre nacerá de una comunión entre el músico y su instrumento. Y, para eso, como en cualquier truco de magia, hacen falta las manos.

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