¿Habrá tres estrellas Michelín para los nuevos robots de cocina?

robots de cocina

Hace un par de años, un prestigioso doctor en matemáticas, científico informático llamado Mark Oleynik, fundó Moley. ¿Y qué es Moley? Pues una empresa de robótica: de cocina robótica en particular. Su premisa es la siguiente: que todo el mundo pueda disfrutar de buena comida aunque no disponga de habilidades para cocinar.

En la medicina o la industria automovilística, los brazos robóticos son el pan de cada día. Gracias a sus sensores de alta precisión y sus cámaras 3D logran analizar el entorno y saben en cada momento lo que están haciendo: si dejas un tenedor encima de la mesa, lo detectarán y guardarán en su compartimento correspondiente.

Como su propia biografía laboral indica, Oleynik trabajó con varias empresas de trasplantes: su conocimiento sobre miembros protésicos viene de lejos. El primer robot de cocina que construyeron, en colaboración con la empresa Shadow Robot, costaba 15.000 dólares. El actual asciende hasta los 75.000 dólares, aunque esperan una disminución hasta los 30.000 dólares en cuatro o cinco años, dependiente de su éxito de ventas.

Este incluye una equipación completa: licuadora, batidora, encimera con menaje, cuchillos, un horno, una placa, un microondas y un lavavajillas. A través de sus dos brazos, Moley Robotic Kitchen cocina como un chef hasta 2.000 recetas: sólo tenemos que descargarlas desde una sencilla app. Desde el pad táctil el usuario no sólo puede pedirle comida, sino que además veremos los niveles restantes de los ingredientes necesarios como si se tratasen de diferentes tintas de tóner.

El robot, de hecho, trabaja con unos contenedores específicos que deben ser colocados en un orden concreto para que él pueda acceder. Igual con la vajilla para los platos de presentación.

¡Quiero hablar con el cheff de este local!

¿Podría un robot así ser el cocinero de un restaurante? Sí y no. Por un lado presenta una gran cantidad de soluciones a problemas comunes. Con estos dos brazos olvídate de alergias, de contaminación cruzada, de unas manos manipulando el producto con higiene descuidada o ese demonio en la sombra que son los “pelos en la sopa”.

Para cualquier restaurante también supone una revolución: se acabaron las posibles quemaduras, cortes u otros accidentes laborales, se acabó el estrés de trabajar incontables horas. Estos dos brazos podrían operar de manera continua sin quejarse.

Pero, por otro lado, tenemos un robot inteligente, que aprende recetas, formas de proceder, pero siempre bajo una directriz. ¿Dónde queda la virtud del chef, la mente creadora? Una máxima de cualquier equipo de trabajo está en la creatividad, en ser capaces de ofrecer algo distinto y renovar la carta de platos con frecuencia. Sin eso nos queda una simple cadena de comida automatizada.

Otro problema auxiliar deviene de la capacidad de este robot: puede cocinar un plato de manera simultánea, pero no preparar diez raciones a la vez. Un restaurante demanda agilidad, que las comandas vuelen entre mesa y mesa. Y nos tememos que Moley Robotic Kitchen se toma la vida con cierta calma.

El mejor amigo del cocinero

Quizá estamos planteando un horizonte demasiado dramático. ¿Por qué no convertir a este minichef en un compañero de trabajo? Dentro del organigrama de una cocina existe lo que se conoce como brigade de cuisine: Jefe de cocina (diseño, logística, gestión de compras, supervisión de la higiene, etcétera), sub-jefe de cocina, jefe de Partida, cocinero, asistente, pinches, supervisores de aperitivos y entrantes, etcétera. Quiero decir con esto que el rol del supervisor siempre ha de existir, incluso cuando se trabaja con personal humano.

supervisando

Detrás del Moley Robotic Kitchen se esconden los conocimientos prácticos de Tim Anderson, vencedor de MasterChef UK. Estos dos brazos son capaces de elaborar comida auténtica desde cero. Su aprendizaje se basa en un análisis profundo y automático, algo que puede obtener simplemente viendo vídeos de tutoriales en Youtube.

Quizá sea demasiado pronto para poner a un robot de Jefe de todo un rango, pero no para que elabore cremas, platos sencillos, haga todo ese “trabajo sucio” que nadie quiere desarrollar.

A por el Bocuse d’Or

Por otro lado, si el conocimiento es adaptativo y progresivo, ¿qué impide a Moley coronarse como el próximo Hilario Arbelaitz, Jean Louis Neichel, Juan Mari Arzak o Pedro Subijana?

El campo de la robótica ha dado un salto de gigante en los últimos años. El uso de RNA (Redes Neuronales Artificiales) nos ha llevado a comprender mejor el aprendizaje: nadie nace sabiendo todo, sino aprendiendo de los errores. Pero nunca dejamos cometer errores a nuestras máquinas.

darwin

El mini-robot de esta imagen se llama Darwin, en honor al padre de la Teoría de la Evolución. Darwin fue desarrollado por la Universidad de California, Berkeley: al principio se comportaba como un bebé: gateaba, tropezaba. Pero aprendió de sus errores de manera orgánica. Después fue capaz de andar sin tambalearse. Su última versión hacía el pino y corría detrás de una pelota. Y, bueno, sólo hay que ver la versatilidad de bichos como el cuadrúpedo de Ghost Robotics.

Esto es una simple aproximación mecánica, pero pone sobre la mesa una duda ante la pregunta, ¿puede Moley hacer todo lo que se le manda, o puede hacer algo más? ¿Podría perfeccionar su técnica con el cuchillo para tallar complejas estructuras con una patata oelaborar un carpaccio a escala molecular?

¿Y si quiero un Moley en mi casa?

Quizá no sea un dato conocido, pero todas las batidoras, peladoras, o montadoras que tenemos en casa son una versión a escala casera de herramientas industriales. Todas las herramientas mecánicas de cocina nacieron bajo un perfil industrial o, como mínimo, profesional.

Pero Moley Robotic Kitchen es distinto. Moley es, de hecho, una de las opciones más sugerentes para el usuario que no quiera ni perder su tiempo ni aprender a cocinar. Podría ser una opción muy inteligente para cocinar en un hogar, ya que no está enfocado a grandes cantidades a elaborar ni a tiempos a contrarreloj.

cocinero-del-amor

Y, lo mejor de todo, con Moley se acabarían las guerrillas sobre quién frega los platos o quién cocina esta noche. Tendríamos a un aliado siempre dispuesto, pero que no nos dejaría probar bocado hasta que tuviese su plato completamente terminado. Lo que se llama un chef “muy suyo”.

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