¿Qué tiene que ver una vaca con la carrera espacial?

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Toda tecnología se apoya en la que ya existe con anterioridad, en mayor o menor medida. Por muy rupturista que sea un invento electrónico, por ejemplo, deberá poder cargar con la corriente alterna de nuestras casas o la continua de nuestras baterías. Tendrá que adaptarse a esas especificaciones y marcos. Y esto mismo ocurrió con la carrera espacial.

Lo que muy poca gente sabe es que la carrera espacial moderna se construyó sobre una tecnología un tanto extraña hoy día: dos animales de tiro en paralelo unidos por un yugo. O, lo que es lo mismo, dos veces el culo de una vaca, buey o caballo. Algo que lejos de empañar la conquista espacial la hace, si cabe, mucho más divertida.

Cómo se sube algo al espacio, y qué pinta un tren en todo esto

Todo arrancó en 1980, cuando las primeras misiones STS empezaron a subir astronautas al espacio.

Las STS consistían en una lanzadera, un depósito principal y dos cohetes secundarios. En la lanzadera iba la carga y los astronautas, los cohetes ayudaban a subir esto al espacio y en el depósito principal iba el combustible. Esto, hoy día, no ha cambiado demasiado.

Lanzaderas perfiles

De izquierda a derecha: Columbia, Challenger, Discovery, Atlantis, y Endeavour. Fuente: NASA

¿Alguien ha visto cómo funciona un extintor o una manguera? ¿Esa fuerza con la que uno se ve proyectado hacia detrás cuando abre ambos? Evidentemente, con estos elementos la fuerza es pequeña, pero existe y es fácil de ver. Para subir algo al espacio se sigue el mismo principio: algo sale a mucha velocidad por un agujero, y lo que hay pegado a él tiende a ir hacia el otro lado.

Propulsión cohete

Lanzamiento del STS-1, 12 de abril de 1981. Fuente: NASA

En las fases de diseño de esos cohetes secundarios (los cilindros laterales de las fotografías) se encontraron con ciertos límites. A diferencia del cilindro de combustible principal, construido por el aquél entonces empresa Martin Marietta en Nueva Orleans, y transportado en barcaza hasta Cabo Cañaveral, los cohetes secundarios los fabricaba la empresa Thiokol, en Utah.

De vez en cuando las noticias nos muestran cómo se transporta un objeto grande de un lado a otro de un país. El fuselaje de un avión, el ala de un molino eólico, una vivienda prefabricada, o un vehículo grande. Para ello se cortan las calles, e incluso se hacen pequeñas obras o se retiran determinados tendidos eléctricos durante unas horas para que el camión de transporte pueda pasar.

Pero entre Utah y Cabo Cañaveral hay una serie de túneles que obligaron a los cohetes a ser diseñados de 3,7 metros de diámetro y nada menos que 45,5 metros de altura. El ancho de estos túneles, por supuesto, vino a raíz del ancho de los trenes del periodo expansionista americano: 1850.

Las vías férreas de 1850, y el ancho de vía estándar

Corría el año 1850 y América del Norte estaba en pleno esplendor. Las vías férreas parecían crecer casi a la velocidad a la que avanzaban los propios trenes sobre ellas, y los túneles pronto empezaron a surcar el país. Estos túneles fueron tallados en las rocas a base de dinamita y cincel usando como referencia el ancho de vía estándar que los ingleses habían exportado de sus ferrocarriles: 4 pies y 8,5 pulgadas de ancho.

Ancho de vía o troncha

Ancho de vía o troncha. Fuente: Wikipedia

Esta medida es casi idéntica al ancho de la primera línea de ferrocarril para locomotora del mundo, entre Stockton y Darlington. Fue diseñada por el ingeniero inglés George Stephenson, que utilizó la medida de 4 pies y 8 pulgadas copiada de las minas de Killingworth donde estaba trabajando, y que seguía el estándar de la época para vías de mina de entre 1,4 y 1,5 metros.

Las vagonetas de las minas, y lo que los griegos nos enseñaron a hacer

El uso de vagonetas no es nuevo. De hecho, hay restos de vagonetas datados en el siglo VI a.C. en el Istmo de Corinto (Grecia) y que se sabe que funcionó durante 600 años. Pero antes de las locomotoras, su uso masificado estaba dentro de la tierra, y no fuera. Estas vagonetas eran usadas como el modo más cómodo de transportar material de minería al interior del mundo.

Vagoneta riotinto

Vagoneta en desuso en Riotinto (Huelva). Fuente: Enric Rublo

Y para sacarlas cargadas de preciosos metales, carbón y piedras. Durante muchos siglos, estas vagonetas apenas sí cambiaron. Como mucho se les añadió un freno o algún tipo de palanca que hacía que pudiesen descargar, pero el ancho permaneció constante desde su inicio. ¿La medida entre raíles? Entre 1,4 y 1,5 metros, una medida mucho más antigua que el hierro griego.

Lo que el espacio les debe a los animales de carga

Los ingleses copiaron las vagonetas de las minas de los romanos, y estos a su vez de los griegos. Pero el ancho de vía no es un invento griego, sino mucho anterior. De hecho, fue más un descubrimiento que un invento, ya que el ancho de vía es aproximadamente igual al surco que deja un antiguo carro empujado por dos animales de tiro.

Y aunque no es lo mismo un caballo europeo que un buey asiático, sus tamaños son similares. Cuando hace milenios les cosimos un yugo para que dos de estas bestias manejasen carga pesada, sellamos con ese acto el ancho mínimo y máximo de las ruedas de madera que surcarían los caminos por todo el mundo.

La trazada de las ruedas no debía coincidir con las pisadas de los animales, para evitar sobreesfuerzos. Y para que el eje no se rompiese por las tensiones del viaje, cada rueda estaba aproximadamente en el centro de las posaderas de cada animal.

Estas ruedas marcaron los caminos, y sus marcas guiaron el fundido de hierro que dio lugar a las vagonetas de las minas, de donde Stephenson cogió la medida que sembraría el mundo de locomotoras, y de túneles por los que pasarían los cohetes.

Quizá los hindúes tengan razón, y las vacas son sagradas. O, al menos, sus espaciales posaderas.
Imagen de portada | Pexels

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