Nos encantaría creer que vivimos en una simulación como Bostrom, pero estas son nuestras dudas

Y si la realidad fuese una simulación

¿Te has planteado alguna vez que la realidad no sea tan real como pensamos? ¿Que vivamos dentro de una simulación llevada a cabo en un superordenador considerado del futuro o, incluso, construido por una inteligencia extraterrestre? El trilema de Bostrom apunta a algo parecido.

Y si descubrimos que vivimos en una simulación, entonces qué? ¿Cambiaría algo? Si toda nuestra realidad hasta ahora no es real, pero la sentimos como tal, ¿de verdad importa? ¿Podemos saber si vivimos dentro de una simulación? Estas son nuestras dudas, y respuestas hay pocas.

¿Qué es el trilema de Bostrom?

Nick Bostrom, filósofo sueco de la Universidad de Oxford, propuso hace unos años el que se ha terminado por llamar trilema de Bostrom. Un trilema surge cuando hay varias opciones posibles complementarias. Es decir, que una (y solo una) debe ser real.

Por ejemplo, cuando miramos al cielo y nos preguntamos si existe un noveno planeta en el Sistema Solar. Las posibilidades de este dilema serían:

  • Existe.
  • No existe.

Y no hay ninguna posibilidad intermedia. Un planeta no puede existir un poquito o mucho. En un trilema, las opciones son tres, y en el trilema de Bostrom son las que siguen, que trataremos de explicar a continuación:

  1. La fracción de civilizaciones de nivel humano que alcancen un estado posthumano (Es decir, capaz de ejecutar simulaciones de antepasados de alta fidelidad) es muy cercana a cero;
  2. La fracción de civilizaciones posthumanas que están interesadas en ejecutar simulaciones de ancestros es muy cercana a cero;
  3. La fracción de todas las personas con nuestra clase de experiencias que están viviendo en una simulación es muy cercana a uno.

Bosrtom es filósofo, de modo que trataremos de bajar a tierra esto. Pensemos en nuestra propia civilización presente y lo que hemos avanzado en materia de realidad virtual, videojuegos e imagen durante unas dos décadas.

Hemos pasado de jugar en televisores que mostraban pixels a sorprendernos de la calidad de la imagen. Y, a veces, a no distinguir que la imagen que estamos viendo está siendo generada por ordenador. Demos el salto a dentro de dos décadas más. Y luego a diez, cien y mil décadas.

Nuestra potencia de cálculo dentro de un número desconocido de años (año 5.000 d.C., por ejemplo) será tal que podríamos crear un entorno de simulación donde las personas simuladas no supiesen que no son reales.

Piernas de un joven apoyado en una pared con trazas de efecto glitch

Llegado el caso, ¿por qué no hacer una simulación de nuestro pasado (el presente)? Y, tras esa simulación, otra. Y otra. Y otra más, hasta que el número de simulaciones sea tan grande que, si eliges al azar un humano cualquiera de entre todos los que existen o han existido, lo más probable es que ese humano viva dentro de una de las simulaciones que has creado, y que esté en la inopia.

¿Tienes en mente a algún ser humano en particular?

Las discusiones sobre el trilema de Bostrom

Algo muy importante del trilema de Bostrom es que ni siquiera su pensador, Nick Bostrom, afirmó que viviésemos en una simulación. Solo planteó la posibilidad. Sin embargo, a raíz de eso empezaron los argumentos a favor y en contra de esta posibilidad.

La potencia de cálculo necesaria tendría que ser enorme

Una de las críticas a estar siendo simulados es la potencia de cálculo necesaria. Una persona simulada tiene que creerse que vive dentro de una realidad. No vale de nada que el sistema se quede pillado o que haya errores de cálculo.

Ha de computar con soltura, y con nuestra tecnología actual un proyecto de dimensiones tan grandes es imposible por su envergadura. Pero esto no significa que en el futuro no tengamos una tecnología capaz. De hecho, cada vez nuestros ordenadores son más potentes y fiables.

La velocidad de la luz, cantidad sospechosa

Esta explicación puede ser algo técnica, pero en entornos de simulación actuales se usan pequeñas celdas a las que llamamos elementos finitos sobre las que se aplican miles de ecuaciones. Dividimos la simulación en varios billones de estas celdas y procesamos la información.

Para que la simulación no colapse, limitamos algunos valores, como que el sonido no puede saltar de una celda a otra sin pasar por la celda intermedia, lo que limita su velocidad de propagación.

La velocidad de la luz tiene un límite máximo que hizo sospechar hace tiempo que fuese uno de esos límites necesarios para que la simulación en la que vivimos no colapse.

No se puede simular un cerebro humano

Dicen que somos demasiado complejos, y esto último es totalmente cierto. Lo más parecido que hemos conseguido es simular entre un 1 y un 5% de nuestra psique, y nunca en tiempo real. Es decir, que simulamos varios minutos con varios días o semana de cómputo.

Sin embargo, ya hemos conseguido hacerlo con un gusano, ratones, ratas (ratones y ratas tienen psiques diferentes). Pareciera que nos estamos acercando. O no.

Los simulados no sabrían que están siendo simulados

Por supuesto, hay muchos más debates abiertos, pero cerramos con este por su importancia. Supongamos que estamos en una simulación, y que alguien, quizá un extraterrestre bajito llamado G’ork, nos tiene dentro del análogo al PC de sobremesa.

A menos que nuestro querido G’ork, el todopoderoso, hiciese acto de presencia, no hay modo de afirmar o negar su existencia. Es el mismo argumento de las religiones: no se puede demostrar, pero negar la existencia de un algo que nos crease resulta imposible.

Paisaje de montañas nubladas al amanecer

La hipótesis de simulación ha sido tildada por muchos de bobada, para otros es una posibilidad, e incluso hay quien da un salto de fe y considera que vivimos en una solo para darse cuenta de que, en realidad, importa más bien poco si lo hacemos. ¿De verdad cambiaría nuestro día a día?

No hay pruebas tangibles ni a favor ni en contra para elegir una de las opciones del trilema de Bostrom, por lo que no se puede decir categóricamente que vivimos en un Matrix, pero tampoco podemos asegurar que no lo hacemos. Quizá por eso resulta tan tentadora.

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