¿Y si la Estrella de la Muerte fuese la ciudad inteligente del futuro?

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“La Estrella de la Muerte era una estación de battalla imperial, del tamaño de la Luna, armada con un superláser destructor de planetas”. Así es como describe la Wookiepedia la Estrella de la Muerte, el arma más poderosa construida por el Imperio Galáctico en la saga de ‘Star Wars‘, y el principal objetivo de los rebeldes en ‘La guerra de las galaxias’.

Para los fans de las películas, es también uno de los iconos más utilizados en camisetas, fan arts, hasta en detallados planos de su arquitectura, planos cuyo robo va a centrar una de las nuevas cintas de la saga ‘Rogue One: A Star Wars story‘. Esos planos, además, nos llevan a preguntarnos si George Lucas no estaba pensando en las ciudades inteligentes del futuro cuando la creó.

Una ciudad en miniatura

La primera Estrella de la Muerte, la que Luke Skywalker destruye en ‘La guerra de las galaxias’, era, desde luego, toda una ciudad en miniatura. Medía 120 kilómetros de diámetro y albergaba una tripulación permanente de casi 343.000 personas. Eso, sin contar con los casi 26.000 stormtroopers que podía haber en ella en determinados momentos de la guerra del Imperio contra la Alianza Rebelde, los más de 167.000 pilotos de los cazas TIE o los más de 843.000 pasajeros que podían pasar allí breves estancias.

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Su arquitectura estaba dividida en dos hemisferios, cada uno estructurado en doce zonas controladas por sus correspondientes puentes de mando. Al mismo tiempo, la Estrella de la Muerte poseía 84 niveles internos, de sur a norte, y en el hemisferio norte se ubicaba su superláser, con su generador de energía y toda la instalación necesaria para su operación.

Aunque fuera una estación construida con un propósito bélico, en su enorme estructura no sólo incluía los puertos de atraque para las naves visitantes, o sus dos motores sublumínicos y su impulsor hiperespacial, sino que también tenía que tener en cuenta que estaba operada y habitada por millones de personas. Así que la Estrella de la Muerte albergaba también cocinas, dormitorios, tiendas, restaurantes, un sistema de tratamiento de desechos…

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Como ocurre con la Estación Espacial Internacional, por ejemplo, la Estrella de la Muerte es un sistema autosuficiente y cerrado, un sistema que tiene que reciclar todo lo que pueda para mantenerse en funcionamiento de la manera más óptima, que cuenta con un soporte vital, y del que se pueden aprender muchas cosas para las ciudades inteligentes y sostenibles del futuro.

La Estrella de la Muerte tiene su propio manual publicado para descubrir todos sus secretos y su tecnología.

¿Qué es una Smart City?

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Las smart cities, o ciudades inteligentes, son urbes que recogen multitud de datos sobre el funcionamiento de sus servicios y el comportamiento de sus habitantes, tráfico incluido, para optimizar la gestión de sus recursos ante el crecimiento de población en ellas. Se calcula que, para 2020, el 70% de la población mundial vivirá en ciudades, así que éstas tienen que empezar a volverse sostenibles.

Ya hay edificios que actúan como sistemas cerrados y autorregulados, pero el reto en las ciudades es mucho mayor. El aspecto en el que se está empezando a trabajar más es en la gestión del tráfico, que siempre es una de las peores partes de vivir en una gran ciudad. En Amsterdam, por ejemplo, se está utilizando un sistema de coordinación e integración con el gobierno holandés para optimizar el flujo del tráfico por la capital y la provincia, reduciendo las horas que se pierden en atascos en un 10%.

En Chicago, por su parte, se está utilizando un sistema denominado Array of Things. En su web, se autodefine como:

“Un proyecto de percepción urbano, una red de cajas de sensores modulares e interactivas que se instalarán alrededor de Chicago para recoger datos en tiempo real del medioambiente, las infraestructuras y la actividad de la ciudad para investigación y uso público. AoT funcionará, básicamente, como una “pulsera de fitness” para la ciudad, midiendo factores que impactan la habitabilidad de Chicago como el clima, la calidad del aire y el ruido”.

Los ciudadanos reciben la información en sus móviles y, al mismo tiempo, las instituciones pueden utilizar esos datos para hacer que Chicago gestione sus recursos y su actividad de una manera más sostenible y eficiente, más adecuada a la actividad y las necesidades de sus habitantes.

En España, tenemos el ejemplo de Santander. Es uno de los lugares que más en serio se está tomando su conversión hacia una ciudad inteligente. En sus calles se instalarán unos 2.000 sensores que medirán todos los aspectos de la actividad de la ciudad, y sus datos se analizarán para determinar cómo debe gestionarse de un modo eficiente.

El legado de la Estrella de la Muerte

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Las Smart Cities no tendrán la capacidad destructora de la Estrella de la Muerte, afortunadamente, y tampoco requieren desplazarse para cumplir sus objetivos. La estación imperial, al fin y al cabo, era un arma gigantesca y tremendamente poderosa, y tenía que moverse de un lado a otro de la galaxia. En realidad, guarda más puntos de contacto con los cilindros de O’Neill.

Estos son hábitats espaciales diseñados por el físico Gerard K. O’Neill en 1974, que tenían en cuenta todos los aspectos que necesitan los humanos para sobrevivir en el espacio, pero en órbita de algún planeta. Eran colonias espaciales con sistemas de gravedad artificial (por fuerza centrífuga), con enormes espejos que dirigirían la luz de la estrella más próxima al interior de la colonia, para proporcionar calor y energía, con otros cilindros dedicados a la producción de alimentos, con su propia atmósfera…

Eran sistemas completamente autosuficientes, y cerrados, que generaban su propios elementos necesarios para la supervivencia de sus habitantes y para su funcionamiento, y que reciclaban todo lo posible los desechos producidos por su actividad. Las colonias de O’Neill, por ahora sólo teóricas, serían una buena inspiración para la Estrella de la Muerte, si sus propósitos fueran pacíficos.

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