La llamada Fiebre del Oro llevó a miles de personas a intentar buscar fortuna en Alaska a finales del siglo XIX. Incluso Charlot probó suerte y se hizo rico en la Quimera del Oro, aunque tuvo que comerse una bota para lograrlo. En pleno 2026, encontrar oro para muchos es toparse con un pendrive en el que alguien haya dejado “olvidado” algún bitcoin. ¿Es esto posible?
Técnicamente, sí. Una memoria USB puede contener la información necesaria para acceder a una cartera con bitcoins. Pero de ahí a comprar pendrives usados en mercadillos esperando hacerse rico hay un salto considerable.
¿Puede haber bitcoins en un pendrive?
Antes de seguir, cabe dejar claro que un bitcoin no se puede encontrar físicamente en un pendrive. La “gracia” de esta criptomoneda, igual que otras, es que usa su propia red nativa y descentralizada de bloques, conocida como la blockchain de Bitcoin.

Las operaciones y los fondos asociados a sus direcciones se registran en la cadena de bloques. Lo que podemos almacenar en un dispositivo son las claves que permiten autorizar movimientos de esos fondos.
Dicho esto, un pendrive podría contener una copia de una cartera, como un archivo wallet.dat, claves privadas exportadas o una frase de recuperación. Esta última permite reconstruir carteras mediante una secuencia de palabras. Si esa información está completa y corresponde a fondos que siguen disponibles, el dispositivo puede ser mucho más valioso que su carcasa.
¿Y si encuentro uno?
Es fácil ver en redes sociales como TikTok, YouTube o Instagram personas que compran pendrives casi a granel, de segunda mano en mercadillos. Los dispositivos no tienen mucho valor, ni siquiera son de demasiado espacio, pero la esperanza de muchos es que dentro de alguno haya bitcoins de aquellos que compraron en su momento y se olvidaron de ellos porque la criptomoneda aún no había explotado.

Pero vamos a imaginar que compras un pendrive por unos euros en un mercadillo. Entre fotos y documentos aparece una copia de una cartera de bitcoin. Para hacer pleno, tendrían que coincidir varias circunstancias: que el archivo estuviese intacto, que incluyese las claves necesarias para operar y que no estuviese cifrado con una contraseña desconocida.
Además, los fondos tendrían que seguir disponibles. Una copia de una cartera utilizada hace años puede parecer un tesoro y corresponder a un saldo que su propietario ya gastó. Si todo encajase, tendrías la capacidad técnica de autorizar movimientos de esos bitcoins.
Los bitcoins pueden tener propietario aunque la red no muestre su nombre y apellidos. Tener las claves permite controlar los fondos, pero no demuestra por sí solo que se hayan adquirido legalmente. El problema es que la descentralización de la red puede hacer complicado que el propietario demuestre que son suyos, y eso, solo en caso de que el que encuentre el pendrive lo pregone a los cuatro vientos.

¿Merece la pena comprar pendrives usados para probar suerte?
Si no tienes otra cosa que hacer, te sobra dinero para comprar cientos de pendrives de segunda mano en mercadillos y el tiempo no es tu enemigo, puedes dedicarte a probar suerte con esto como el que pasa el detector de metales en una playa. Las posibilidades son remotas, pero ahí están.
Como posibilidad técnica, la idea tiene fundamento. Como estrategia para ganar dinero, no hay una base sólida para recomendarla. No disponemos de estadísticas fiables que permitan calcular las probabilidades de encontrar una cartera utilizable en una memoria de segunda mano.
En esta fiebre del oro digital, el verdadero tesoro no es un archivo llamado “bitcoin”. Eso puede hacer que te pongas nervioso, pero el pleno al 15 es que, además de eso, aparezcan unas claves válidas y fondos disponibles.










