Cuando notas que tu personaje tarda en moverse más de lo normal, o que un vídeo se queda congelado, o que pulsas un botón en el mando y tardas en ver la respuesta en pantalla, lo más fácil es pensar que el Wi-Fi va mal. Sin embargo, el lag no siempre tiene que ver con la señal que llega a tu casa y muchas veces la culpa está en otro lado.
En muchas ocasiones, sin que lo sepamos, el problema está en los dispositivos que usamos o en cómo se gestionan los datos internamente. Para entenderlo mejor, imagina que la conexión a Internet es solo una autopista. Aunque la carretera esté vacía y sea nueva (es decir, si tienes una buena conexión), si el coche es viejo (tu PC), el viaje será muy lento.
De esto depende que sufras más o menos lag en tu ordenador.
El esfuerzo de tu móvil, ordenador o consola
A veces confundimos el lag con el mal funcionamiento del propio dispositivo. Si estás jugando a un título con gráficos muy potentes en un móvil antiguo o que tiene poca memoria libre, el procesador sufrirá para mostrar las imágenes. Esto provoca tirones y saltos que parecen fallos de Internet, pero en realidad es falta de potencia.

Otro factor clave es el calor. Cuando un dispositivo se calienta demasiado, reduce su velocidad de trabajo para protegerse, lo que se reduce en una drástica bajada de rendimiento que hace que todo lo que aparece en pantalla se mueva peor.
El tiempo que pierde tu pantalla
Un culpable muy habitual y poco conocido es el propio televisor o monitor. Muchas pantallas modernas procesan la imagen para que los colores se vean mejor, pero ese proceso tarda unos milisegundos. Aunque parezca poco, en juegos de acción esa pequeña espera hace que sientas que el control no responde al instante.
Es lo que se llama latencia de entrada. Si tu mando es inalámbrico y hay muchos aparatos cerca, la señal puede sufrir interferencias, tardando más en llegar a la consola. Y ya puedes tener la mejor fibra óptica del mercado, que vas a seguir notando que todo va con retraso.
La distancia con el servidor
Tu conexión puede ser rapidísima para descargar una película, pero el lag funciona de otra forma. Lo que importa aquí es el ping, que es el tiempo que tarda un paquete de datos en ir desde tu casa hasta el ordenador central del juego y volver.

Si el servidor del juego está en otro país o en otro continente, los datos tienen que recorrer miles de kilómetros de cables. Por muy rápido que viajen, la distancia física impone un límite. Si a esto le sumamos que el servidor pueda estar saturado porque hay demasiada gente conectada a la vez, el resultado es una experiencia lenta que nada tiene que ver con tu router.
Fallos en el propio juego
Y, por supuesto, no debemos olvidar que los juegos son programas informáticos y pueden tener errores. Un juego mal optimizado puede sufrir parones simplemente porque su código no es eficiente. En estos casos, el programa se «queda pensando» y bloquea la acción durante un instante, pero no es culpa de tu conexión.










