Si eres de los que se fija en la cantidad de GHz que ofrece un procesador a la hora de comprar un ordenador, mejor será que vuelvas a mirar. Más que en la frecuencia del mismo, en lo que de verdad deberías fijarte es en su formato de fabricación, algo extremadamente importante a la hora de hablar de rendimiento.
Tu ordenador no es más rápido porque sea más grande sino porque se ha logado reducir sus componentes vitales a la más mínima expresión, logrando que la información fluya sin apenas obstáculos físicos. Y gracias a esta miniaturización de los componentes y la distancia entre ellos dentro de en un chip, se define la velocidad de un dispositivo y se explica por qué un dispositivo que cabe en la palma de la mano hoy es más potente que una torre de sobremesa de hace una década.
La importancia de los nm
Un procesador está compuesto por miles de millones de transistores que actúan como interruptores microscópicos encargados de procesar la información en código binario y cuando hablamos de procesos de fabricación de 3 nanómetros o 5 nanómetros nos referimos a la escala de estos componentes.

Al reducir el tamaño de cada transistor individual podemos introducir una cantidad significativamente mayor de ellos en la misma superficie física de silicio. Y si un chip tiene más transistores puede realizar más operaciones lógicas de forma simultánea permitiendo que el sistema gestione tareas pesadas como la edición de vídeo o el juego en alta definición sin colapsar.
Sin embargo la velocidad no solo depende de la cantidad sino de como se transporta la información. En el mundo de la nanotecnología las distancias son vitales, ya que cuando los componentes están más próximos entre sí los electrones tienen que recorrer un trayecto físico menor para transmitir una señal de un punto a otro.
Esta reducción de la distancia disminuye la latencia de comunicación interna del chip, lo que permite aumentar esa frecuencia de reloj del procesador de la que hablábamos antes, permitiendo que complete más ciclos por segundo.
En resumidas cuentas, cuanto menos camino debe recorrer la electricidad más rápido llega la instrucción al siguiente paso del proceso.
Reducción del calor
Como sabrás, el calor es el principal limitador del rendimiento en cualquier equipo informático. Cuando un procesador alcanza temperaturas elevadas los mecanismos de seguridad del hardware reducen automáticamente su velocidad para evitar daños permanentes lo que conocemos como estrangulamiento térmico.

Por eso, más allá de la cantidad y la velocidad, hay que hablar de la temperatura. Un transistor más pequeño requiere menos tensión para pasar de un estado a otro. Al necesitar menos voltaje para funcionar el componente genera menos calor residual por cada operación y se puede mantener frecuencias de funcionamiento máximas durante periodos de tiempo mucho más prolongados sin sobrecalentarse.
La mala noticia es que, en la actualidad, nos acercamos a los límites físicos del silicio y los fabricantes ya buscan formas de optimizar cada nanómetro para asegurar que la experiencia del usuario sea cada vez más fluida.











