Cuando te adentras en el mundo de la fotografía, antes o después te topas con esas tres letras que parecen reservadas para los profesionales: RAW. En 2026, raro es que no sepas lo que te permite hacer, pero quizá dudes sobre si merece la pena usarlo o no.
Hablamos de un formato que permite guardar la imagen, ya la captures con la cámara del móvil o con otro tipo de cámara, sin procesar, guardando hasta el último detalle que el sensor es capaz de registrar, por lo que las fotos ocupan muchísimo más espacio y salen de la cámara con un aspecto más ‘amateur’.
Frente a este tipo de fotos, el clásico formato JPEG nos ofrece imágenes terminadas, listas para compartir en redes sociales y con colores vibrantes desde el primer segundo, pero con pérdida de información.
Entonces, ¿cuál usar?
A favor del formato RAW: la máxima calidad sin pérdida de información
La gran ventaja del archivo RAW es el control absoluto que te otorga sobre el resultado final de la imagen.

Cuando haces una foto en JPEG, el propio software de tu móvil o de tu cámara toma decisiones por ti. Es decir, de forma automática, aplica contraste, ajusta el color, enfoca la escena y comprime el archivo eliminando información que considera irrelevante.
En cambio, el archivo crudo que genera el RAW conserva toda esa información intacta. Esto se traduce en un rango dinámico infinitamente superior, lo que significa que si haces una foto a contraluz y el cielo sale completamente blanco o las sombras quedan demasiado oscuras, puedes recuperar esos detalles ocultos mediante una edición sencilla.
Además, este formato te da un margen de error enorme con el balance de blancos y la exposición. Si una fotografía te ha quedado algo oscura o con un tono amarillento indeseado por la luz de una farola, corregir esos fallos en un editor es rápido y no degrada la calidad de la imagen.
En contra del formato RAW: almacenamiento y necesidad de conocimientos
A pesar de sus bondades, el uso del RAW tiene unas desventajas muy claras que pueden convertir la fotografía en una tarea pesada para el usuario casual.
Para empezar, está el problema del espacio que ocupa: un archivo RAW puede pesar entre cuatro y ocho veces más que un JPEG equivalente. Es decir, que si un JPG puede ocupar 150 Kb, el RAW se te va a ir mínimo a 1 MB. Dicho de otra forma, vas a poder almacenar muchas menos fotos y, si, por ejemplo, tienes un móvil con poca memoria, acabarás sin espacio en muy poco tiempo.

Por otro lado, las fotos en RAW no están pensadas para enviarse directamente por WhatsApp ni para subirse al instante a Instagram, ya que requieren obligatoriamente que te pongas a editarlas con un programa especializado como Lightroom o Snapseed y dediques tiempo a revelar cada toma.
Además, precisa de una serie de conocimientos para el revelado, por lo que, para alguien que solo busca capturar un momento rápido, es un formato mucho más tedioso para quien quiere rapidez.











