En las tierras de Estados Unidos, donde el viento golpea sin descanso y el suelo parece incapaz de sostener vida, es donde el mundo ha visto al árbol más longevo de la historia. Efectivamente, la planta que más tiempo ha durado en el planeta tierra no está (o, mejor dicho, estaba) en selvas exuberantes ni en paisajes verdes, sino en entornos tan inhóspitos como las Montañas Blancas de California.
Allí habitaba el Pinus longaeva, conocido como Pino bristlecone de la Gran Cuenca, con casi 5000 años a sus espaldas… hasta que un joven investigador, Donald Rusk Currey, lo derribó.
Doland trabajaba en la zona estudiando los anillos de crecimiento de estos árboles para entender el clima del pasado. Durante una de estas investigaciones se topó con el Pinus longaeva y, al intentar extraer una muestra, su herramienta quedó atrapada en el tronco. Tras pedir permiso para talarlo y recuperar el equipo, descubrió algo que nadie esperaba: aquel árbol tenía, entonces al menos 4.862 años.
En ese momento se convirtió, de forma póstuma, en el árbol más antiguo jamás registrado. Lo que pasa es que, sin saberlo, había acabado con uno de los mayores testigos de la historia de la Tierra.

¿Qué árbol recoge el testigo?
Tras esa pérdida, el foco pasó a otro ejemplar casi igual de antiguo, el Methuselah (guiño a Matusalén, ese supuesto personaje que vivió casi un siglo). Este árbol, también un pino bristlecone, sigue vivo hoy y se estima que tiene más de 4.800 años. Y sí, también están en el continente americano, pues se encuentra en el Bosque Nacional Inyo, en el centro de California, Estados Unidos.
Para ponerlo en contexto, ya era antiguo cuando se construían las pirámides de Egipto. Y aun así, podría no ser el más viejo. En los últimos años se ha identificado otro ejemplar que podría superar los 5.000 años, aunque su ubicación exacta se mantiene en secreto con el fin de protegerlo y que no suceda lo que ocurrió con el Pinus longaeva. Y es que, para proteger estos árboles hay que mantenerlos fuera del alcance del turismo y de la curiosidad masiva.
¿Cómo viven tanto?
Más allá de su edad, lo realmente fascinante es cómo lo consiguen. Su madera es extremadamente densa y rica en resina, lo que actúa como una defensa natural contra hongos, bacterias e insectos. Si a eso le sumamos que crecen a un ritmo desesperadamente lento, a veces apenas unos milímetros en décadas, entenderemos porque no son árboles gigantescos, pero sí muy longevos.
Además, Y lo más sorprendente: no envejecen como otros seres vivos y sus células no tienen una fecha de caducidad definida, por lo que pueden morir mañana, o dentro de otros mil años. Es difícil que mueran de viejos, pero no por la erosión del suelo, o la propia acción humana.











