Seis son los continentes declarados en nuestro pequeño planeta Tierra. Podemos disfrutar y maravillarnos por todos ellos y visitar las majestuosidades de América, las ruinas de la antigua Europa, la inmensidad de Asia, la riqueza de África o el aislamiento de Oceanía. ¿Y la Antártida? Es un continente como los demás, ¿podemos ir tranquilamente?
Posiblemente te hayan aparecido algunos vídeos en redes sociales, en los que se asegura que viajar a la Antártida está completamente prohibido. Eso viene acompañado de diferentes teorías de la conspiración y secretismos varios, que serían la excusa perfecta para controlar cualquier acercamiento al continente helado.
El continente perdido
La Antártida siempre ha sido objeto de fascinación en la exploración humana de nuestro planeta. El continente fue avistado por primera vez en 1820 por expediciones rusas y británicas, lo que dio paso a la “Edad Heroica” entre 1897 y 1922, período en el que exploradores como Amundsen y Scott alcanzaron el Polo Sur.

Hay que tener en cuenta que es una bestia de hielo, y que tiene un tamaño un 40% mayor que toda Europa. La gran pregunta: ¿Qué hay debajo del hielo?A diferencia del Ártico (que es un océano congelado), la Antártida es un continente de roca sólida cubierto por una capa de hielo que promedia los 1.9 kilómetros de espesor, alcanzando más de 4.5 kilómetros en algunas zonas.
A día de hoy, ponernos a taladrar la Antártida para llegar a esa roca sólida es técnicamente imposible y presupustariamente inviable. Desde hace décadas, bases de diferentes países estudian el continente en su justa medida dadas las condiciones tan inóspitas y extremas que allí se dan.
¿Se puede viajar a la Antártida?
Dicho esto, imagina que tienes medio de transporte y los medios de sobra para darte una vuelta por la Antártida y plantarte allí una temporadita. Antes de que prepares el petate, debemos dejar claro que la afirmación de que nadie puede viajar libremente a la Antártida es rigurosamente cierta desde el punto de vista legal y operativo.
No existe una prohibición total que impida pisar el continente, pero el concepto de libre albedrío o viaje independiente sin supervisión estatal está completamente vetado por el derecho internacional. La soberanía del continente y el acceso al mismo están regulados por un entramado jurídico específico que elimina cualquier posibilidad de turismo desregulado.

El Tratado Antártico
La Antártida no pertenece a ningún país, pero no es un territorio sin ley. Se rige por el Sistema del Tratado Antártico, firmado originalmente en 1959 y en vigor desde 1961. Actualmente cuenta con más de 50 países firmantes. El documento clave que regula el acceso de civiles es el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente, firmado en Madrid en 1991, el cual designa a la Antártida como una reserva natural consagrada a la paz y a la ciencia.
El Protocolo de Madrid obliga a todos los países firmantes a regular las actividades de sus propios ciudadanos, barcos y aeronaves que se dirijan a la zona al sur del paralelo 60° S. Cualquier persona que organice una expedición o viaje a la Antártida debe obtener una autorización previa oficial del gobierno de su propio país. Viajar sin este permiso constituye un delito grave bajo las legislaciones nacionales correspondientes.

El motivo de dichas prohibiciones
Técnicamente el hecho de darnos una vuelta por la Antártida, por muy libre que fuese la expedición, queda lejos de nuestro alcance. Hay decenas de teorias de la conspiración que aseguran que el secretismo de la Antartida responde a otras cuestiones: ovnis estrellados, bases secretas con proyectos ultra-confidenciales, tecnología experimental, razas de humanos no descubiertas o reveladas al resto de la humanidad, etc etc.
Las explicaciones oficiales nos hablan de las Zonas Antárticas Especialmente Protegidas (ZAEP), áreas de alto valor científico o ecológico donde la entrada está prohibida para los turistas bajo cualquier circunstancia. Dicho esto la Antártida está plagada de normas relativas al uso de drones, pasajeros, barcos, estancias máximas, número de personas en tierra o la introducción de cualquier especie animal, planta o microorganismo no nativo.
Por tanto, la realidad es que sí, que viajar a la Antártida está prohibido como tal, si hablamos de libre circulación.











