La batalla entre humanos y máquinas no es nueva. Hoy en día hablamos de la IA y de cómo puede llegar a sustituir al ser humano en muchos aspectos. Cuando se pone este debate en la mesa, se habla siempre de capacidades y de cuánto de lo que hacemos nosotros es capaz de hacer la IA mejor y más rápido.
Fue en los años 80 cuando realmente se puso a prueba al ser humano frente a una máquina. Todo formó parte de una partida de ajedrez entre un humano y una IA desarrollada expresamente para vencernos. En ese momento, el campeón mundial de ajedrez, el ruso Garry Kasparov, aceptó enfrentarse a la máquina Deep Blue. El resultado dejó al mundo boquiabierto…
Deep Blue, máquina creada para ganar
Hasta ese momento, la mayoría pensaba que las máquinas solo eran capaces de ejecutar tareas repetitivas y que sus capacidades reales estaban lejos de las que muestra una persona que siente y padece. Pero el caso de Deep Blue era diferente. Hablamos de un superordenador desarrollado y creado específicamente para jugar al ajedrez.
Su objetivo era demostrar hasta dónde podía llegar la capacidad de cálculo de las máquinas en un problema complejo. Era capaz de analizar 200 millones de posiciones por segundo, una cifra increíble para la época. Hay que dejar claro que no usaba una IA moderna como las que conocemos, ya que su funcionamiento era principalmente mediante fuerza bruta, algoritmos de búsqueda y evaluaciones programadas por expertos.
Garry Kasparov, por su parte, no solo era el campeón mundial de ajedrez, ya que suponía algo así como el máximo exponente de la capacidad humana en atributos como cálculo profundo, reconocimiento de patrones, memoria extraordinaria, visión estratégica a largo plazo, concentración extrema o resistencia mental.
La partida del siglo
Garry Kasparov aceptó enfrentarse a Deep Blue y la partida tuvo lugar del 10 al 17 de febrero de 1996 en Filadelfia. El duelo fue a seis partidas y es ahí donde se produjo la sorpresa. Deep Blue ganó la primera partida, convirtiéndose en la primera máquina en derrotar a un campeón mundial vigente en una partida bajo condiciones normales de torneo.
El campeón humano remontó y acabó venciendo el total de las partidas por 3 victorias, frente a la citada derrota y dos partidas terminadas en tablas. Fue en la segunda partida cuando Kasparov llegó incluso a protestar, afirmando que había intervención humana detrás de algunas decisiones de Deep Blue. A partir de 1997 se llevaron a cabo más partidas, en las que Kasparov fue perdiendo más y más su capacidad de vencer a Deep Blue.

Consecuencias que hoy retumban más que nunca.
Aquella partida de ajedrez entre humano vs. máquina puso de manifiesto que podíamos ser derrotados por las máquinas que nosotros mismos estábamos creando. El acontecimiento fue muy sonado en su momento y puso de manifiesto a nivel global que el desarrollo de la tecnología iba muy por encima de lo que muchos creían.
Garry Kasparov continuó jugando al ajedrez y hoy en día es un conocido activista político. Por su parte, Deep Blue, que no era sino un armatoste de 1.4 toneladas y que costó millones de dólares en su desarrollo, fue desmontado y nunca más volvió a jugar al ajedrez.











