Los relojes inteligentes miden las pulsaciones con un sensor óptico de muñeca que, al correr, puede confundir el movimiento de tus pasos con los latidos de tu corazón. El fenómeno se conoce como cadence lock, es bastante más común de lo que parece. En este artículo te contamos por qué ocurre y cómo evitarlo.
Seguro que has vivido esta escena en más de una ocasión: sales a correr a un ritmo tranquilo, miras la muñeca a los diez minutos y el reloj te dice que vas a 175 o 180 pulsaciones, una cifra que en teoría solo alcanzarías en una sesión de series. Pero, ¿por qué tu reloj se comporta de este modo en un entrenamiento tranquilo?
Lo que te ha pasado tiene nombre propio en el mundo del running: cadence lock o bloqueo de cadencia. Le ocurre a los sensores ópticos de muñeca de prácticamente todas las marcas y tiene una explicación que, una vez la conoces, cambia la forma en la que miras esos datos. Te contamos qué está pasando y qué hacer para que tus entrenos vuelvan a ser fiables.

El culpable es el sensor óptico de la muñeca
Los relojes inteligentes miden las pulsaciones con luz: un LED verde ilumina tu piel cientos de veces por segundo y un sensor mide cuánta luz devuelven los glóbulos rojos. Como con cada latido cambia el volumen de sangre que pasa por la muñeca, el reloj traduce esos reflejos en pulsaciones. El sistema funciona muy bien en el día a día, que es como se prueban en el laboratorio, pero cuando corremos el escenario es completamente diferente.
Un runner aficionado mueve los pasos a un ritmo de 160 a 180 por minuto, muy parecido al de un corazón trabajando fuerte. Y como el brazo oscila al ritmo de las zancadas, el sensor recibe una señal de movimiento tan fuerte que puede engancharse a ella y leer tus pasos como si fueran latidos. El reloj se queda anclado a esa frecuencia y la repite, aunque tu corazón vaya mucho más tranquilo.
La forma más rápida de comprobarlo es mirar la cadencia y las pulsaciones a la vez en la misma pantalla de datos, algo que casi todos los relojes permiten configurar. Si ves que ambas cifras van pegadas o son directamente idénticas durante buena parte del entreno, ya sabes lo que pasa: el sensor está leyendo tus pasos, no tu corazón.
Cómo evitar este tipo de situaciones
El primer ajuste no es ningún secreto: apretar bien la correa. Si el reloj baila con cada zancada, el sensor se despega de la piel y se pierde entre el movimiento. Súbelo un par de dedos por encima del hueso de la muñeca y procura que el cristal del sensor esté limpio, porque el sudor juega malas pasadas a la lectura óptica.
También ayuda arrancar la actividad con el pulso ya establecido. Camina unos minutos con el reloj puesto antes de darle al botón de inicio, para que el sensor fije primero la señal del corazón y no la del movimiento. Una vez el reloj tiene bien identificado tu latido, le cuesta más confundirlo con el balanceo del brazo.
Y si entrenas por zonas o te tomas en serio los datos, la solución definitiva sigue siendo la de siempre: una cinta de pecho, que mide la actividad eléctrica del corazón y no se inmuta con las zancadas. Antes de llegar a eso, conviene revisar otros ajustes del reloj que conviene tener controlados, porque los culpables se repiten casi siempre.










