Probablemente no haya habido vuelo más sostenible que el primero a motor de los hermanos Wright. En el mismo momento en que los humanos vimos posible volar, el despliegue de medios para convertirlo en un medio de transporte global fue tremendo.
Pero si algo ha intentado siempre la aviación comercial, es ser más eficiente en el consumo de combustible. Lo han logrado a muchos niveles, pero aún hay mucho camino por recorrer. Hay que tener en cuenta que cuanto más eficiente sea un vuelo comercial, más rentable es para la aerolínea cada asiento que venda. La clave de todo podría estar en una nueva tecnología que está desarrollando la NASA.
Vuelos con mejor consumo
Si algo caracteriza a la aviación en general es la aerodinámica. Es la clave para que un avión sea estable, seguro, rápido y eficiente. Durante años podría dar la sensación de que la humanidad había tocado techo en este sentido, y que la perfección en la ingeniería aeronáutica de hoy es prácticamente insuperable. Nada más lejos de la realidad…

Solo tenemos que echar un vistazo a la NASA y al desarrollo que están probando y que podría mejorar de forma notable la eficiencia de los aviones comerciales. El desarrollo se conoce como CATNLF, un nombre que hace referencia a un tipo de flujo aerodinámico diseñado para mantenerse más estable sobre la superficie del ala.
Aquí no hay magia, se trata de ingeniería pura, concretamente el llamado flujo laminar, que es una forma más suave de desplazamiento del aire por el ala del avión. Funciona de esta manera: cuando el aire circula de esta manera, se genera menos fricción que en un flujo turbulento, y eso permite que el avión necesite menos energía para avanzar. Es decir, que vuela gastando menos combustible sin tener que cambiar el diseño del aparato.
Conviene dejar claro que el concepto de flujo laminar no es nuevo. La industria aeronáutica lleva décadas intentando mantenerlo de forma estable sobre las alas, pero siempre ha sido extremadamente difícil en condiciones reales de vuelo.

Las pruebas que se están haciendo
En estos momentos, las pruebas se están llevando a cabo sobre un modelo experimental instalado en un F-15B, un avanzado caza de combate bimotor diseñado por la compañía estadounidense McDonnell Douglas. Si se valida la tecnología, se podrá usar en condiciones reales sin tener que construir un avión desde cero que la integre, es decir, podrá adaptarse. Y eso es clave, porque los avances importantes en aerodinámica han conllevado siempre la actualización a nuevos aviones fabricados desde cero con esas nuevas condiciones.
La NASA ya estima que el ahorro de combustible podría llegar hasta el 10% en aviones grandes, con lo cual tendría un impacto directo para las aerolíneas. Y en última instancia, si eso se da y ellas quisieran, podrían abaratar el coste de los vuelos. No hay que olvidar que la tecnología también permite ayudar a reducir emisiones contaminantes, tan en el foco dentro de la aviación comercial.











