Somos la primera generación que se enfrenta a un problema que no tuvieron todas las anteriores. Me estoy refiriendo a la herencia digital. Damos por hecho que un testamento deja bien claro lo que ocurre con los bienes de una persona tras su fallecimiento. Pero ¿qué ocurre con todo nuestro contenido digital?
Nos referimos a cuentas en redes sociales, acceso de archivos con fotos y vídeos en la nube, y hasta el historial y acceso de nuestro correo electrónico o incluso a diferentes activos digitales como criptomonedas o NFTs. ¿Hemos pensado realmente qué ocurrirá con todo eso cuando ya no estemos? La herencia digital es algo en lo que se debe pensar seriamente, y estas son las opciones que hoy en día tenemos a mano.

Nuestro legado digital
Debemos ser conscientes de que ya no solo dejamos bienes materiales. Nuestra identidad online está ahí y podrá quedar o no accesible para nuestros herederos dependiendo de cómo lo organicemos. En primer lugar, debemos tener claro lo que queremos y no queremos legar. Puede que haya contenido en la nube o correos electrónicos, por poner un ejemplo, que no queremos que sean accesibles.
Por ese motivo, lo importante y lo que se debe hacer con tiempo es precisamente tomar esa decisión. Hay recuerdos y documentos digitales a los que nuestra descendencia querrá acceder. Ya no vamos a dejar el álbum de fotos físico como nos legó nuestra madre ni la lata llena de fotos sueltas de la abuela. Nuestra vida es digital y, por tanto, nuestra herencia con todos sus recuerdos también.

¿Cómo se puede dejar la herencia digital?
Si hablamos de redes sociales o plataformas como Google, Facebook y Apple permiten designar contactos de confianza. Estos contactos podrán acceder a las cuentas cuando ya no estemos aquí para borrar o gestionar esas cuentas.
Pero en otras muchas ocasiones, deberemos dejar bien claro el usuario, la contraseña y la persona o personas designadas al acceso, en nuestro testamento. Por ejemplo, a quién delegamos el acceso a nuestro álbum de Google Fotos o el acceso y propiedad de nuestro wallet de criptomonedas, por poner dos ejemplos.

Empresas que lo gestionan
Ya comienzan a aparecer empresas dedicadas a gestionar la herencia digital. Una de ellas es Mi Legado Digital, que permite dejar por escrito que hacer con diferentes activos como cuentas online de redes sociales o correo, los archivos en la nube, dinero en cripto e incluso la reputación online y el derecho al olvido.
Pero más que plataformas especializadas, que como vemos comienzan a nacer, el peso de todo esto suele recaer en departamentos legales, generalmente especializados en temas como derechos de autor, propiedad intelectual y legalidad digital. Muchos despachos legales se están especializando o directamente están creando departamentos y equipos que se encargan de estas cuestiones.
Nuestra resurrección digital
Estamos dejando un largo rastro, también llamada huella digital. Hay rastro de lo que hacemos, de lo que comemos, de cómo nos expresamos, de nuestros amigos, de la forma de escribir, de nuestra voz y pensamientos… En definitiva, hay un dibujo bien marcado de quienes somos, o quienes fuimos (a futuro).

Quién sabe, quizá podamos dar la oportunidad a nuestros herederos de tener una charla con nuestra versión digital. Quizá no hablamos de nuestros hijos, pero ¿qué pasa si un tataranieto tiene inquietud por quién fuimos? No tardarán tampoco en aparecer empresas que ofrecerán la resurrección digital de una persona en base a toda la ingente cantidad de información que hemos dejado atrás, y que permitirán crear un perfil muy detallado de nosotros.
Hoy lo vemos como algo extraño y puede que incluso inmoral a opinión de muchas personas. Pero será algo que ya no formará parte de nosotros, simplemente porque ya no estaremos aquí.
¿Y tú? ¿Has pensado alguna vez en tu herencia digital?











