Yo, profesor. Los robots que ayudan a los niños autistas a estudiar

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El potencial de los juegos de ordenador y avatares de realidad virtual para entretenernos no se pone en duda. Y cobra fuerza como poderosa herramienta para ayudarnos a estudiar y a aprender materias. Unas posibilidades que abarcan a mayores y niños, sin importar su condición.

Es más, cada vez se constata más el potencial que tienen estas nuevas herramientas para ayudar a quienes quizá más lo necesiten. Por eso, son varios los esfuerzos que se están realizando, tanto a nivel teórico como práctico, para ayudar a personas con ciertas dificultades a servirse de nuevas tecnologías para mejorar su calidad de vida.

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Son muchos los investigadores que están recurriendo a las tecnologías de Internet y robótica para desarrollar nuevas formas de ayudar a los niños con autismo interactuar con el mundo que les rodea.

¿Puede un robot identificar emociones y reaccionar ante ellas?

Aunque el desarrollo e investigación de la inteligencia artificial es uno de los campos con más proyección de futuro, hemos querido saber si realmente un robot es capaz de identificar algo tan humano como las emociones. José María Cañas, del Grupo de Robótica de la Universidad Rey Juan Carlos I (URJC1), nos aclara que, al ser máquinas, no pueden identificarlas de modo natural, pero que sí se puede trabajar en programarlas para ello. “Típicamente se hace con reconocimiento facial en imágenes (dónde están los ojos, la nariz, la boca, cejas…), y, sobre eso, interpretación de esas caras con alguna emoción básica (enfado, alegría, tristeza, sorpresa…). Un trabajo significativo, seminal es el del robot Kismet, en el MIT con Cynthia Breatzal. Si las pueden detectar, pueden reaccionar ante ellas”.

Gracias, pues, a la inteligencia artificial y su desarrollo, las máquinas empiezan a ser capaces de leer e interpretar nuestras emociones (a través de nuestras expresiones faciales, los gestos y el tono de voz). Las personas con autismo suelen tener algunas dificultades para reconocer y expresar las emociones, con todas las dificultades que eso conlleva a nivel social.

Cuando los terapeutas trabajan con niños autistas, a menudo utilizan títeres y personajes animados para participar en juegos interactivos. Sin embargo, algunos investigadores creen que los robots podrían ser más eficaces, no sólo para actuar como un intermediario, sino porque pueden aprender a responder al estado emocional de un niño y deducir sus intenciones.

Un pionero llamado NAO

Quizá NAO sea uno de los primeros ejemplos y más mediáticos sobre robots preparados para acompañar a los niños con autismo y mejorar sus condiciones de vida y recursos educativos.

Lo cierto es que el desarrollo de NAO estuvo pensado para la educación en general (desde primaria) y la especial pasando por la investigación. Su fabricante asegura que su objetivo es dar a conocer a los más jóvenes a la tecnología y proporcionar una herramienta educativa que se adapta a todos los estudiantes y materiales.

Pero para este apartado de necesidades especiales, se encuentra la versión ASK NAO, concebido como un asistente robótico fácil de usar con el que los maestros pueden apoyarse a la hora de ayudar a los niños con autismo a alcanzar nuevos hitos, guiando a los menores en lugar de dando instrucciones mecánicas y constantes. Para ello, NAO pide al niño algo, esperando a que le dé una respuesta apropiada. Si el niño muestra la respuesta correcta, NAO le recompensará y, si no la ha dado, intentará estimular al niño con pistas para que, por sí solo, llegue hasta la respuesta correcta. Al final de cada clase, NAO siempre mostrará una recompensa más grande, como una historia entretenida o se pondrá a bailar.

Complementando las terapias

Hay un proyecto financiado por la UE, denominado Dream, que está desarrollando robots para que pueden funcionar de forma autónoma durante períodos limitados de tiempo bajo la supervisión de un terapeuta y ayudar así a descifrar las emociones con el fin de poder ayudar a los niños autistas cuando interactúan en un entorno social.

Cabe aclarar, eso sí, que no estamos ante una herramienta alternativa que sustituya a las existentes, sino que estas investigaciones surgen como un “planteamiento complementario, una herramienta más para el terapeuta humano”, tal y como nos explica José María Cañas. “Se está explorando el efecto de su incorporación a las terapias, si aporta algo significativo frente a otras terapias, por ejemplo con animales de compañía. Hay trabajos con robots humanoides y con robots con forma de foca (Paro). Una ventaja frente a terapias con animales es la mayor higiene, que no hay que sacarlos a pasear, ni darles de comer”, expone este experto.

En las app está la clave

La apariencia que tenga el robot es fundamental para que resulte amigable y sea aceptado por las personas; de ahí que casi siempre se opte por una apariencia más o menos humana y simpática. Pero, una vez superada esta primera barrera, la clave para que estos robots supongan una verdadera ayuda está en las aplicaciones. Unas piezas de software que ayudarán a los niños con autismo y otras necesidades especiales a aprender a comunicarse, interactuar con otros y ser más autónomos. Para ello, las aplicaciones deben ser intuitivas, divertidas, con un enfoque claro y fáciles de utilizar.

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Éste es el planteamiento de Buddy, un robot diseñado específicamente para trabajar con niños autistas. Según la compañía encargada de su fabricación y desarrollo, Blue Frog, las pruebas realizadas hasta ahora resultan esperanzadoras. Cuando Buddy entra por primera vez en la sala donde están los niños, la reacción de los pequeños es de alegría y sorpresa. El robot, pues, despierta su curiosidad y los niños se acercan para jugar, momento en el que se intenta generar un vínculo entre los niños y el robot, que juega a juegos, cuenta historias y hace pequeños ejercicios con ellos.

El reto de quienes están detrás de este robot es más ambicioso y no sólo buscan que los menores con autismo puedan aprender, sino que sean capaces incluso de valerse por sí mismos, siendo conscientes de las nociones del tiempo y de las tareas que hay que hacer en cada momento. Por ejemplo, cuando llegase la hora de comer, el robot diría en alto: “Es el momento de ir a comer, hay que lavarse las manos ahora” para, a continuación, mostrar en su pantalla un vídeo (divertido, por supuesto) sobre cómo lavarse las manos paso a paso. Cuando el niño ha completado esta tarea, Buddy se pondría a bailar y felicitaría al menor por su logro.

Muchos más ámbitos de aplicación

Pero la utilización de los robots para fines sociales no se limita a problemas de autismo. El Alzheimer es otro campo que está siendo explorado. Así, existe un proyecto de colaboración con la Fundación CIEN en el que, tal y como nos explica el profesor de la URJC1, “hemos usado los robots como herramienta para los terapeutas en terapias de Alzheimer. Estos robots eran humanoides, hacían ejercicios físicos y preguntas a los pacientes, que están graduadas según dificultad, cantaban canciones (musicoterapia), etc. Uno de sus usos típicos es para estimulación cognitiva, jugando a preguntas respuestas con los pacientes. Los robots tienen un efecto llamativo y capturan la atención de los pacientes”. No obstante, este profesor nos aclara que su uso se está explorando y no está extendido comercialmente.

Y es que las áreas de investigación son muchas en su ámbito social, y por extensión, en robots de servicios en ámbito doméstico. “Que yo sepa no hay de momento un robot éxito de ventas en estas aplicaciones. Por ejemplo se está avanzando mucho (en investigación y prototipos) en tecnologías habiliantes para esa aplicación genérica de robots sociales: las capacidades de locomoción autónoma de estos robots en interiores, la capacidad de interacción con personas…”.

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Un mercado en explosión

Aunque, como decíamos anteriormente, el mercado comercial es ahora muy limitado (no hay mucha oferta de productos, estos suelen ser caros y no están perfeccionados), es posible que en los próximos años veamos una explosión del mismo, debido, por ejemplo, al envejecimiento progresivo en los países desarrollados. No obstante, el experto en robótica al que hemos consultado nos aclara que las tareas cotidianas que a nosotros nos parecen sencillas “son complejas de resolver con robustez en los robots. Hay muchos avances, pero creo que aún les queda tiempo para madurar”.

Así pues, en opinión de este experto estamos lejos de otras aplicaciones domésticas, como aspirar la casa, que sí se resuelven ya satisfactoriamente con robots, aunque “en alguna residencia de mayores en Canarias se está probando un prototipo robótico”.

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