Durante décadas, el Sistema Solar fue el centro de toda nuestra atención. Teníamos bastante con ir descubriendo los planetas de nuestro vecindario y su composición. De hecho, la tecnología tampoco hacía posible que pudiéramos mirar más allá. Solo hay que pensar que, aunque el telescopio lleva con nosotros siglos, Plutón no fue descubierto hasta 1930.
A partir de entonces, comenzamos a ser conscientes de nuestro lugar en el cosmos. Como dijo Carl Sagan: «Vivimos en un planeta insignificante de una estrella corriente perdida, en una galaxia oculta de la esquina olvidada de un universo donde hay más galaxias que personas». Pero durante mucho tiempo, la existencia de más planetas fue simplemente teórica.
Tuvimos siempre la certeza de que el universo estaba plagado de planetas, pero no pudimos observarlo por nosotros mismos hasta 1995, año en el que los astrónomos Michel Mayor y Didier Queloz anunciaron que habían encontrado un planeta fuera del Sistema Solar.
El primer planeta extrasolar
Un planeta extrasolar es un planeta que no pertenece a nuestro sistema solar. Es decir, sí está dentro de la galaxia de la Vía Láctea, pero no se rige por la gravedad de nuestra estrella y sí por otra. El descubrimiento del primer planeta fuera de nuestro sistema solar fue todo un acontecimiento, pero no resultó ser como se esperaba.
El planeta, conocido como 51 Pegasi b y bautizado oficialmente como Dimidium, no encajaba con las ideas que los científicos tenían sobre cómo debían ser los sistemas planetarios. Se encuentra a algo más de 50 años luz, lo cual no es mucho en términos astronómicos. El anuncio se realizó el 6 de octubre de 1995. Mayor y Queloz habían detectado el planeta utilizando el espectrógrafo ELODIE, instalado en el Observatorio de Haute-Provence, en Francia.
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No observaron el planeta directamente. Lo localizaron mediante el método de la velocidad radial, que permite detectar los pequeños movimientos que una estrella realiza como consecuencia de la gravedad de un planeta que la orbita. La detección fue tan importante que sus descubridores recibieron el Premio Nobel de Física en 2019, compartido con el cosmólogo James Peebles.
El planeta que no debía estar allí
Antes de 1995, los astrónomos ya habían encontrado indicios de planetas alrededor de objetos estelares muy distintos del Sol, pero 51 Pegasi b fue el primer planeta confirmado alrededor de una estrella parecida a la nuestra.
El problema era que su órbita no tenía sentido según los modelos más aceptados. Los científicos esperaban encontrar planetas gigantes gaseosos en las zonas exteriores de sus sistemas, como ocurre con Júpiter y Saturno. Allí hay suficiente material para formar grandes mundos de gas y las temperaturas son más bajas.

51 Pegasi b, sin embargo, estaba demasiado cerca de su estrella. Tardaba poco más de cuatro días en completar una órbita, mientras que Mercurio necesita unos 88 días para dar una vuelta alrededor del Sol. El planeta se encontraba tan cerca de 51 Pegasi que su temperatura debía ser elevadísima. Por eso recibió el nombre de “Júpiter caliente”.
Un Júpiter pegado a su estrella
51 Pegasi b tiene aproximadamente la mitad de la masa de Júpiter, aunque su tamaño y composición lo sitúan dentro de la categoría de los gigantes gaseosos. La diferencia fundamental no está en su naturaleza, sino en su posición. Júpiter orbita el Sol a una distancia de unos 778 millones de kilómetros. 51 Pegasi b está muchísimo más cerca de su estrella.
El descubrimiento obligó a los astrónomos a revisar sus ideas sobre la formación planetaria. La explicación más aceptada es que los gigantes gaseosos no siempre permanecen donde se forman. Es posible que 51 Pegasi b naciera mucho más lejos de su estrella, en una región fría donde pudo acumular grandes cantidades de gas.

Todo lo que vino después
El problema de tener solo un modelo para comparar, como era nuestro Sistema Solar, nos hacía pensar que lo establecido aquí debería ser igual en otros sistemas estelares. Pero el universo pone a prueba nuestra ignorancia una y otra vez.
Este primer exoplaneta descubierto fue un poco “chasco”, porque no era un planeta parecido a la Tierra, ni un candidato para albergar vida. Era un gigante gaseoso abrasador, situado demasiado cerca de su estrella. Pero a partir de entonces se abrió la veda del descubrimiento de planetas extrasolares, habiéndose descubierto hasta la fecha más de 6.000.
A diferencia de Dimidium, muchos de ellos son excelentes candidatos a albergar vida tal y como la conocemos. Un ejemplo lo tenemos en LHS 1140 b, considerado como el planeta extrasolar más prometedor para albergar vida. Se encuentra a unos 48 años luz de distancia y sabemos que es rocoso y está dentro de la zona habitable de su planeta.











