Las actualizaciones son imprescindibles en los dispositivos que nos rodean. No importa si hablamos de un smartphone o de un ordenador portátil, ya que durante su vida útil, son mejorados continuamente por los ingenieros de software. Y eso pasa precisamente por las tan valiosas actualizaciones, que pueden tener diferentes motivos.
El problema es cuando después de una actualización, nuestro smartphone deja de funcionar correctamente o no va tan fino como antes de que se produjese. ¿Tiene algún sentido que esto ocurra o es mera casualidad? Puede haber mucha realidad y lógica tras este problema, aunque otras veces nada tiene que ver con la actualización en sí.
La clave tras las actualizaciones
Una actualización no siempre llega sola. Muchas veces modifica procesos internos, cambia cómo gestiona la memoria, ajusta servicios en segundo plano o cambia la relación entre el sistema y las apps que ya teníamos instaladas.
Esto puede afectar a alguna app que se haya quedado desactualizada o que directamente el firmware tenga algún fallo puntual. También puede ocurrir que el hardware no esté a altura de algunas mejoras planteadas, que hacen que el sistema se resienta en cuando a rendimiento. En la mayoría de casos, un mismo sistema operativo es el paraguas de millones de dispositivos, que no responden de la misma manera a las diferentes actualizaciones lanzadas.

Muchas veces no es la actualización
Ahora bien, tampoco conviene echarle toda la culpa a la actualización de todo lo que pasa después. Muchas veces el problema estaba ya ahí y simplemente se ha hecho más visible tras el cambio. Una batería desgastada, una app mal optimizada, poco espacio libre o incluso archivos temporales acumulados pueden hacer que el móvil vaya fatal justo cuando actualizamos, aunque la verdadera causa no sea la propia actualización.
De hecho, hay veces en las que el sistema necesita unos días para estabilizarse. Después de una actualización importante, el móvil puede estar reindexando archivos, recomponiendo procesos o reajustando servicios internos. Eso puede traducirse en un comportamiento más lento o en un consumo de batería algo más alto durante un tiempo. No es lo ideal, pero tampoco significa automáticamente que haya un desastre detrás
¿Qué se puede hacer si todo va mal?
Si ya estamos con el problema encima, siempre tenemos algo de margen de maniobra para intentar arreglar el problema. No obstante, no es lo mismo si el problema ocurre en Android, que si ocurre en Windows.
En Android
Lo primero es comprobar si existe una nueva actualización que corrija el fallo, porque a veces el error no está en el sistema en sí, sino en una versión concreta que luego se tapa con un parche posterior. Si eso no funciona, y el fabricante lo permite, se puede valorar un downgrade, aunque no siempre es sencillo ni recomendable para todo el mundo.
También conviene chequear si alguna app concreta está provocando el conflicto, porque muchas veces el problema aparece por incompatibilidades entre la actualización y ciertas aplicaciones instaladas.

En Windows
Lo primero es buscar nuevas actualizaciones que hayan podido solucionar el problema. Si no hay o lo arregla, puede ser útil desinstalar la última actualización si el sistema empezó a fallar justo después de instalarla. Si el problema sigue aún así, lo mejor es contactar con el soporte técnico del fabricante o de Microsoft, sobre todo si hablamos de errores graves, reinicios, pantallazos o fallos que afectan al rendimiento general.











