Nuestro móvil es una especie de ordenador de bolsillo donde se dan cita decenas y decenas de aplicaciones. Muchas de ellas están abiertas continuamente y trabajando en segundo plano aunque no las veamos y no las usemos en todo el día. No obstante, gracias a la llamada multitarea, podemos pasar de una a otra rápidamente y tener varias abiertas al mismo tiempo.
Pero una multitarea agresiva, sobre todo en hardwares más modestos, puede sobrecargar en exceso el sistema. No obstante, cada nueva versión de Android hace una nueva y mejorada gestión inteligente de los procesos, dejando más en manos del sistema el cierre, la pausa y los recursos que se consumen en segundo plano. Y la pregunta es inevitable : En pleno 2026, ¿sigue siendo útil cerrar todas las apps en segundo plano?
¿Qué pasa al cerrar las apps?
Se trata de una cuestión de gestión de la RAM, que es la que nos permite tener todos esos procesos abiertos en segundo plano sin que el sistema se resienta en rendimiento. Como decimos, las versiones avanzadas de Android ya gestionan bastante bien este aspecto. Hoy en día, la obsesión de cerrar continuamente todo proceso abierto en segundo plano lo que consigue es obligar al móvil a cargarlo desde cero más tarde, con más trabajo para el procesador y más consumo de energía.

Cuándo sí merece la pena
Con eso no decimos que no sea necesario o no merezca la pena cerrar apps en segundo plano llegado el momento. De hecho, si no fuese así, la opción no estaría directamente disponible, como sí está en Android. Hay momentos en los que sí tiene sentido cuando se ha quedado congelada, falla o entra en un bucle raro y no responde como debería.
En estos casos, o cuando directamente notamos un bajón en el rendimiento general, forzar la detención sirve para reiniciarla de verdad y cortar el proceso problemático. También puede ser útil si es una app que no vamos a volver a usar en mucho tiempo o sabemos a ciencia cierta que está chupando recursos de forma absurda.
Cómo hacerlo bien
Si una app está dando guerra, lo más directo es ir a Ajustes, entrar en Aplicaciones, buscar la app y pulsar en Forzar detención. Eso la cierra de verdad y no se volverá a ejecutar hasta que la abramos otra vez. Bien es cierto que el sistema podría relanzarla más adelante si tiene permisos o servicios que lo permitan. Si queremos ir un paso más allá, podremos entrar en la sección de batería de esa app y limitar su actividad en segundo plano para que no se quede funcionando cuando no la usamos. En este sentido, Android nos da bastante libertad y es de agradecer.

Pero la realidad es que no merece la pena pasar el día cerrando apps desde la multitarea como si eso fuera a dejar el móvil nuevo. Como hemos comentado, el Android que hoy conocemos ya sabe cuándo necesita liberar memoria y cuándo conviene mantener una app lista para abrirse más rápido. Si cerramos todo manualmente, se acaba provocando el efecto contrario, es decir, más aperturas desde cero, más picos de CPU, más calor y, en muchos casos, peor experiencia general.











