Siempre te acercas a un móvil por la calidad de su pantalla, por la potencia de su procesador, por las fotos que hace o por lo mucho que dura su batería. Pero, ¿sabes qué? Nada de eso tiene valor si no está acompañado de unos sensores de calidad que permitan al teléfono funcionar como es debido.
Y es que, en el interior de nuestros smartphones se esconden un montón de piezas diminutas que trabajan constantemente para que todo funcione como esperamos, muchas veces sin que nos demos cuenta. Estos sensores son los encargados de entender e interpretar todo lo que sucede tanto dentro como fuera del móvil. Si te estas moviendo, si hay mucha luz, si estás haciendo deporte… Lo saben todo.
Todos los sensores del teléfono
Estos son los sensores más importantes que lleva un smartphone y para qué sirve cada uno de ellos.
- Acelerómetro: Es el sensor que detecta cuándo mueves el teléfono. Gracias a él, la pantalla gira sola cuando colocas el móvil en horizontal para ver un vídeo. También es el responsable de contar tus pasos cuando sales a caminar o haces ejercicio.
- Giroscopio: Funciona junto al acelerómetro, pero es mucho más preciso a la hora de detectar cómo giras el móvil. Es fundamental para juegos, aplicaciones de realidad aumentada y vídeos en 360 grados, ya que hace que todo se mueva de forma natural cuando cambias la posición del teléfono.
- Sensor de proximidad: Seguro que alguna vez has llamado a alguien y la pantalla se ha apagado al acercarte el móvil a la oreja. Eso ocurre gracias a este sensor. Su misión es evitar que pulses botones sin querer con la cara mientras hablas.

- Sensor de luz ambiental: Este componente mide la cantidad de luz que hay donde te encuentras. Si estás en la calle bajo un sol intenso, aumenta el brillo de la pantalla para que puedas verla mejor. Si estás a oscuras, lo reduce automáticamente para que no te moleste a la vista y, además, ahorrar batería.
- Magnetómetro o brújula digital: Es el que permite que aplicaciones como Google Maps sepan hacia dónde estás mirando. Así, cuando abres un mapa, la flecha apunta en la dirección correcta y resulta mucho más fácil orientarte.
- GPS: Es uno de los sensores más conocidos. Se comunica con satélites para saber dónde estás prácticamente en todo momento. Gracias a él puedes usar el navegador del coche, pedir un taxi, compartir tu ubicación o guardar el lugar donde hiciste una fotografía.
- Barómetro: Aunque no todos saben que existe, este sensor mide la presión del aire. Con esa información puede calcular mejor la altura a la que te encuentras. Es muy útil para aplicaciones deportivas, especialmente si subes escaleras, haces senderismo o practicas montaña.
- Lector de huellas: Su función es muy sencilla, pero también una de las más importantes. Reconoce tu huella dactilar para que solo tú puedas desbloquear el teléfono o confirmar compras y pagos de forma rápida y segura.
- Sensor ToF o LiDAR: Este sensor envía una luz que no podemos ver y calcula la distancia hasta los objetos que tiene delante. Gracias a él, la cámara enfoca más rápido y consigue ese efecto de fondo desenfocado tan popular en las fotos de retrato.
- Sensor de espectro de color: Analiza la luz que hay alrededor antes de hacer una fotografía. Así consigue que los colores sean mucho más naturales y que las imágenes no salgan demasiado amarillas, azuladas o con tonos poco reales.











