¿Por que los smartphones no aguanta tanto encendidos como los de hace 10 años? ¿Por qué ya nadie recuerda MS-DOS? ¿Por qué el teclado no está en orden alfabético? Estas son algunas de las preguntas que nos hacemos cuando nos invade el aburrimiento y habrá tiempo de contestarlas a todas. Hoy, nos vamos a centrar en la última.
Que el teclado se organice de la manea en que lo conocemos no responde a una decisión arbitraria o un error histórico que nadie quiso corregir. De hecho, la respuesta no tiene nada que ver ni con los ordenadores, n los teléfonos ni los dispositivos modernos, sino a las máquinas de escribir y a un problema muy concreto: la mecánica de sus teclas.
La culpa es de la máquina de escribir
No se si has llegado hasta aquí con la edad suficiente como para saber qué es una máquina de escribir. Hablamos de aquellos ‘trastos’ enormes que servían para redactar textos sin tener que usar la mano alzada. Metías un folio en el carrete, aporreabas las teclas y, listo, ahí tenías tu documento impreso, con la salvedad de que no se podían cometer errores.
Pero, ¿sabías que los primeros prototipos de máquinas de escribir del siglo XIX, las teclas sí estaban organizadas de forma alfabética?. La idea parecía lógica, si lo organizamos tal y como lo hemos estudiado, el aprendizaje de uso de las máquinas de escribir sería más sencillo y usar estaos armatostes sería mucho más intuitivo el uso del dispositivo. Sin embargo, esa disposición pronto se convirtió en un problema.

A medida que los usuarios escribían más rápido, las barras metálicas que golpeaban el papel al pulsar las teclas comenzaban a chocar entre sí, especialmente cuando se pulsaban letras que solían aparecer juntas en el idioma . El resultado eran atascos constantes, errores en el texto y la necesidad de detenerse para separar manualmente las piezas, algo especialmente frustrante en una época sin tecla de borrar ni corrector y donde la mecanografía comenzaba a cobrar especial importancia, sobre todo a nivel de velocidad.
Es por eso que Christopher Latham Sholes, considerado el padre de la primera máquina de escribir moderna, junto a sus socios, entre ellos James Densmore, Sholes se enfrentó a un dilema técnico que condicionaría la forma en la que hoy escribimos en ordenadores, móviles y tablets.
La llegada del QWERTY
La solución no fue mejorar el mecanismo de las barras, sino cambiar el orden de las teclas. Reorganizar las letras para separar aquellas que se usaban con mayor frecuencia de forma consecutiva reducía de manera drástica los atascos y permitía una escritura más fluida, aunque aparentemente menos lógica.
Así nació la distribución QWERTY, llamada así por las seis primeras letras de la fila superior del teclado (aunque en sus principios, la Z ocupaba el lugar de la actual W, por lo qu lo correcto sería denominar a aquellos primeros teclados modernos como QZRTY).

En este caso, como ya sabrás, su diseño no responde al orden alfabético, sino a la frecuencia y combinación de letras en el idioma inglés. Letras que suelen aparecer juntas se colocaron lejos unas de otras, obligando a usar manos distintas o dedos diferentes. De este modo, se evitaba que los martillos metálicos se moviesen al mismo tiempo hacia zonas cercanas del mecanismo interno.
Lo realmente curioso es que hoy seguimos usando una distribución de teclas pensada para evitar que unas barras metálicas choquen entre sí, incluso en dispositivos táctiles donde ese problema ya no existe. Pero ponte tu a cambiar ahora, en 2026, algo que lleva aprendiéndose tantas décadas.










